Durante años, gran parte de la imagen proyectada sobre África ha estado marcada por relatos centrados únicamente en el conflicto, la pobreza o las crisis humanitarias. Sin embargo, el continente africano es también un territorio profundamente diverso, atravesado por cientos de culturas, lenguas y realidades distintas, además de una juventud que hoy representa una de sus mayores fortalezas y oportunidades de futuro.
Recientemente conversamos con José Minaku, presidente de la Jesuit Conference of Africa and Madagascar (JCAM), sobre los desafíos educativos del continente, la necesidad de transformar las narrativas sobre África y el papel que puede tener la juventud africana en la construcción de sociedades más justas y conectadas con las realidades del propio continente.
“África es un lugar lleno de vida”
A menudo, la imagen que se proyecta sobre África queda reducida a conflictos, pobreza o crisis humanitarias. Para José Minaku, esta mirada no solo es incompleta, sino que invisibiliza otras realidades que también forman parte del continente.
“La imagen que se muestra de África suele ser principalmente negativa. Se habla del sufrimiento, de las dificultades, y eso existe, claro. Pero África es también un lugar lleno de vida”, afirma.
Para José Minaku, es necesario transformar las narrativas que históricamente han condicionado la manera en que se habla sobre el continente africano. “Hay una narrativa que debe cambiar”, señala, reivindicando una mirada basada en el respeto, la dignidad y el reconocimiento de las capacidades y potencialidades de las comunidades africanas.
Minaku describe África como un continente joven, creativo y en movimiento. “La gente sonríe, baila, crea, busca formas de salir adelante. Hay mucha capacidad para imaginar soluciones y seguir construyendo futuro”, explica.
La juventud africana como motor de futuro
Para José Minaku, la juventud representa uno de los mayores potenciales del continente. Un crecimiento que también se refleja en el aumento de jóvenes que se incorporan a la Compañía de Jesús y en el interés creciente por acceder a la educación superior.
“África es joven y esa juventud es una enorme fuerza de creatividad”, afirma.
En este contexto, considera fundamental acompañar procesos educativos capaces de responder a los desafíos actuales y preparar a las nuevas generaciones para participar activamente en la transformación de sus sociedades.
También destaca el papel que están teniendo muchos jóvenes africanos en espacios internacionales y de intercambio global. “Cuando tienen la oportunidad de conectar con otros contextos, vemos que están preparados, que tienen mucho que aportar y que pueden desenvolverse muy bien”, explica.
Una educación conectada con la realidad africana
José Minaku señala que uno de los principales retos educativos en África sigue siendo el acceso desigual a una educación de calidad. La baja inversión pública, los desplazamientos forzados provocados por conflictos o crisis climáticas y las dificultades económicas continúan dejando fuera de la escuela a miles de niños, niñas y jóvenes.
Pero más allá del acceso, insiste también en la necesidad de repensar los modelos educativos.
“Existe una brecha entre el conocimiento y la realidad”, explica. “A veces formamos a jóvenes con grandes títulos, pero sin herramientas para responder a los problemas que enfrentan sus propias comunidades”.
En algunos contextos, añade, muchas escuelas siguen orientando sus modelos educativos hacia sistemas externos o internacionales. Aunque esto puede abrir oportunidades académicas, también genera el riesgo de que gran parte del talento joven termine desarrollando su futuro fuera del continente.
“África necesita una educación capaz de responder a sus propios desafíos”, sostiene.
Frente a ello, explica que distintas instituciones educativas jesuitas están impulsando pedagogías más conectadas con la realidad local y con las necesidades concretas de las comunidades.
Una de las experiencias que destaca es la incorporación de metodologías donde el alumnado inicia sus estudios identificando un problema de su entorno y desarrolla herramientas para buscar soluciones reales durante su formación.
“La cooperación debe construirse desde el respeto”
José Minaku también reflexiona sobre las desigualdades globales y las relaciones internacionales que continúan afectando al continente africano.
Aunque reconoce la importancia de la cooperación y de los vínculos globales, insiste en que estas relaciones deben construirse desde el respeto mutuo y no desde dinámicas extractivas o de dominación.
“No podemos seguir viendo una cooperación basada únicamente en el beneficio económico”, señala.
Para él, el futuro pasa por construir relaciones más justas, donde África pueda participar desde sus propias capacidades, prioridades y necesidades.
A pesar de los desafíos, Minaku mantiene una mirada profundamente esperanzadora. La juventud, los espacios de encuentro y las nuevas generaciones comprometidas con la justicia social representan, para él, señales claras de que otro futuro es posible.
“Tenemos que dar oportunidades a los jóvenes. Ahí hay esperanza”, concluye.



