Amaya Valcárcel: “Esta no es una crisis de refugiados, sino una crisis de voluntad política”

Amaya Valcárcel es abogada y Coordinadora Internacional de Incidencia Pública del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS, por sus siglas en inglés). Dada la situación actual de guerras y conflictos que están generando importantes cantidades de refugiados, aprovechamos su paso por España para preguntar a Amaya sobre la visión que tiene el JRS ante esta realidad y las medidas políticas que, a su juicio, debería poner en marcha la Unión Europea para hacer frente a esta crisis.

  • ¿Qué ha ocurrido en el mundo para llegar a esta situación de refugio masivo?

La verdad es que desde el Servicio Jesuita a Refugiados ya hace tiempo que veíamos venir esta crisis. Yo creo que lo primero que debemos hacer es ponerla en perspectiva global, es decir, es verdad que son números altos pero si miramos el número de refugiados y desplazados que hay en el mundo proporcionalmente no son muy altos. Hoy en día hay 60 millones de refugiados en todo el mundo y esta crisis no es una crisis de refugiados, sino una crisis de conflictos, de destrucción, de bombardeos y, sobre todo, una crisis de voluntad política.

Lo que estamos viendo es que estas personas que salen de los conflictos armados en Siria, Afganistán, Irak, Eritrea…, necesitan protección, son refugiados según la Convención de Ginebra, y tienen que tener por derecho internacional acceso a un sistema de asilo que les permita vivir de forma segura en un país. Sin embargo, esto no se está cumpliendo y la respuesta de Europa está siendo de una especie de “amnesia de derecho internacional” porque, si tú has firmado la Convención de Ginebra de 1951, lo que no puedes hacer es poner un muro porque eso quiere decir que estás violando el principio fundamental de no rechazo. No se puede rechazar a una persona que necesita protección internacional. Y además, se está violando el principio de no penalizar la “entrada ilegal”; en el artículo 31 de la Convención de Ginebra dice que no se puede penalizar a una persona que haya entrado ilegalmente a un país si está necesitada de protección internacional. 


 

A la izquierda, una familia siria camina en dirección a la estación de tren de Tovarnik, Croacia. A la derecha, un padre juega con su hija mientras
espera subir al tren desde Croacia. | FOTOS: Segi Cámara

 

  • Y ante esta realidad, ¿cuál es la respuesta del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS)?

El JRS está presente en Europa desde hace muchísimos años y hay que decir que en Europa hay una población refugiada invisible, que no está reconocida como refugiada por la interpretación tan restrictiva que se hace del concepto de refugio, y además tenemos estos nuevos refugiados que están llegando a Europa. 

Nosotros hemos dado una respuesta en los países de primera llegada, en Grecia, en Serbia, en Macedonia… hemos desarrollado un sistema de acogida y de respuesta de emergencia, y luego trabajamos también en los países de acogida (Alemania, Suecia, etc.), donde llevamos a cabo un acompañamiento para los procesos de solicitud de asilo y otras cuestiones legales, así como medidas que favorezcan la integración social para que estas personas tengan acceso a una educación, a formación profesional, al mercado de trabajo… y ponerlas en contacto con otras organizaciones que hay en el terreno. 
 

  • ¿Cuáles son los mensajes principales que quiere trasladar el JRS a la población y a los líderes políticos?

El mensaje principal que hay que dar a los gobiernos es que estas personas necesitan llegar a Europa de una manera legal y segura. Que no es posible que personas que están huyendo de sus hogares por miedo a morir o porque han sufrido persecución o violencia, tengan que meterse en un barco, arriesgarse a morir en el Mediterráneo y sean recibidos como criminales en Europa. 

Hay que poner en marcha urgentemente una serie de mecanismos básicos:

  1. Un sistema de visados humanitarios: es decir, que una persona que huye de Siria pueda tener acceso en el consulado de Beirut al consulado español o al de Suecia y pueda pedir un visado para viajar con garantías en un barco o en un avión con total seguridad. 
  2. Cuotas de reasentamiento con números más altos y no ridículos: esto es, que Europa consiga que los países amplíen la cifra de personas refugiadas que están dispuestas a recibir.
  3. Que la reunificación familiar se entienda de una manera más amplia: es decir, que las personas que salen de países en conflicto puedan reunirse con sus familiares pero no solamente padres, madres o hijos, sino también con primos, tíos, abuelos… Ya que, la reunificación familiar garantiza en mayor medida la seguridad y la integración de las personas refugiadas. 
  4. Y, finalmente, que haya una flexibilización en la obtención de visados: es decir, que las personas que solicitan visados no tengan que esperar meses o incluso años para obtenerlos sino que el sistema sea más flexible y más ágil. Y esto es posible porque hay una directiva europea del 2001 que indicaba que tenía que ponerse en marcha un sistema especial de gestión de visados en caso de flujos masivos para que las personas puedan tener acceso de forma lo más inmediata posible a viajar de forma segura a otro país. 

El mensaje es que se trata de refugiados y, por lo tanto, tienen absoluta legitimidad para entrar en nuestros países y que se trata de personas que no tienen otra alternativa que buscar asilo y que debemos permitírselo de una manera segura y digna.
 

Por una cultura de solidaridad e inclusión

Ante el creciente volumen de refugiados y migrantes llamando a las puertas de Europa, las obras del Sector Social de la Compañía de Jesús queremos generar una marea de solidaridad e inclusión para estas personas forzadas a huir de su tierra.

Nuestra respuesta, construida conjuntamente en torno a la campaña www.hospitalidad.es, se articula en cuatro ejes: acogida, cooperación internacional, sensibilización social e incidencia pública. 

Estamos dando forma a esta propuesta para que, con tu apoyo, promueva una corriente de HOSPITALIDAD.

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