Mueren asesinados 8 alumnos de Fe y Alegría en Venezuela

"No hubo poder público que asistiera a los chicos, de manera que cada papá tuvo que recoger a su muchacho y llevárselo al hospital del Vigía, donde tampoco recibieron asistencia médica de inmediato, por lo tanto, a punta de protestas y piedras al hospital, los atendieron y trasladaron a Mérida. Hasta hoy día no han sido entregados a sus familias porque el forense del H.U.L.A dice que no da abasto con todos los muertos del día anterior. Ésta es la explicación que le dan a la Directora del colegio, quien se encuentra acompañando desde la madrugada a los familiares de los muchachos... Es horrible. Uno se pregunta ¿a quién le importa la vida o la muerte?", cuenta Ivonne, profesora de la Escuela.

A las puertas del Día Escolar Mundial por la Paz y la No Violencia (30 de enero), tuvimos noticia de la muerte de ocho alumnos de los centros educativos que apoyamos en Venezuela. En Entreculturas consideramos imprescindible promover una Educación por la Paz y la No Violencia tanto en el Norte como en el Sur para que todo ser humano pueda vivir en condiciones que le permitan realizarse como personas.

A las 21:00 del día 24 de enero, un grupo de jóvenes de entre 14 y 20 años se encontraba en un puesto de perritos calientes cuando, inexplicablemente, pasó una furgoneta y desplegó una ráfaga de disparos que acabó con la vida de ocho de los chicos (un estudiante y cinco ex alumnos de la Escuela Técnica Santiago de Onia, del Movimiento de Educación Popular Fe y Alegría apoyado por la ONGD Entreculturas).

"La violencia sigue siendo el día a día en Venezuela. Las muertes absurdas se van haciendo cotidianas y parece que para ninguna autoridad es prioritario conseguir la paz y la concordia", afirmaba esta mañana el Director General de Fe y Alegría, Manuel Aristorena, ante la tragedia que conmovió la noche del 24 de enero al barrio de "El Vigía", en la ciudad de Venezuela. 

Alumnos y alumnas de diferentes colegios de Fe y Alegría en Venezuela

 

La necesaria educación para la paz

En este contexto se hace más que necesaria una Educación para la Paz. Así lo cuenta Luisa Pernalete, que fue directora de Fe y Alegría Guayana (Venezuela) durante cerca de una década y hoy sigue trabajando para acabar con la violencia en este país. Su reflexión es extrapolable a cualquier realidad en la que crece la violencia.

"El miedo puede ser una de las barreras más difíciles de superar para un niño o niña que quiere ir a la escuela en Venezuela. Según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), las muertes violentas se han convertido en la tercera causa de muerte en este país: cada dos horas y media hay una muerte violenta en Caracas. Este altísimo índice hace más difícil la escolarización de niños, pero a la vez, más necesaria. La educación para la paz es la herramienta básica para acabar con este entorno violento y hostil, para que niños y niñas puedan creer en otro mundo y luchen para cambiarlo. Las aulas han de ser ese reflejo de paz y ciudadanía que queremos proyectar en el exterior.

La paz no es sólo ausencia de violencia. La paz ha de construirse. Por ello, ante todas las dificultades que genera la violencia, la educación para la paz ha de ser una tarea muy activa, un compromiso por la sociedad y por las personas, por dar un futuro mejor a niños y niñas -o más bien por darles un futuro-. Educar para la paz supone educar para la resolución pacífica de los conflictos, lo que requiere de una educación de calidad, pues la base para resolver problemas es la capacidad para dialogar y encontrar soluciones.

En Venezuela, Fe y Alegría y Entreculturas trabajan para ampliar y mejorar el servicio educativo en las comunidades más pobres, para hacer que todas las personas tengan un futuro y puedan tener una función en la sociedad. Trabajamos desde la perseverancia, la paciencia y la pluralidad. Pero dada la complejidad de todos los problemas que existen, no podemos construir esta paz activa en solitario. Solos no podemos acabar con toda la violencia que existe, pues necesitamos eliminarla desde todos los lugares desde donde emerge.

Cada vez que ayudamos a sacar a un niño de la calle, de su propia prisión, para que pueda hacer algo más, es un paso enorme hacia la recuperación y hacia la paz. Necesitamos que cada niño no sienta miedo, ni en su casa, ni en la calle, ni en la escuela. Necesitamos que aprendan a creer en la paz y a trabajar para conseguirla. Si deseamos la paz y creemos que somos capaces de sembrarla, no podemos quedarnos parados".