
Las guerras, la violencia, la pobreza y las catástrofes naturales son algunos de los hechos que marcan a la infancia a través de los tiempos, trayendo consigo consecuencias muy graves, desde lo físico hasta lo emocional, minando también su posibilidad de acceder a la educación y construir su futuro.

Aunque marzo de 2020 comienza a parecer una fecha lejana, lo cierto es que aún hay seis países donde las escuelas permanecen totalmente cerradas y se contabilizan más de 43 millones de estudiantes afectados (un 2,8% de la población estudiantil mundial). En otros países, como es el caso de Sudáfrica, el alumnado está volviendo recientemente a las aulas dos años después del inicio de la pandemia.

En Sudáfrica, junto con el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), trabajamos con la población refugiada urbana y solicitantes de asilo que viven en la provincia de Gauteng para que logren integrarse social y económicamente en la comunidad de acogida. nuestro compañero Miguel Santiuste ha viajado recientemente el país. Aquí os dejamos su escrito.

En Johannesburgo se encuentra el Centro Arrupe de Formación Profesional para mujeres de JRS, un lugar que ofrece capacitación vocacional a personas refugiadas, solicitantes de asilo y mujeres locales. Las alumnas y alumnos pueden asistir a clases de peluquería, belleza, informática e inglés, algunas de las actividades económicas que el mercado local absorbe con facilidad. Una formación que ofrece también el Centro Loyola en Pretoria.