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Niña con un libro abierto en la región del lago del Chad

Derechos de las niñas: cuáles son y cómo garantizarlos

Crecer en libertad, ir a la escuela y vivir sin miedo debería ser la norma. Sin embargo, millones de niñas ven limitadas esas posibilidades por la discriminación de género, la violencia y prácticas que ponen en riesgo su salud, interrumpen su educación o les impiden decidir sobre su futuro.

Las niñas son titulares de todos los derechos de la infancia: educación, salud, protección, juego y participación. Aunque están reconocidos internacionalmente, su ejercicio exige que las instituciones prevengan las violencias, garanticen protección efectiva y escuchen a las niñas en las decisiones que les afectan.

Defender sus derechos es una cuestión de justicia que también contribuye a romper ciclos de pobreza y a construir comunidades donde puedan crecer y participar en igualdad.

¿Qué son los derechos de las niñas?

Son los derechos humanos que corresponden a las niñas por ser personas y por encontrarse en una etapa de la vida que requiere garantías y protección específicas. La Convención sobre los Derechos del Niño —que protege por igual a niños y niñas— reconoce estos derechos a todas las personas menores de 18 años, sin distinción por sexo, origen, discapacidad o situación económica.

No existe una categoría de derechos de las niñas inferior o separada de los derechos de los niños. La diferencia está en las desigualdades que pueden limitar su ejercicio. Una niña puede tener reconocido el derecho a estudiar y, al mismo tiempo, verse obligada a dejar la escuela para asumir tareas de cuidado o por temor a sufrir violencia en el trayecto.

¿Cuáles son los derechos de las niñas?

La Convención reúne derechos que se relacionan entre sí: garantizar uno facilita ejercer otros. Estos son algunos de los ámbitos más importantes, aunque no constituyen una lista cerrada.

Igualdad, identidad y no discriminación

Toda niña tiene derecho a un nombre, una nacionalidad y una identidad, así como a recibir el mismo respeto y protección que cualquier otro niño o niña. Su origen, su lengua, su discapacidad o los recursos de su familia no pueden utilizarse para excluirla de la escuela, de los servicios o de la vida de su comunidad.

Vida, salud y condiciones de vida dignas

La atención sanitaria, la alimentación, el agua y un entorno seguro son condiciones necesarias para crecer con bienestar. En la adolescencia, esto incluye información sobre el cuerpo y la salud, atención adecuada a la edad y acceso a condiciones de higiene menstrual dignas, sin vergüenza ni discriminación.

Educación en igualdad de oportunidades

El derecho a la educación implica poder acceder a la escuela, continuar estudiando y aprender en un entorno seguro. También supone que los estereotipos no reduzcan las materias que una niña puede elegir ni las posibilidades que se le ofrecen. La educación es un derecho en sí mismo y puede ayudarla a conocer y ejercer otros derechos.

Niña escribiendo en su cuaderno en Guatemala
© Julio Pérez

Protección frente a la violencia y la explotación

Las niñas tienen derecho a vivir libres de abuso, violencia sexual, trata, explotación y prácticas perjudiciales como el matrimonio infantil o la mutilación genital femenina. Protegerlas requiere prevenir estas violencias, contar con mecanismos accesibles para pedir ayuda y responder sin culpabilizar a quienes las han sufrido.

Participación, información y libertad de expresión

Tienen derecho a expresar lo que piensan y a ser escuchadas en las decisiones que afectan a su vida, de acuerdo con su edad y desarrollo. Su participación debe influir realmente en las respuestas de las familias, las escuelas y las instituciones; no basta con invitarlas a hablar si después se ignora lo que plantean.

Juego, descanso, cultura y vida familiar

Jugar, descansar y participar en actividades culturales también son derechos. El tiempo de ocio no es un premio que una niña deba ganarse: puede verse reducido cuando se le asignan tareas domésticas o de cuidado desproporcionadas para su edad. Necesita, además, vínculos y cuidados que favorezcan su desarrollo.

¿Por qué es necesario hablar específicamente de los derechos de las niñas?

Porque las desigualdades no afectan a toda la infancia de la misma manera. El género se cruza con la pobreza, el desplazamiento, la discapacidad o la discriminación por origen. Una niña que vive en una zona rural puede afrontar obstáculos distintos a los de una adolescente desplazada por un conflicto; ninguna de las dos puede quedar reducida a esa circunstancia.

Reconocer estas diferencias ayuda a diseñar respuestas útiles: escuelas accesibles y seguras, servicios de salud adecuados y espacios donde puedan participar. La igualdad exige mirar si una niña puede ejercer de verdad sus derechos en su entorno cotidiano.

¿Qué formas de violencia vulneran los derechos de las niñas?

La violencia contra las niñas adopta distintas formas y suele apoyarse en desigualdades previas. Puede afectar a su integridad, impedirles estudiar o limitar su participación. Reconocer sus manifestaciones ayuda a prevenirlas y a exigir respuestas de protección.

Matrimonio infantil y forzado

Cada año, alrededor de 12 millones de niñas se casan antes de cumplir 18 años en el mundo. El matrimonio infantil vulnera sus derechos a la libertad, la salud, la protección y la educación, y puede exponerlas a nuevas violencias. Prevenirlo exige aplicar normas de protección y trabajar con familias y comunidades sobre las presiones que lo sostienen.

Mutilación genital femenina

Más de 230 millones de niñas y mujeres vivas han sufrido mutilación genital femenina. Esta práctica nociva constituye una forma de violencia contra las niñas y las mujeres, lesiona su integridad y puede dejar secuelas físicas y psicológicas duraderas. La prevención requiere protección, atención sanitaria, educación y diálogo comunitario centrados en sus derechos.

Violencia sexual y explotación

En 2024, UNICEF estimó que más de 370 millones de niñas y mujeres vivas habían sufrido una violación o una agresión sexual antes de cumplir los 18 años. Las supervivientes necesitan atención especializada, confidencial y sostenida, además de acceso a la justicia sin culpabilización.

Acoso y sobrecarga de cuidados

El acoso en la escuela o en el entorno digital puede limitar la participación de una niña y poner en riesgo su continuidad educativa. La asignación desproporcionada de tareas domésticas y de cuidado reduce, además, el tiempo para aprender, jugar y descansar. Identificar estas barreras permite actuar antes de que se normalicen.

Apartheid de género y exclusión sistemática

La violencia también puede sostenerse en normas e instituciones que excluyen a las niñas de derechos básicos. El debate sobre el apartheid de género describe sistemas de discriminación grave y persistente; Afganistán muestra cómo la prohibición de la educación secundaria para las niñas se suma a restricciones de movilidad y participación pública para mujeres y niñas. Nombrar esa exclusión permite reclamar protección y responsabilidades sin reducirla a casos individuales.

¿Cómo se pueden garantizar los derechos de las niñas?

Garantizar los derechos de las niñas requiere que las instituciones eliminen los obstáculos que les impiden ejercerlos y que las decisiones se tomen contando con sus experiencias. La protección debe llegar a su vida cotidiana: al hogar, la escuela, los servicios de salud y los espacios de participación.

Leyes y servicios que protejan frente a la violencia

Los Estados deben aplicar las normas que previenen, prohíben y sancionan las distintas formas de violencia contra las niñas, incluidas las prácticas nocivas, y asegurar vías de denuncia y atención adaptadas a la edad, accesibles y confidenciales. Esto implica formar a quienes trabajan con la infancia, coordinar los servicios de salud, educación y protección, y acompañar a las niñas que han sufrido violencia sin culpabilizarlas. Las respuestas deben alcanzar también a quienes viven en situaciones de pobreza, desplazamiento o discriminación.

Escuelas seguras y educación en igualdad

Ir a la escuela no basta si una niña no puede permanecer en ella o aprender sin miedo. Garantizar su derecho a la educación exige eliminar barreras económicas y de acceso, prevenir el acoso y la violencia sexual, disponer de espacios e instalaciones seguros y apoyar la continuidad de los estudios cuando el entorno familiar o social la pone en riesgo. La escuela puede, además, cuestionar estereotipos, ofrecer información sobre derechos y abrir espacios seguros para que las niñas participen en las decisiones que les afectan.

Escuchar a las niñas y actuar con sus comunidades

Las niñas deben poder expresar qué necesitan y participar de forma segura en las soluciones, de acuerdo con su edad y circunstancias. Sus experiencias ayudan a reconocer riesgos que las personas adultas pueden pasar por alto y a diseñar respuestas útiles. Familias, escuelas y comunidades tienen la responsabilidad de escucharlas, abrir espacios de participación y actuar ante las señales de violencia sin trasladarles a ellas la obligación de protegerse.

Romper estereotipos e impulsar la incidencia

Las ideas que asignan a las niñas menos libertad, menos capacidad de decisión o la responsabilidad exclusiva de los cuidados pueden cerrarles oportunidades y normalizar la violencia. Cambiarlas exige trabajar de forma sostenida con familias, docentes, referentes comunitarios y medios de comunicación, escuchando también a las propias niñas. La incidencia debe convertir esa demanda social en políticas, recursos y mecanismos de seguimiento para que las instituciones garanticen sus derechos en la práctica.

La LUZ de las NIÑAS: protección y participación desde Entreculturas

La LUZ de las NIÑAS es una iniciativa de Entreculturas que trabaja con Fe y Alegría y el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) para defender los derechos de las niñas frente a la violencia y la discriminación. Parte de una convicción: las niñas deben poder vivir seguras, aprender y decidir sobre su futuro, y participar en las soluciones que afectan a su vida.

La iniciativa combina prevención, protección y acompañamiento. Promueve espacios seguros donde las niñas puedan expresarse y reconocer sus derechos; apoya su continuidad educativa; y facilita la atención y la orientación a quienes han sufrido violencia. Las respuestas se adaptan a cada contexto y se construyen con las propias niñas, en lugar de cargar sobre ellas la responsabilidad de protegerse.

Niña jugando al aire libre con un grupo de niñas al fondo
© Irene Galera

El trabajo incluye también el diálogo con familias y comunidades para cuestionar normas que justifican el matrimonio infantil, la violencia sexual u otras prácticas perjudiciales. La sensibilización y la incidencia buscan que escuelas e instituciones asuman su responsabilidad, mejoren las vías de protección y escuchen las propuestas de las niñas.

Conoce nuestro trabajo con La LUZ de las NIÑAS.

Preguntas frecuentes sobre los derechos de las niñas

¿Las niñas tienen los mismos derechos que los niños?

Sí. La Convención reconoce los mismos derechos a todas las niñas y niños. Hablar de ellas de forma específica ayuda a identificar la discriminación y las violencias que dificultan que los ejerzan en igualdad.

¿Qué documento internacional reconoce los derechos de las niñas?

La Convención sobre los Derechos del Niño es el tratado internacional de referencia. Reconoce derechos como la educación, la salud, la protección, el juego y la participación a las personas menores de 18 años.

¿Quién debe garantizar los derechos de las niñas?

Los Estados son los principales responsables de respetarlos, protegerlos y hacerlos efectivos. Familias, escuelas y comunidades también tienen responsabilidades en los entornos donde crecen las niñas.

¿Los derechos de las niñas dependen de que cumplan obligaciones?

No. Los derechos les corresponden por su dignidad como personas y no se pierden por su comportamiento, sus resultados escolares o la situación de su familia.

¿Por qué es importante escuchar a las niñas?

Porque conocen aspectos de su vida que las personas adultas pueden pasar por alto. Su opinión debe tenerse en cuenta en las decisiones que les afectan, de acuerdo con su edad y desarrollo, y en condiciones seguras para expresarse.

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