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«El mundo y sus maravillas»: Finalista Un Mundo de Cuento

Por Sheila Goncalvez da Silva.

«- Algo está pasando y no es bueno. Cuesta moverse en el agua -dice Marino. -¿Por eso nos llamaste? -pregunta Verde -Pues sí. Necesito ayuda, no confío que las cosas estén bien.
 
-He sentido temblores en la tierra; además nos cuesta dormir por el ruido – dice Topo-. -¿Qué les parece si llamamos a nuestros amigos Andrea y su perrito Max para que nos ayuden? Propongo reunirnos al mediodía. El punto de encuentro será en la madriguera. -Esfera avisa a Andrea –dice Marino.
 
Al día siguiente la reunión se realiza en la madriguera. Andrea y Max se alegran de ver a sus amigos. Recuerda que los conoció explorando. –El mundo y sus maravillas, -dice Andrea. -Ustedes son importantes en el ciclo de la vida.
 
-Algo está pasando que debemos investigar –dice Marino. He detectado en el agua un espesor extraño. -Hay aves con problemas para respirar –dice Esfera. – Ayer, en el análisis del suelo, detectamos que los movimientos de la tierra que vienen del norte de la Ciudad, en una zona abandonada –dijo Topo.
 
– Yo vi que los árboles estaban desnudos y en esta época del año no se caen las hojas. – dice Verde. – A mí me encanta jugar con las hojas, me hundo en ellas y huelen mal -dice Max
 
¡Es increíble! ¡Hay que resolverlo pronto! Busquen muestras de lo que han contado y tráiganlas. Al amanecer iremos Max y yo al norte e investigaremos lo que está pasando – dice Andrea.
 
Al día siguiente fue complicado llegar, los caminos estaban abandonados. Max, percibía cambios en el olor del ambiente. Andrea sintió miedo porque estaba desolado. Estando ahí, percibieron una brisa que casi los deja sin respiración. Se les taparon los ojos, parecía una ola de gas. Andrea logró refugiarse con Max en una cabaña abandonada.
 
-No podemos seguir, -dice Andrea, tenemos que devolvernos. Mientras volvían, Max se dio cuenta que Andrea estaba mareada, algo extraño tenía esa brisa. Max le dio una bebida energizante para poder caminar. Cuando llegaron a la madriguera estaba el equipo reunido.
 
Si una brisa logra hacer daño, entonces hay que investigar – dijo Marino. Empezaron a ver los resultados del agua, de la tierra, de las hojas, del ave contaminada. Los resultados arrojaron lo mismo: un químico potente capaz de poner el agua como aceite, la tierra como arcilla, las aves no pueden respirar y las hojas se caen. Seguía siendo un misterio saber quién habría ocasionado todo.
 
En el momento quedaron consternados ante la idea de ver la tierra destruida. Sintieron tristeza al descubrir el impacto de esta brisa. -¿Qué puede debilitar una brisa contaminada? Vamos al norte, observemos cómo se comporta, de dónde viene, -dijo Andrea.  –Hay que prepararse bien, llevar lo necesario para protegernos y analizar lo que podamos conseguir, dice Marino.
 
En el camino se sitió la brisa y se refugiaron en una cabaña. Aprovecharon de observar lo que pasaba y preguntarse: ¿Cómo es el sonido?, ¿el olor?, ¿la densidad del aire? -¡Qué químico tan fuerte! Si los vientos se originan por la presión de diferentes temperaturas, pudiéramos generar otra presión que pueda debilitar el químico, dijo Marino. ¡Buena idea!, -dijo Andrea.
 
Hicieron pruebas, parecía que nada salía bien. Había un ambiente de desesperación. Veían por las ventanas como la brisa iba creciendo, oscureciendo su color.
 
-Tomemos el oxígeno que produce Verde, más el abono que produce Topo, más la sustancia que produce Marino, junto a la energía de Esfera y la fuerza de la lluvia –dijo Andrea. Cada uno sacó lo mejor de sí, desde el amor a la naturaleza, su deseo de que la tierra volviera a estar como antes. Crearon un antídoto perfecto. Verde propuso: – debemos organizarnos para llegar al núcleo.
 
-Podemos, dijo Topo, utilizar nuestras capacidades para disminuir el impacto de la brisa y Andrea y Max lleguen al núcleo. Primero pudiera pasar Esfera, volando alto, desplegando una tormenta, -dijo Marino. Yo pudiera meterme en el lago, generar desde las profundidades fuerza para que el agua pueda salir y Esfera genere lluvia. –Yo puedo llevar a Andrea y Max hasta el núcleo, dijo Verde. Topo y yo podemos ir por debajo de las hojas y avanzando lo más rápido que se pueda. ¡Comencemos ya!-dijo Andrea.
 
Todo fue saliendo como lo planeado. Andrea y Max pudieron llegar al núcleo de la brisa. Se llama Brizna, resultó ser una especie de espíritu. Cuando Brizna vio a Andrea y Max llegar soltó una risa espantosa: – ¿Ustedes creen que podrán acabar conmigo? Yo nunca voy a extinguirme; me alimento de la contaminación que generan las personas. –Te venceremos con lo mejor que tiene la naturaleza. Dijo Andrea.
 
Comenzó la batalla. Max y Andrea dieron toda su fuerza, Brizna luchaba por mantenerse. Cuando Brizna parecía que iba a ganar, llegaron todos: Esfera lanzó lluvia, Verde generó oxígeno, Topo y Marino ayudaban a Andrea y Max.
 
Brizna comenzó a desintegrarse diciendo: -¡volveré, siempre que existe la contaminación!
 
Afortunadamente, con la unión lograron acabar con Brizna.
 
La luz de sol apareció. Caminaron hacia la madriguera, agotados y contentos. Ahí conversaron sobre lo ocurrido. – Tenemos que seguir trabajando para cuidarnos y evitar que vuelva Brizna, dijo Andrea.
 
¡Comencemos juntos!
 
-Tú, querido niñ@, ¿te animas a ayudarnos? ¡Si cada uno convence a una persona en evitar contaminar y querer a la naturaleza, seguro lo logramos! Dijo Andrea.»

*Ilustración de Teresa Martín.

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