El incremento de las tensiones contra las personas migrantes en varias zonas de Sudáfrica está generando miedo e incertidumbre entre miles de personas refugiadas, solicitantes de asilo y migrantes.
Muchas han dejado de acudir al trabajo, a clases de idiomas o a programas de formación por temor a salir de sus hogares. Otras han sido presionadas para abandonar sus viviendas o negocios, mientras crece la preocupación por las dificultades para acceder a documentación, protección y servicios esenciales. Miles de personas han buscado ayuda y protección en las sedes diplomáticas de sus países de origen formando largas colas durante días y noches fuera de las embajadas y consulados.
Desde Entreculturas apoyamos el trabajo del Servicio Jesuita a Refugiados —JRS, por sus siglas en inglés—, que continúa acompañando a las comunidades afectadas, respondiendo a sus necesidades más urgentes y defendiendo la dignidad y los derechos de todas las personas, independientemente de su situación administrativa.
El miedo afecta a la vida cotidiana
Según las estimaciones recogidas por JRS Sudáfrica, más de 300.000 personas extranjeras se han visto afectadas por las tensiones recientes. Miles han tenido que desplazarse, se han registrado más de 900 detenciones y varias personas han fallecido.
Aunque la situación se ha ido calmando tras una mayor intervención de las autoridades, sus consecuencias continúan presentes. Muchas personas siguen teniendo miedo de desplazarse, acudir al trabajo o participar en actividades educativas y programas para mejorar sus oportunidades laborales.
“Muchas personas tienen miedo de ir a trabajar o de que las vean en la calle”, explica Matseliso Ntsoelikane, directora nacional de JRS Sudáfrica. Este temor también ha reducido la participación en las clases de inglés y en los programas de generación de ingresos impulsados por la organización.
Una respuesta basada en el acompañamiento y la dignidad
Desde Entreculturas apoyamos el trabajo del JRS en Sudáfrica que desde hace más de 25 años acompaña a personas refugiadas, solicitantes de asilo y desplazadas forzosas mediante programas de protección, educación, atención psicosocial, apoyo para cubrir necesidades básicas, medios de vida e incidencia.
Desde el aumento de las tensiones, la organización ha trabajado junto con comunidades religiosas, organizaciones humanitarias y entidades de la sociedad civil para ofrecer una respuesta coordinada.
Hasta el momento, JRS Sudáfrica ha acompañado a 1.167 personas afectadas por esta crisis, entre ellas 75 directamente perjudicadas por los episodios recientes. La respuesta ha incluido la distribución de alimentos y productos de higiene, apoyo para realizar traslados a embajadas y coordinación con organizaciones que ofrecen protección temporal.
Este acompañamiento no se limita a ofrecer ayuda material. También supone escuchar, permanecer cerca de las personas afectadas y crear espacios en los que puedan sentirse reconocidas y ejercer sus derechos.
La legalidad y los derechos humanos deben ir de la mano
JRS reconoce que la gestión de la migración debe desarrollarse dentro de los marcos legales establecidos. Sin embargo, recuerda que ninguna persona puede ser expulsada de su vivienda o de su lugar de trabajo mediante amenazas, violencia o actuaciones fuera de la ley.
Las políticas migratorias y los procedimientos administrativos deben respetar siempre los derechos humanos y garantizar que las personas que tienen derecho a documentación puedan acceder a ella de manera adecuada y en los plazos necesarios.
“Que una persona tenga o no documentación no cambia que sus derechos humanos fundamentales deban ser protegidos”, señala Ntsoelikane.
Personas con derechos, capacidades y proyectos de vida
Las personas refugiadas y migrantes no son únicamente receptoras de asistencia. Trabajan, estudian, crean negocios, cuidan de sus familias y contribuyen cada día a las comunidades de las que forman parte.
Durante las últimas semanas, muchas personas han vuelto a abrir sus negocios y las propias comunidades han creado redes para compartir información, protegerse y facilitar el acceso a los apoyos disponibles.
Desde Entreculturas defendemos una sociedad en la que ninguna persona sea definida únicamente por su nacionalidad o por su situación administrativa. Junto con JRS, seguiremos trabajando para que la solidaridad, el diálogo y el respeto a los derechos humanos sean la respuesta frente al miedo y la discriminación.



