Recogiendo historias, conociendo el aporte de Fe y Alegría en la sociedad

“Fe y Alegría te promueve para que desarrolles tus capacidades y después aportes a la sociedad. Se interesa por la gente, por la condición que tú tienes, ellos te dan a ti para que tú puedas avanzar, a ser alguien diferente dentro de tu comunidad, sin olvidarte de los demás”. La relación de Sonia con Fe y Alegría comenzó hace años cuando decidió llevar a sus hijos a uno de los colegios que la organización gestiona en República Dominicana. La escuela le ofreció un puesto de trabajo limpiando y posteriormente recibió ayuda para continuar con sus estudios universitarios. Ahora Sonia está contratada como profesora de lengua española.
 

Este testimonio se ha sumado a la evaluación que un equipo de la Universidad de Rótterdam está realizando y que analiza cómo las escuelas de Fe y Alegría impactan a tres niveles: los estudiantes, las comunidades y las políticas públicas de los países. A finales del año pasado se realizó una prueba piloto, evaluando las escuelas de Fe y Alegría Bolivia, comparando resultados con escuelas similares de la zona. Tras esta primera fase, en estos meses se está llevando a cabo el trabajo de campo en cinco países más: Colombia, Perú, Guatemala, Venezuela y República Dominicana.

Nuestra compañera Belén Rodríguez, miembro del equipo que lidera el proceso y Responsable de Evaluación de Entreculturas, visitó, junto al equipo evaluador, la escuela de Atabeira, en el este de República Dominicana, un centro educativo inserto en un “batey” -asentamiento de trabajadores de la caña de azúcar- con estudiantes haitianos, donde se trabaja para superar las barreras que supone el ser migrante. También tuvo la oportunidad de visitar La Presentación, en la zona Norte y rural del país, una escuela inmersa en un cacaotal, actualmente con graves problemas de contaminación del río que atraviesa la comunidad.

En ambas escuelas se ha trabajado para recoger las historias de estudiantes, docentes, personas de la comunidad, antiguos alumnos y alumnas, etc. que ayudarán a entender cuál ha sido el aporte de Fe y Alegría en la vida de las personas y de la comunidad.

Así, se pudieron conocer historias como la de Carolina, graduada de Fe y Alegría, que salió a la capital a estudiar y volvió a la comunidad hace seis años como odontóloga: “quería trabajar aquí, en mi comunidad, porque aquí estoy con mi gente”. O la de Francisco, graduado en 1994 y abogado, que cuenta cómo su profesora de la escuela, María Cristina, le motivó para seguir estudiando.

También conoció a Carlos, docente de inglés en Fe y Alegría, que nos explicaba la importancia de entender el contexto donde está la escuela y de ayudar a los y las estudiantes a desenvolverse en el mundo. Carlos destacaba lo que, para él, es el factor diferenciador de Fe y Alegría: “la preparación de los jóvenes es una preparación para la vida. Es darles las competencias para enfrentarse al mundo que estamos viviendo. No nos basamos solo en un currículum, sino que viendo las fortalezas y debilidades de cada uno, los preparamos para que puedan salir a la calle. Y si no pueden ir a la universidad, por un asunto económico o lo que sea, que puedan desenvolverse en otro contexto, en otra área laboral, que les sirva para la vida”.

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