Nuestra compañera Asunción Taboada nos escribe desde Ucrania

Varsovia – JRS Poland

Es la Pascua ortodoxa y la oficina está llena de huevos decorados con todo tipo de colores y formas, un par de chicos ponen música, y las trabajadoras de JRS preparan con cariño la sala en la que tendrá lugar el evento. En la pared, un papel gigante refleja la nacionalidad de los invitados: la mayoría ucraniana celebrará la Pascua con personas de Etiopía, Afganistán… Se respira un ambiente distinto, el de compartir el peso de la vida y sentirse consciente de no estar solo. Es Pascua, y como si se tratase de la escenificación de uno de los pasajes del Evangelio de San Mateo, en la oficina de JRS se nos hace presente que Jesucristo ha resucitado para que tengamos una esperanza viva.

Nowy Sancz – JRS Poland

En medio del gris, el gris del cielo que se refleja en los cristales, el gris del asfalto, de los edificios y de los árboles a los que aún no ha llegado la primavera, la oficina de JRS en Nowy Sancz llena de color una pequeña parte de la ciudad. Las ventanas decoradas con flores amarillas, tan representativas de Ucrania, las paredes llenas de dibujos de niños/as que vienen a la oficina junto con sus madres y la calurosa bienvenida de las compañeras de JRS nos hacen sentir en casa. Entrar en la oficina produce calma. En Nowy Sancz, las trabajadoras, que son refugiadas ucranianas, nos reciben con un gesto que tantas veces he visto y repetido en la oficina de JRS: “do you want some coffee, tea?”.

Recuerdo cuántas veces repetí esa frase en Malta, en Francés, en Inglés, en castellano… En Malta recuerdo haber oído la pregunta en tigriña, en amhárico, en somalí, en árabe… Hoy, la escucho en ucraniano. Qué bella “seña de identidad”. Nos abren las puertas de su casa, ofreciéndonos un té caliente y, sobre todo, una acogedora sonrisa. Nos acogen con el cariño de quien se sabe consciente de lo que es un largo viaje hacia lo desconocido, de estar en una tierra que no es la propia. En ese cariño, se siente también la nostalgia de quien conoce bien lo que es dejar atrás el hogar, y en ocasiones, a la familia. 

A lo largo de nuestra conversación muy programática y estratégica, salen destellos de la esencia de JRS: “here Refugees say that they feel human again”, “this room is quite messy because this morning the children were playing here”.  Después de un día largo nos despedimos con un largo abrazo. Uno de esos que pesan, que son profundos, y en los que dos personas que se han conocido hace tan solo 7 horas, pueden sentir que les une algo mayor.

 

Lviv – JRS Ukraine

Hoy cruzamos la frontera, nerviosos, con algo de frío, pero sobre todo con mucho sueño, curiosidad y esa tensión en el cuerpo que acompañan a uno cuando viaja sabiendo la dificultad que espera, partimos hacia Ucrania. Viajamos con un jesuita, el P. Djordzio, que cruza la frontera a menudo y conoce bastante a los guardas. Nos tratan con cariño y con cierta curiosidad de ver que dos españolas y un italiano cruzan la frontera hacia Ucrania, ni siquiera nos registran el equipaje, ni la furgoneta en la que vamos. A nuestro lado la policía registra a una chica que parece ucraniana y que lleva su coche lleno de bolsas y maletas. 

En Lviv, se respira una calma de mentira. La gente pasea por la calle, parece que la vida es normal, pero mirando bien es fácil darse cuenta de que no se oye a la gente reír. La mayoría son chicas, mujeres que caminan atareadas, algún chico joven y algún anciano. No hay casi hombres de mediana edad, muchos han sido llamados al frente. Lo comentamos, y la respuesta que nos dan los locales es que de vez en cuando la policía y el ejército sitian la ciudad para buscar a aquellos que han sido llamados pero se esconden, para llevárselos a la fuerza. Trabajamos durante todo el día, visitamos un polideportivo convertido en albergue donde la gente duerme hacinada y sin privacidad, los baños están sucios, los niños no van al colegio y las personas más ancianas no reciben atención. La mayoría son mujeres, cuyos maridos, en el mejor de los casos, están luchando en el frente. 

De vuelta en la oficina, comenzamos nuestra reunión. La oficina cuenta con algunas habitaciones donde duermen mujeres –viudas- con sus hijo/as. Sienten que esa casa es su nuevo hogar, y lo tratan como tal. Un espacio acogedor, con olor a comida casera y niños jugando es también la oficina de JRS. Nos reunimos con parte del equipo y durante horas vemos qué se puede hacer, qué no. Nos resulta frustrante porque, aunque las necesidades son infinitas, la realidad hace complicada cualquier materialización de la creatividad. “Those who were well educated and had resources have left”, es complicado contratar gente, cada poco las alarmas de bomba paralizan la ciudad, las madres y viudas solo quieren soledad y silencio… Y en el medio de la desesperanza, nuestras compañeras de JRS, encuentran una fuerza que no alcanzo a explicar para desafiar al miedo, al odio y a la desesperanza para llevar comidas al shelter, para decorar huevos de pascua, para sacar una sonrisa a las mujeres que viven en JRS y, sobre todo, para acompañar y recibir a las familias del este de Ucrania que llegan en tren, en chanclas y con una mochila llena de dolor a Lviv.

Paseando con las compañeras de JRS, llegamos a una plaza, donde tres chicos jóvenes tocan con sus instrumentos música tradicional Ucraniana. La gente les rodea pero nadie se mueve al ritmo de la música. Ni una palma, ni un pie siguiendo el compás. “No es momento de bailar, no tenemos ánimo para ello”.

Irse es difícil, injusto. Nosotros regresamos a un hotel, seguro, con un resguardo para las bombas, con la certeza de que en dos días volaremos de vuelta a nuestros hogares, con nuestras familias, que podremos compartir lo vivido… Mientras, nuestros compañeros de JRS, se quedan allí trabajando en silencio, en medio del sufrimiento, de las alarmas y añorando una vida pasada que no saben cuándo se les devolverá. 

Nos dan las gracias por haber ido a visitarles, y con cierto miedo, nos dicen que esperan volver a vernos pronto. Nos decimos un “hasta luego” con un nudo en la garganta. Siento que no tengo palabras para agradecerles y mostrarles el apoyo que merecen, así que solo les digo: “rezamos por vosotros”. Y eso es lo que creo que puedo pediros a vosotros/as, hablad de Ucrania siempre que podáis, no dejemos que nuestros amigo/as, familiares, conocida/os se olviden de que en Ucrania la gente sigue muriendo, y muriendo en vida, pero que en medio del terror y del gris, personas valientes y comprometidas como nuestras compañeras de JRS se levantan cada día pensando en formas de acompañar el dolor y ofrecer esperanza cuando casi todo está perdido.

Noticias relacionadas:

Suscríbete a la newsletter

Si quieres recibir nuestra newsletter mensual y los correos puntuales en los que te ofrecemos información, no dejes de completar este formulario. Al instante, te daremos de alta en nuestra base de datos y podrás estar al tanto de todas las novedades.

Quiero recibir información acerca de las campañas de ENTRECULTURAS FE Y ALEGRÍA ESPAÑA y formas de participación. Al firmar, acepto la política de privacidad. Seguir leyendo.

Ir al contenido