En contextos de desplazamiento como Kakuma y Dadaab, para muchas niñas permanecer en la escuela no está garantizado.
La vida cotidiana está marcada por desafíos que van más allá del aula. Algunas niñas faltan a clases porque no tienen acceso a productos de salud e higiene menstrual. Otras se retrasan debido al embarazo precoz o a las expectativas que recaen sobre ellas en el hogar. Con el tiempo, estas barreras pueden empujarlas a abandonar la escuela por completo.
Pero cuando estas condiciones empiezan a cambiar, también cambia la manera en que las niñas viven la educación.
Cambiando realidades en la Greenlight Secondary School
En la Greenlight Secondary School del campamento de refugiados de Kakuma, esta ha sido durante mucho tiempo la realidad de muchas niñas. Faltar a clases, quedarse rezagadas o abandonar la escuela ha sido una experiencia común marcada por factores fuera de su control.
Junto con el Jesuit Refugee Service, Entreculturas y con el apoyo de ECHO, hemos trabajado junto a la comunidad educativa para responder a estas barreras y fortalecer las condiciones que permiten a las niñas permanecer en el sistema educativo. Esto ha implicado trabajar no solo dentro de la escuela, sino también con las familias y la comunidad en general, reconociendo que estos desafíos no comienzan ni terminan en el aula.
Hoy, este cambio empieza a hacerse visible. Más niñas asisten regularmente a la escuela, continúan implicadas en su aprendizaje y siguen estudiando con mayor continuidad, incluso en circunstancias difíciles.
Apoyando a las niñas para que permanezcan y continúen aprendiendo
Hemos trabajado para garantizar que aquello que antes mantenía a las niñas fuera de la escuela ya no defina su experiencia educativa.
El acceso a productos de higiene menstrual, materiales escolares y uniformes ha marcado una diferencia significativa en la asistencia diaria. Lo que antes causaba ausencias o incomodidad es ahora una barrera menor, permitiendo que las niñas permanezcan en el aula con mayor confianza y regularidad.
Al mismo tiempo, el apoyo educativo ha permitido que aquellas que se habían quedado rezagadas pudieran ponerse al día y continuar sus estudios sin sentirse excluidas. Esto ha sido especialmente importante para niñas cuya educación ya había sido interrumpida, ayudándolas a regresar y reconectarse con su aprendizaje.
También hemos acompañado a niñas que enfrentan situaciones más complejas, incluidas madres adolescentes. A través del acceso a atención sanitaria, oportunidades continuas de aprendizaje y apoyo constante, muchas han podido regresar a la escuela y continuar sus estudios, desafiando la idea de que la maternidad marca el final de la educación.
Las escuelas como espacios seguros e inclusivos
También hemos trabajado para fortalecer las escuelas como entornos donde las niñas se sientan seguras, apoyadas y capaces de participar plenamente.
Las niñas participan cada vez más en la vida escolar, comparten sus preocupaciones y asumen roles de liderazgo. No solo están presentes: están contribuyendo activamente a transformar su entorno de aprendizaje.
Al mismo tiempo, los niños también forman parte de esta transformación. A través de la sensibilización y del trabajo continuo, se les anima a cuestionar los estereotipos de género y contribuir a relaciones más igualitarias y respetuosas dentro de la escuela.
Estos cambios están ayudando a construir una cultura escolar donde las niñas pueden aprender con mayor confianza y donde la inclusión y el respeto forman parte de la vida cotidiana.
La educación como protección y oportunidad
El impacto de estos cambios es visible en toda la escuela. Más niñas permanecen en el sistema educativo, asisten regularmente y progresan en su aprendizaje.
Pero más allá de la asistencia, se está produciendo una transformación más profunda. Las niñas empiezan a ver la educación no solo como un lugar al que van, sino como un camino que les permite imaginar y perseguir un futuro diferente.
En contextos de desplazamiento, esto tiene una enorme importancia. La educación se convierte en protección, estabilidad y oportunidad, no solo para las niñas, sino para comunidades enteras.
Juntos, JRS y Entreculturas, con el apoyo de ECHO, seguimos trabajando para que más niñas puedan permanecer en la escuela, continuar aprendiendo y construir nuevas oportunidades para su futuro.



