ETIOPÍA

El fenómeno meteorológico de El Niño, caracterizado por el calentamiento anormal de la temperatura superficial del mar que altera los patrones de lluvia, azota Etiopía con la peor sequía de los últimos 30 años. La ausencia de agua es la causa de la situación de emergencia humanitaria en la que se encuentra el país abisinio. El acuñado término de “refugiado medioambiental” es un enraizado problema de esta nación. Los estragos de El Niño se traducen en el Cuerno de África (como se denomina a la región que comprende Yibuti, Eritrea, Somalia y Etiopía) en pérdida de cultivos y de ganado, malnutrición y graves enfermedades derivadas de la falta de agua, el hambre y la contaminación del aire. La inexistencia de lluvias, situación alargada durante dos años, se ha sumado a los estragos causados por importantes sequías anteriores. 

Entre el 80 y el 85% de la población etíope vive de la agricultura y ganadería, por lo que es frágil ante los fenómenos meteorológicos adversos. Con la tierra árida tras meses sin precipitaciones, las cosechas son cada vez menores y la tierra de pasto para las reses se reduce, así como la leche, cereales y carne para las familias. Nos encontramos ante una emergencia en la que alrededor del 75% de las cosechas se ha perdido, y cientos de cabezas de ganado han muerto en el centro y noroeste del país.

Con una población de 97 millones de habitantes, 8'5 millones
de etíopes sufren inseguridad alimentaria

Como consecuencia, alrededor de 8,5 millones de personas sufren inseguridad alimentaria. En el Cuerno de África en general, un número estimado de 6,5 millones de niños y niñas podría  encontrarse en riesgo de hambruna. En Etiopía y Somalia, al menos 450.000 niños habrían de recibir tratamiento por malnutrición severa. Así, ante la falta de agua, hambrunas y enfermedades resultantes, más de 1,3 millones de personas se han visto forzadas a abandonar sus hogares y tierras y desplazarse internamente. De ellas, más de 500.000 son desplazados internos a causa de las inclemencias meteorológicas y más de 700.000 por conflictos. 

A ellos se les suman las personas que huyen de la inseguridad alimentaria, conflictos y persecuciones en Somalia, Eritrea, Sudán y Sudán del Sur, y que buscan refugio en Etiopía. De hecho, Etiopía es el segundo país africano que más personas refugiadas acoge, por detrás de Uganda. Vecino de países en conflictos, a finales de febrero de 2018 ACNUR registró 909.301 personas llegadas y residiendo en el país, la mayoría de Sudán del Sur. 

Nuestro trabajo en Dollo Ado, el 2º mayor campo de refugiados de África

Dollo Ado, una vasta extensión al sur del país, próxima a la frontera con Somalia, presenta la segunda mayor concentración de personas refugiadas de África (después del campo de Dadaab, en Kenia). En ella se distinguen, a su vez, 5 campos: Hilaweyn, Bokolmanyo, Buramino, Melkadida y Kobe. Toda la población refugiada de Dollo Ado procede de Somalia: en total 216.634 personas en febrero de 2018, según ACNUR. Esta región es de las más empobrecidas del país, también las tasas de analfabetismo y escolarización se sitúan a la cola del ránking nacional.

El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) trabaja, con el apoyo de Entreculturas, en los dos campos más poblados de Dollo Ado: Melkadida y Kobe. En ambos, el 65% de las personas tiene menos de 18 años, por lo que nos encontramos ante una población muy joven, muchos han nacido allí y no conocen otra realidad. Tras el trabajo realizado construyendo una escuela y cuatro espacios ambivalentes para jóvenes a partir de 2012, este componente educativo y de medios de vida se complementa con líneas nuevas de trabajo que buscan la rehabilitación social, la creación de oportunidades y el empoderamiento y autoestima de jóvenes. En este último caso, a través de talleres vocacionales, alfabetización y actividades recreativas, deportivas y culturales.

Nuestro objetivo es, precisamente, ofrecerles oportunidades educativas, acompañamiento psicosocial y actividades recreativas para que durante su estancia allí -supuestamente temporal- gocen de cierta calidad de vida y desarrollen habilidades técnicas que les permitan integrarse y acceder al mundo laboral una vez abandonen el campo.


Refugiados urbanos en Addis Abeba

La capital de Etiopía, Addis Abeba, también alberga personas refugiadas. Aunque la cifra es más difícil de calcular debido a que muchas de ellas pasan inadvertidas entre la población local, las estimaciones de ACNUR en febrero de 2018 elevaban a 21.426 los refugiados formalmente reconocidos. En este caso, la abrumadora mayoría procedentes de Eritrea. De hecho, a lo largo del país, 73,078 refugiados eritreos registrados en campos previamente decidieron establecerse en áreas urbanas. 

Estos “refugiados urbanos” sobreviven silenciosamente en condiciones extremadamente precarias, con menos apoyo que los refugiados de los campos, y, dada su situación de irregularidad, enfrentándose a limitadísimas oportunidades de acceder a servicios básicos o de conseguir un trabajo digno. En la ciudad sufren con frecuencia prácticas discriminatorias y diferentes formas de violencia. Y en el caso de las mujeres, además, la discriminación de género o el riesgo a sufrir abusos sexuales agrava aún más estos problemas. El hecho de no hablar con fluidez el idioma oficial del país (en el caso de los somalíes y los eritreos, por ejemplo) no sólo hace que las personas refugiadas no puedan entenderse con la población etíope, sino que incrementa su estado de vulnerabilidad y desprotección. 

JRS también trabaja en Addis Abeba para acompañar y defender a los refugiados y refugiadas urbanos. El personal del JRS atiende -a veces, incluso, en su propio idioma- a los refugiados procedentes de los países colindantes con Etiopía para comprender su problemática y orientarles sobre los trámites burocráticos o las oportunidades formativas o laborales a las que pueden acceder. 


Las oficinas de JRS son un punto de acogida para
todas aquellas personas que no saben a quién recurrir

Clases de informática. / FOTO: Angela Wells - JRS Clases de inglés. / FOTO: Christian Fuchs - JRS
   
Atención infantil en Addis Abeba. / FOTO: Angela Wells - JRS Refugiadas somalís en Addis Abeba. / FOTO: Christian Fuchs - JRS

JRS ofrece cursos de inglés de diferentes niveles para facilitar la integración de los refugiados y su habilidad para desenvolverse o conseguir un trabajo. También la informática es una materia habitual debido a la alta demanda de este perfil en el mercado laboral etíope y, por supuesto, la gestión financiera de cara a favorecer la puesta en marcha de un negocio propio. "Los problemas de los refugiados son nuestros problemas y su éxito es nuestro éxito. Los refugiados son personas normales en circunstancias extraordinarias que, con nuestro apoyo, pueden hacer cosas extraordinarias. Por lo tanto, no rechacemos a los refugiados, démosles la bienvenida", dice Atakelt Tesfay Hailu SJ, director del JRS Etiopía. En Entreculturas apostamos por una cultura de hospitalidad y acogida y en esto se fundamenta nuestra labor en Etiopía y en el resto de "puntos calientes" del planeta donde respaldamos el trabajo de JRS.