mutilación genital femenina

Mutilación genital femenina: qué es, por qué se practica y cómo erradicar esta violencia

La mutilación genital femenina (MGF) es una forma de violencia que sigue afectando a millones de niñas y mujeres en el mundo. Aunque no aporta ningún beneficio para la salud, esta práctica persiste por razones sociales y estructurales profundamente ligadas a la desigualdad de género y a normas que limitan la autonomía sobre el propio cuerpo. Entender en qué consiste, por qué persiste, sus consecuencias y cómo avanzar hacia su erradicación es clave para garantizar los derechos de niñas y mujeres y una vida libre de violencia.

¿Qué es la mutilación genital femenina?

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos que lesionan o alteran los genitales femeninos por motivos no médicos y sin beneficios sanitarios. Es una forma de violencia que vulnera la integridad física y psicológica de niñas y mujeres y se realiza sin condiciones de higiene ni cuidados clínicos adecuados. A día de hoy, más de 230 millones de niñas y mujeres han sido víctimas de esta brutal práctica. En los últimos ocho años, las cifras han aumentado en 30 millones más, un 15% de incremento global.

¿Por qué se practica la mutilación genital femenina?

La persistencia de la mutilación genital femenina no está basada en motivos sanitarios, sino por una compleja combinación de factores sociales y culturales. En muchos contextos, la MGF se asocia a normas de género que buscan controlar la sexualidad, el matrimonio o las expectativas sobre el comportamiento de las niñas y mujeres. Estos factores pueden estar arraigados en tradiciones, ideas sobre el honor familiar o presiones comunitarias que refuerzan prácticas que limitan la igualdad de género.

Consecuencias de la mutilación genital femenina

La mutilación genital femenina tiene efectos que las acompañan a lo largo de toda su vida. Sus consecuencias no se limitan al momento en que se practica, sino que pueden manifestarse en la salud, el bienestar emocional y la participación social de niñas y mujeres.

Consecuencias físicas

Las consecuencias físicas de la MGF pueden incluir dolor intenso, hemorragias, infecciones, dificultades urinarias y complicaciones ginecológicas. A largo plazo, muchas mujeres pueden experimentar dolor durante la menstruación, complicaciones en el parto o infecciones recurrentes, que afectan su bienestar integral. Tal como explica la ginecóloga María del Carmen Gutiérrez Vélez, especialista en la atención a mujeres supervivientes de mutilación genital femenina en el Hospital 12 de Octubre de Madrid, muchas de estas secuelas no desaparecen con el tiempo y requieren un acompañamiento sanitario y emocional continuado.

Consecuencias psicológicas

El impacto psicológico de la mutilación genital femenina puede ser profundo y duradero. Muchas niñas y mujeres experimentan ansiedad, miedo persistente, estrés o dificultades para establecer relaciones de confianza. Estas repercusiones pueden afectar su salud mental y su sensación de seguridad emocional.

Consecuencias sociales y educativas

Las consecuencias sociales y educativas incluyen el abandono escolar, la limitación de oportunidades educativas y la exclusión de espacios de participación. La intersección entre violencia, estigma social y barreras educativas puede limitar las trayectorias de vida de las niñas y su acceso a derechos y a oportunidades de desarrollo.

¿En qué contextos se produce la mutilación genital femenina?

La mutilación genital femenina es un problema global que afecta a millones de niñas y mujeres en distintos contextos del mundo. Aunque su prevalencia es mayor en algunas regiones de África y Asia, su persistencia no responde a un territorio concreto, sino a sistemas sociales y normas de género que perpetúan la desigualdad y la violencia contra las mujeres.

La práctica se mantiene en entornos muy diversos, tanto rurales como urbanos, y atraviesa fronteras, generaciones y realidades sociales. Por ello, los organismos internacionales insisten en abordarla como una vulneración de derechos humanos que requiere respuestas coordinadas, basadas en la prevención, la educación y la protección de las niñas, independientemente del contexto en el que vivan.

La mutilación genital femenina como violación de derechos humanos

La mutilación genital femenina vulnera de forma directa los derechos de las niñas y las mujeres. Atenta contra el derecho a la integridad física y psicológica, el derecho a la salud, y el derecho a vivir libres de violencia. Desde los marcos internacionales de derechos humanos, esta práctica está reconocida como una forma de violencia de género y una violación de los derechos de la infancia que exige respuestas de los Estados y de las sociedades para proteger y garantizar la dignidad de todas las personas.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU fijan para 2030 la erradicación de la mutilación genital femenina, una meta que requiere acelerar los esfuerzos significativamente.

¿Se puede erradicar la mutilación genital femenina?

La erradicación de la mutilación genital femenina es posible, pero no se logrará sin acciones sostenidas y coordinadas. Las estrategias más efectivas combinan educación, trabajo comunitario, fortalecimiento de marcos legales y la implicación de múltiples actores sociales.

Desde el trabajo en terreno, Maimouna Konaté, responsable de iniciativas comunitarias contra la violencia de género de JRS en Chad, subraya que la prevención solo es efectiva cuando se construye desde la comunidad. En los programas que desarrollan, la formación de actores locales en protección y derechos de las niñas, junto con la creación de referentes comunitarios, permite identificar riesgos, acompañar a las familias y sostener los cambios más allá de la duración de los proyectos.

La educación como clave para erradicar la mutilación genital femenina

Para Entreculturas, la educación es una herramienta fundamental para prevenir y erradicar la mutilación genital femenina y otras formas de violencia contra niñas y mujeres. A través del programa La LUZ de las NIÑAS, trabajamos para proteger y acompañar a niñas y adolescentes que enfrentan esta y otras violencias, fortaleciendo sus capacidades, su participación y su acceso a derechos.

Este trabajo se complementa con procesos de sensibilización comunitaria que promueven el diálogo con familias y referentes locales, cuestionan las normas que perpetúan la mutilación genital femenina y refuerzan la protección de las niñas desde un enfoque educativo y de corresponsabilidad.

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