<<El viaje que he realizado ha girado entorno a lo que el JRSLAC llama la "Componente Colombia", es decir, las implicaciones que tiene la situación colombiana en 4 países: Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá. En Colombia, el JRSLAC trabaja con desplazados internos y en los otros tres países con personas refugiadas. Según el ACNUR Colombia es el segundo país del mundo con más desplazados a causa de su guerra interna, después de Sudán. Más de 3 millones de personas viven en esta situación.
En Venezuela, he visitado los proyectos con refugiados colombianos en El Nula y en Guasdalito, frontera con Colombia. En Colombia han sido proyectos en Soacha, ciudad al borde de Bogotá, en Buenaventura, en Buga y en la costa del Pacífico con población mayoritaria afrocolombiana. En ambos países no hay campos de refugiados como en África, sino que las personas que han tenido que huir generalmente se instalan con familiares y conocidos, bien sea en su propio país, Colombia, o en los limítrofes.
He visto cómo el JRSLAC dedica sus esfuerzos a acompañar a la gente, profundamente herida por haber tenido que dejar su hogar. Y a asistirles jurídicamente pues muchos de las personas refugiadas en otros países no tienen documentos y es un calvario llegar a conseguirlos. Sin estos documentos, por ejemplo, los jóvenes no pueden iniciar los estudios de secundaria (7º grado), porque están indocumentados. También he visto el apoyo que brinda el SJRLAC para que se organicen en torno a proyectos productivos que permita ser autónomos.
Como en tantas otras ocasiones hay que visitar los sitios para darse cuenta de la dimensión del problema. Tres datos para ilustrar lo que digo. En Buenaventura me alojaba en una residencia donde también vivía el obispo. Teníamos tres soldados de infantería de marina con metralletas a la puerta de la casa para "proteger" al obispo, amenazado, y que, según nos contó personalmente, se traslada habitualmente con dos guardaespaldas de paisano. En los ocho últimos años han asesinado en Colombia a 1.600 líderes sindicales. Y, por último, la joven que me acompañó el último día a dar una vuelta por Bogotá, y que había trabajado con el JRSLAC durante 2 años en la ciudad de Soacha, había asistido a 7 funerales en 7 meses de gente que conocía y a la que habían asesinado. Ésta es la trágica realidad de este país con unas potencialidades increíbles, pero brutalmente golpeado por la violencia.
En Venezuela he escuchado relatos de gente que había tenido que salir huyendo de sus casas y buscar refugio en la frontera venezolana. En Colombia, en los tres emplazamientos y visitando varias "veredas" y barrios donde se ubican las personas desplazadas, seguí oyendo las mismas historias y tragedias. Pero al mismo tiempo, he visto equipos humanos increíbles, que trabajan con una entrega admirable, y en algunos sitios con cierto riesgo. Siempre hay que llevar el chaleco del SJR, como una "protección" ante la dificultad de la situación. Les he prometido que durante un día llevaré el chaleco del JRS que me regalaron en la despedida.>>
Agustín Alonso SJ, director de Entreculturas