La campaña La LUZ de las NIÑAS, junto a Fe y Alegría y JRS, celebró un encuentro internacional en el que niñas y adolescentes de América Latina, África y Europa compartieron sus realidades, hablaron de los obstáculos que encuentran en su día a día y reivindicaron su derecho a crecer, estudiar y vivir libres de violencia.
«Las niñas no somos solamente el futuro. También somos el presente». Con estas palabras, una niña de Honduras recordó una de las ideas centrales del encuentro internacional organizado por la campaña La LUZ de las NIÑAS el pasado 22 de octubre: las niñas tienen derecho a ser escuchadas y a participar en las decisiones que afectan a sus vidas.
Bajo el lema «Nuestra luz brilla», niñas y adolescentes de Nicaragua, El Salvador, Honduras, Perú, Guatemala, Haití, Chad, Paraguay, España y Kenia se conectaron para compartir sus experiencias, conocer otras realidades y reflexionar juntas sobre sus derechos. El encuentro se enmarcó en torno al Día Internacional de la Niña, celebrado el 11 de octubre.
Las niñas tienen mucho que decir
A lo largo de la sesión, las participantes hablaron de las desigualdades y las violencias que siguen condicionando la vida de muchas niñas. Sus testimonios mostraron realidades diferentes, pero también preocupaciones compartidas: poder estudiar, jugar, expresar lo que sienten, tomar sus propias decisiones y crecer sin miedo.
Desde Nicaragua, Miriam Morales señaló la discriminación que viven muchas niñas dentro y fuera de sus hogares, donde todavía se espera que asuman tareas domésticas por el hecho de ser mujeres. También denunció el acoso en las calles y la falta de oportunidades. «Queremos que las niñas sean libres, que puedan tomar sus propias decisiones y que tengan oportunidades, igual que el resto del mundo», expresó.
Desde Guatemala, otra participante puso el foco en la importancia de que todas las niñas puedan disfrutar de las mismas oportunidades y crecer con sus derechos respetados. «Me gustaría que todas las niñas tuviéramos las mismas oportunidades para estudiar, jugar y contar lo que sentimos», compartió.
Sus palabras conectaron con las de una niña de Honduras, que recordó que ninguna niña debería tener que vivir con miedo para poder crecer. Los testimonios pusieron de manifiesto la importancia de contar con entornos seguros en los que las niñas puedan expresarse, aprender y desarrollar sus proyectos de vida.
Desde Chad: las dificultades para seguir estudiando
El encuentro también permitió escuchar la experiencia de una niña de Chad, que explicó las barreras económicas que pueden impedir a las niñas continuar con su educación. La falta de recursos de su familia le hizo perder un curso escolar y la llevó a ponerse a vender para conseguir el dinero necesario para matricularse de nuevo. Además, contó que había recibido comentarios que cuestionaban que siguiera estudiando en lugar de casarse.
«No es una tarea fácil para nosotras las niñas de Chad poder tener acceso a la educación», explicó.
Su testimonio recordó que el acceso a la educación no depende únicamente de las ganas o del esfuerzo de las niñas. La situación económica familiar y las expectativas que recaen sobre ellas pueden convertirse en obstáculos que limiten sus oportunidades y su futuro.
También participaron niñas de Haití, que compartieron experiencias relacionadas con distintas formas de violencia, incluidas la violencia verbal, física y psicológica. Escuchar estas vivencias permitió acercarse a realidades distintas y reconocer la importancia de que las niñas dispongan de espacios seguros en los que hablar y ser escuchadas.
Un espacio para escucharse y aprender juntas
Además de compartir testimonios, el encuentro incluyó una sesión con Jaqueline Elizabeth Castro Espinoza, psicóloga del Colegio Nazareth, en Nicaragua. Su intervención ofreció herramientas para reflexionar sobre cómo reconocer las propias capacidades, fortalecer la confianza en una misma y sentirse más seguras.
Después, las niñas tuvieron un espacio de intercambio para compartir impresiones, plantear preguntas y conversar sobre lo que habían escuchado. La posibilidad de escucharse entre compañeras de distintos países permitió reconocer inquietudes comunes y aprender unas de otras.
La sesión terminó con una actividad colectiva en torno a la frase «Nuestra luz brilla cuando…». Las participantes completaron la frase con ideas vinculadas a la ayuda mutua, la protección, el cariño y la valentía. Un cierre que recogió el sentido del encuentro: cada niña tiene una voz, una historia y unas aspiraciones que merecen ser escuchadas y respetadas.
Como recordaron las moderadoras, las voces de las niñas no deben escucharse únicamente una vez al año. También deben estar presentes cuando hablan de sus sueños, expresan lo que sienten, comparten sus ideas o dicen qué necesitan.
La LUZ de las NIÑAS, campaña de Entreculturas junto a Fe y Alegría y JRS, trabaja para que las niñas puedan crecer, aprender y desarrollar sus proyectos de vida en igualdad de oportunidades y libres de violencia. Encuentros como este contribuyen a crear espacios de participación y escucha en los que sus experiencias y reivindicaciones ocupan el lugar que les corresponde.



