Mercedes Mir Cortés tiene 26 años. Es de Granada y ha estudiado Educación Social e Integración Social. En su tiempo libre disfruta especialmente de actividades como la escalada, tomar café, correr y la fotografía, además de compartir tiempo con mi familia y amigos. Nos acercamos a ella para conocer más sobre su experiencia VOLPA.
¿Cómo supiste de VOLPA? ¿Por qué te apuntaste?
En 2021, mientras realizaba mis prácticas como Educadora Social en el proyecto Emaús, en Granada, conocí el programa VOLPA. Mi tutor de prácticas me habló sobre este y me comentó que conocía a personas que habían participado en él. Decidí investigar y me gustó mucho su enfoque y desde donde se plantea la propuesta de voluntariado.
Después de terminar la carrera, empezar a trabajar y continuar estudiando, esa idea siguió siempre presente. Finalmente, lo vi claro y sentí que era el momento adecuado. Por lo que, en 2024 me apunté para comenzar la formación.
¿Cómo fue el proceso de formación?
Fue un proceso intenso que me llevó a replantearme muchas cuestiones importantes sobre mí misma y sobre la manera de mirar y entender el mundo. El tener la oportunidad de compartir la formación con otras personas que estaban motivadas por inquietudes similares fue muy especial. El aprender unos de otros y escuchar distintas perspectivas hizo que el proceso fuera todavía más significativo.También fue un tiempo para parar, pensar y dedicar espacio a la reflexión. Precisamente por eso, tiene mucho sentido que la formación dure un año, ya que permite vivir todo el proceso con la profundidad y el tiempo que requiere.
¿Qué es lo que más destacarías de ese proceso y que fue lo que más te gustó?
Lo que más destacaría sería el enfoque de la formación, la forma en la que está estructurada. Una de las primeras sesiones fue la de los “¿para qués?”, y la recuerdo especialmente porque me llamó mucho la atención el matiz de la pregunta: El plantearse el ¿Para qué? y no el ¿Por qué?
También disfruté mucho de compartir el proceso con los formadores y con el resto de VOLPA. Fue bonito ver cómo, con cada encuentro que se organizaba, se iba formando un grupo muy especial. En cada sesión que teníamos salía con más preguntas, algunas respuestas y el convencimiento de que era el sitio, el modo y las personas.
¿A qué país/ciudad fuiste destinado? ¿Con qué organización estás actualmente trabajando?
Me destinaron a Honduras más concretamente en la ciudad de El Progreso, Yoro. La organización con la que estoy trabajando actualmente es Fe y Alegría.


¿Cómo se llama el proyecto en el que estás trabajando? Cuéntanos un poco el objetivo…¿Cuáles son tus funciones dentro de ese proyecto?
Durante el año pasado y este año he estado enfocada en el proyecto de ludotecas del Centro Técnico y Comunitario Fernando Bandeira. En este espacio se atiende a niños y niñas de 3º y 4º grado provenientes de escuelas públicas vinculadas a Fe y Alegría. Estas escuelas pertenecen a comunidades con recursos limitados, por lo que se les brinda apoyo educativo y acompañamiento psicológico.
Una vez por semana, los niños y niñas de las distintas escuelas asociadas asisten a la ludoteca durante su horario escolar para recibir refuerzo educativo. Llegan caminando junto a su profesora y, en algunas ocasiones, también los acompañan madres, abuelas o hermanas de esos mismos niños y niñas.
Por lo que, se aprovecha este momento para trabajar con las familias del sector San Jorge. Este espacio está pensado para fomentar la participación y fortalecer el autocuidado y la autoestima de las madres, hermanas y abuelas. Se busca que puedan tener un tiempo para ellas mismas, dejar a un lado sus responsabilidades del día a día y simplemente disfrutar y compartir.


Al mismo tiempo, también se trabaja con los jóvenes del área técnica de belleza y barbería en el desarrollo de su proyecto de vida. Este espacio les invita a reflexionar sobre lo que desean para su futuro, cómo quieren alcanzar sus metas y qué valores necesitan poner en práctica para lograr sus sueños.
Por otro lado, este año se ha abierto el 7º grado en la modalidad IHER, una alternativa que busca acercar la educación a distancia a jóvenes que, por distintas circunstancias, no tienen la facilidad para continuar sus estudios en un sistema regular. De esta manera, se les brinda la oportunidad de seguir formándose.
También, se ha apoyado a los docentes de las diferentes escuelas asociadas con la metodología TEPA y con los talleres de autocuidado.
¿Bajo qué contexto social realizas esta función? ¿Cuál es la situación social/económica actual del país en el que te encuentras? ¿Afecta de alguna manera tu trabajo? ¿Ves dificultades en la población para participar en los proyectos en los que estás trabajando?
El sector donde se encuentra ubicado este centro es conocido como “zona roja”, debido a la presencia de la mara. Los chicos y chicas que viven en la comunidad de la San Jorge enfrentan muchas dificultades, ya que además de su realidad social cargan con el estigma asociado al lugar donde viven.Esta situación provoca que muchos de ellos abandonen sus estudios a una edad temprana o que les toque adquirir un rol que no les corresponde. En otros casos, la falta de recursos económicos en las familias dificulta cubrir las necesidades básicas del día a día, lo que también lleva a que algunos niños y niñas dejen de asistir a la escuela y empiecen a trabajar desde una edad muy temprana.
El Centro Técnico y Comunitario Fernando Bandeira es un diamante en bruto. Considero que es un espacio con mucho potencial, que poco a poco se va a ir adecuando para ofrecer a estos chicos y chicas una alternativa diferente para su futuro.


¿Recomendarías a más personas hacer VOLPA o un voluntariado en general? ¿Por qué?
Absolutamente sí. Tiene mucho sentido todo el proceso que se hace en VOLPA y desde donde se hace . La misión y visión que tiene Entreculturas y Ee y alegría hace que reafirme cada vez más el sentido de la educación popular y la transformación social (El estar donde se termina el asfalto). Considero que mi experiencia ha tenido de todo y me ha ayudado a reafirmar que era el sitio y las personas. Cuando llegué tenía presente el hacerme las menos expectativas posibles.Simplemente fluir. Al final es vivir en un país nuevo con un contexto y cultura diferente, dejarte sorprender y que eso no de miedo. He aprendido y reaprendido tantas cosas. El valor humano, el poner a la persona en el centro y el estar convencida de lo que se hace.El preguntar, observar en silencio, trabajar con un equipo de mujeres increíbles que son referentes y familia en mi día a día, el tener apertura a cambios y saber que forma parte de la experiencia y que eso no frene el seguir viviendo con ganas las diferentes cosas que iban llegando. Si me preguntan si cambiaría algo de la experiencia diría que no porque eso tiene VOLPA el vivir cada momento como una oportunidad, el entender que cada cosa que va pasando forma parte y es un aprendizaje.




