“Volar sin alas. Don Carlos Escalante, el otro Abraham Reyes”.

Cuando empieza su relato se oyen los gallos que se desgañitan a gritar. Litúrgicamente va reviviendo los primeros momentos, la semilla inicial de este centro. Don Carlos habla con infinito cariño y admiración de la hermana Juanita Petrik, una religiosa que dedicó su vida entera a hacer un poco más justa, un poco más digna la vida de la gente de la comunidad de Mariitas, en Somotillo (Chinandega) uno de los rincones más pobres de Nicaragua. Juanita era estadounidense, murió hace 6 años. Su corazón se paró un dia sin avisar y ahora está enterrada aquí en Somotillo entre su gente, en su tierra. Cuenta don Carlos que la hermana Juanita con otros cinco padres se revelaban ante la idea de que los niños de Maniitas una vez acabado la primaria, no pudieran continuar estudiando. Inicialmente empezaron con mucho esfuerzo becando a 25 alumnos para que fueran a estudiar a Somotillo. Pero sentían que esa era una solución incompleta, querían dar oportunidades aquí, en su comunidad. Don Carlos nos cuenta que planteo a Juanita que hiciera aquí una escuela. ¿Cómo iba a ser eso posible...?. Cuando fueron a plantearle a la alcaldía la idea el alcalde les contestó despreciativamente "ustedes quieren volar sin alas".

Esto lejos de frenarles les fortaleció. Empezaron sus clases bajo un árbol, 25 alumnos, unos maestros voluntarios, cinco padres decididos a cambiar las cosas, entre ellos Don Carlos y Juanita Petrik. Y de esto el que escribe es testigo, en el año 98, la primera vez que visité Somotillo, esa fue la imagen que me quedó grabada en mi corazón. Juanita y Don Carlos me llevan a pensar constantemente en el P. Vélaz y Abraham Reyes. Parejas de personas geniales que son capaces de volar sin alas. Nos cuenta como él, con la hermana Juanita y dos padres más se fueron a Managua para recorrer varias embajadas contando el proyecto, estuvieron en las embajadas de Japón y de España. Se volvieron vacíos pero en absoluto desanimados.

"La casa de Don Justo Eraso era grande y estaba vacia", nos dice don Carlos era un buen sitio para comenzar. Rosana del colegio Nazareth de Chinandega les dijo que les prestaría para arrancar 25 sillas, el préstamo con el tiempo acabo siendo regalo. Gracias a la reforma agraria se entregaba a las cooperativas una cierta extensión de terreno. (Asoma el tema de la tierra, clave para entender el problema de la desigualdad en América Latina). Don Carlos en ese momento era el presidente de la cooperativa y planteó a la comunidad que se donara 2 manzanas para construir una escuela. Los cooperativistas no estaban todos por lo mismo y la primera respuesta fue un no. Don Carlos planteó que como a cada campesino se le iba a dar diez manzanas para su uso, que dos de las suyas se dedicaran escuela. Para un campesino la tierra es todo, y Don Carlos, como en su día Abraham Reyes, quiso poner parte de lo que tenía en pro de la educación de los chicos y chicas de la comunidad.

 

Y como la generosidad no puede dejar indiferente a nadie, la cooperativa acabo cediendo tres manzanas en vez de las dos inicialmente solicitadas. Entre todos hicieron un pequeño rancho, la obra la tuvieron que parar pues se quedaron sin dinero para el techo, la providencia quiso que apareciera una donación de 700 dólares para acabar la primera construcción del IBRA. El relato continua, toda la sala esta atónita escuchando a don Carlos, a mi espalda se oyen los cascos de un caballo pasar. Don Carlos nos dice " el IBRA está en mi corazón" y "cada año hay una nueva cosecha de estudiantes que salen con una nueva esperanza", sentencia Don Carlos para luego añadir: "Este proyecto sólo dejaré de apoyarlo cuando me muera" .

La historia la completa una madre de familia: Emperatiz, que nos cuenta lo clave que fue Juanita para la comunidad y para hacer que este proyecto echara raíces. Habla de los primeros profesores voluntarios que estuvieron 2 años trabajando sin cobrar salario alguno. La historia de este centro, es la historia, de Juanita, de Don Carlos, de los padres y madres, de los maestros y de los alumnos. Todos dieron lo mejor de sí por el sueño de que este fuera un lugar de oportunidades; la unión de todas estas generosidades y voluntades les hizo posible volar sin alas.

 

Autor del texto:

Ramón Almansa, Responsable del área de Proyectos de Entreculturas.
IBRA-Somotillo 24 de octubre de 2014