La delegación madrileña de Entreuclturas participa en el homenaje a Monseñor Romero en el aniversario de su muerte

Tras una cálida bienvenida de los salvadoreños que nos recibieron, y del saludo del Secretario General Iberoamericano, del Embajador de El Salvador en España, y de un representante de la Secretaría de Estado de AAEE de España, tomó la palabra Monseñor Gregorio Rosa Chávez, Obispo Auxiliar de San Salvador y colaborador de Monseñor Romero en sus últimos años de vida.

Su ponencia fue un recuerdo emocionado y cariñoso. Explicó que el verdadero líder tiene tres características: visión clara de lo que hay que hacer, comunicar a los demás esa visión y, por supuesto, ir él por delante. La visión de la Iglesia que tenía M. Romero es la de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en la liberación del hombre. Una Iglesia en el mundo y al servicio del mundo. El ponente recordó cómo le avosaron del atentando contra Romero, y cómo fue de los primeros en rezar junto a su cuerpo sin vida. “Luchar por la verdad y la justicia. Y perdonar siempre”, fue el mensaje de Monseñor Gregorio Rosa Chávez. Ya lo dijo el propio M. Romero poco antes de su muerte: “Si me matan, desde ahora perdono a mis asesinos”.

Pedro Miguel Lamet S.J. leyó la ponencia de Jon Sobrino, ya que él no pudo hacerlo por problemas serios de enfermedad. Sencillamente, dejó bien claro que Monseñor Romero fue un hombre de su pueblo. Honrado y solidario, y sabía que exponía su vida al decir: “El gran mal es la riqueza, la propiedad privada. El que toque ese alambre de alta tensión, se quemará”. Romero fue un hombre sumergido en la realidad y sabiendo asumirla. Y fue, sobre todo, un hombre de Dios. Ellacuría dijo hablando de él: “Con Monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”.