Informe Global sobre Niños y Niñas Soldados 2008

"El compromiso de la comunidad internacional de acabar con el flagelo mundial que representa la utilización de menores como soldados no puede ponerse en duda, pero los esfuerzos actuales no son suficientes -dice la Dra. Victoria Forbes Adam, directora de la Coalición-. Las leyes, políticas y prácticas deben ahora traducirse en un cambio real que mantenga a los niños y a las niñas fuera del conflicto armado de una vez por todas." 

En los últimos cuatro años se han producido cambios positivos. El número de conflictos armados en los que están involucrados menores ha descendido de 27 en el año 2004, a 17 al acabar 2007. En ese periodo, decenas de miles de niños y niñas han sido liberados de ejércitos y grupos armados al concluir los prolongados conflictos en el África Subsahariana y otras partes del mundo. 

Pero el informe muestra que decenas de miles de niños y niñas continúan figurando en las filas de los grupos armados no estatales de, por lo menos, 24 países y territorios distintos. Han expuesto a estos niños -algunos, incluso, menores de 12 años-, a la muerte y a sufrir lesiones y trauma psicológico. En Afganistán, en Irak, en el Territorio Palestino Ocupado y en Pakistán, se utilizó a adolescentes para perpetrar ataques suicidas. 

"Los grupos armados representan el mayor reto -explica la Dra. Forbes Adam-. El derecho internacional tiene un impacto limitado a la hora de disuadir a los grupos armados de que no utilicen a menores como soldados. Muchos grupos conceden poco valor a las normas internacionales, y contar con una fuerza de combate es para ellos una necesidad mucho más imperiosa que cualquier otra consideración. Es imprescindible que encaremos esta realidad y desarrollaremos estrategias nuevas." 

 

Implicación gubernamental

Las fuerzas gubernamentales desplegaron a menores en nueve situaciones de conflicto armado, sólo una menos de las 10 documentadas en el último Informe Global, publicado en el 2004. 

Myanmar (Birmania) sigue siendo el Gobierno más persistente en esta práctica. En sus fuerzas armadas, implicadas en operaciones contrainsurgentes contra grupos étnicos armados, todavía había miles de menores, algunos incluso de 11 años de edad. También se servían de menores las fuerzas gubernamentales de Chad, la República Democrática del Congo, Somalia, Sudán, Uganda y Yemen. Las fuerzas de defensa de Israel utilizaron como escudos humanos a niños y niñas en varias ocasiones, y hasta mediados de 2005 las fuerzas británicas desplegaron a varios menores de 18 años en Irak. 

En 14 países, por lo menos, niños y niñas han sido reclutados en las fuerzas auxiliares vinculadas con los ejércitos nacionales, en los grupos de defensa civil locales creados para apoyar las operaciones de contrainsurgencia, o en las milicias ilegales y grupos armados que los ejércitos nacionales utilizan como apoderados. También se ha utilizado a niños y niñas como espías. En algunos países, en lugar de ayudarlos a regresar con sus familias y a sus comunidades, las fuerzas gubernamentales han encarcelado a los niños y niñas soldados que habían escapado, que se habían rendido o que habían sido capturados. Burundi, Israel y Estados Unidos figuran entre los países que han maltratado o torturado a menores sospechosos de haber estado asociados con grupos armados. 

 

 
“El año 2012 marcará el décimo aniversario de la promulgación del tratado internacional sobre niños soldados –señala la Dra. Forbes Adam–. A lo largo de los cuatro próximos años la comunidad internacional debe honrar su promesa de poner fin a la utilización de niños y niñas en los conflictos armados.”

 

El informe también subraya el hecho de que las personas a cargo de diseñar e implementar los programas de desarme, desmovilización y reintegración (DDR) hacen caso omiso de las buenas prácticas acumuladas a lo largo de años sobre cómo liberar a niños y niñas de las filas de fuerzas combatientes y asistirlos en su rehabilitación y reintegración. Rara vez se dispone de financiación sostenida para apoyar a largo plazo a los niños y niñas que han sido soldados. En la República Democrática del Congo, por ejemplo, una financiación con retrasos, imprevisible y a corto plazo, combinada con la mala planificación y mala gestión del programa de DDR, se ha traducido en que unos 14.000 ex niños y niñas soldados hayan quedado excluidos del apoyo a la reintegración. 

 

 

Las niñas, las más vulnerables

Las que más pierden son las niñas. Bien conocida es la presencia de niñas en las fuerzas de combate, como combatientes y no combatientes, y como víctimas de esclavitud sexual, violación y otras formas de violencia sexual. Sin embargo, la abrumadora mayoría de las niñas soldados no son identificadas y no figuran en programas oficiales de DDR. 

En Liberia, donde el programa de DDR finalizó a finales del 2004, sólo un poco más de la cuarta parte de las 11.000 niñas que se sabe estuvieron asociadas con las fuerzas combatientes, figuraba en el programa oficial de DDR. En este caso, como en tantos otros, miles de niñas regresaron a sus comunidades de manera informal, sin que se atendiera a sus complejas necesidades médicas, psicosociales y económicas. 

"Decenas de miles de menores -niñas, en particular- se vuelven prácticamente invisibles durante el proceso de desmovilización y reintegración -dice la Dra. Forbes Adam-. No es que sus necesidades y vulnerabilidad no se reconozcan; es simplemente que no se aplican las lecciones aprendidas y eso es lo que está perjudicando a estos niños y niñas, y su futuro." 

El persistente reclutamiento militar de menores en tiempos de paz está obstaculizando el progreso hacia una norma global que prohíba el reclutamiento militar o la utilización de menores en hostilidades. Por lo menos 63 gobiernos -entre ellos el británico y el estadounidense-, permiten el reclutamiento voluntario de adolescentes de 16 y 17 años de edad, pese a que en muchos países la edad adulta no se alcanza hasta los 18 años. Los jóvenes reclutas, a los que se considera demasiado jóvenes para votar o para comprar bebidas alcohólicas, son sometidos a la disciplina militar y a actividades peligrosas y quedan expuestos a abusos. 

Perseguir activamente el reclutamiento de menores, a menudo de familias pobres, pone en entredicho la sinceridad del compromiso de estos gobiernos de proteger a la infancia y hace dudar de que tal reclutamiento sea verdaderamente voluntario.