Indonesia, de primera mano: entrevista con Bernard H. Arputhasamy s.j. , Director Regional del Servicio Jesuita a Refugiados

Bernard es el Director Regional del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) en Asia-Pacífico. El SJR nació en los años 80 con la misión de acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y desplazados forzosos. Desde hace más de una década, constituye el principal socio local de Entreculturas en el continente africano -aunque también apoyamos su labor en Latinoamérica y Asia-.

En una reciente visita a la Sede Central, Bernard nos ofreció un radiografía de la situación actual de Indonesia dos años después de que los embates de la naturaleza se cobraran cientos de miles de víctimas. En diciembre de 2004, un maremoto de 9.2 puntos próximo a la isla indonesia de Sumatra provocó un enorme tsunami que afectó a las costas de ocho países asiáticos y acabó con la vida de casi 300.000 personas. Un año y más tarde, en mayo de 2006, un terrible terremoto sacudió la isla de Java dejando atrás más de 5.000 muertos.

Pero los caprichos de la naturaleza no son el único handicap de este archipiélago. Su debilitada economía, los conflictos religiosos y el nacionalismo independentista son otros tres grandes obstáculos que convierten esta región del sudeste asiático en un punto caliente dentro del marco de la comunidad internacional. De hecho, pese a que tras los acuerdos de agosto de 2005 entre el Gobierno y el grupo guerrillero Free Aceh Movement (GAM) se recuperara cierta estabilidad política, el tema de la autonomía de Aceh sigue acaparando muchos esfuerzos por parte del Ejecutivo.

Tal y como nos contaba Bernard, a todo este contexto -de por sí complejo- que define a Indonesia se le vienen a sumar todos los requerimientos y contrariedades propios de un proceso de reconstrucción. El SJR ha completado el 80% de los proyectos previstos para la asistencia en Banda Aceh y Yogyakarta, pero aún queda mucho por hacer. "El principal problema desde el principio - afirma Bernard - ha sido el de coordinar la ayuda internacional que se proporcionó tras el desastre; aquel sí que fue un verdadero tsunami". El SJR procuró compaginar la urgencia con la efectividad y "perder" un poco de su tiempo en evaluar previamente las necesidades reales. "Es importante hablar con la gente y preguntarle qué es lo que necesita", recalca Bernard, "pero también es importante mirar el problema desde otra perspectiva, porque a veces las personas piden una casa cuando realmente es más efectivo proporcionarles un bote con el que pescar". Esta idea brota del modelo de reconstrucción a medio y largo plazo de los jesuitas. Un modelo que les lleva a considerar que, además de esos recursos inmediatos como la vivienda o el agua potable, es conveniente resucitar las actividades económicas del país de cara a recuperar su propia autonomía. 

 

Protagonistas de su propio desarrollo

En este sentido, por ejemplo, el SJR concedió subvenciones a varios carpinteros para que construyeran puertas y ventanas para las nuevas casas que se iban levantando. Ahora estos trabajadores no sólo han devuelto los préstamos sino que han conseguido sacar adelante un pequeño negocio. Otra de las medidas que puso en marcha el SJR para trasladar a los propios ciudadanos la responsabilidad de rehacer sus vidas fue la de formar en otras disciplinas a los agricultores que habían perdido sus cultivos a causa del maremoto. De esta manera podrían ejercer otras profesiones como alternativa a su repentino desempleo.

El grado de destrucción que anegó la costa indonesia durante los primeros meses aún sigue siendo el principal obstáculo para la distribución de la ayuda. Muchas carreteras  puentes todavía están por reparar, lo que ralentiza las tareas de desescombro y el traslado de materiales de un punto a otro de la isla. Las dificultades de comunicación son también las que están mermando la coordinación de la ayuda, provocando la concentración de las cerca de 300 ONG que permanecen hoy sobre el terreno en los puntos más accesibles.

A estas trabas logísticas se le unen los conflictos sociales que surgen a la hora de redistribuir las tierras y reubicar a las personas que se han quedado sin casa a razón de la nueva ley del Gobierno que prohíbe construir en los primeros 500 metros de costa. "Con la catástrofe se perdió todo, documentos, escrituras, etc., y ahora ¿cómo demostrar que esa parcela es tuya?", cuenta el jesuita.

Lo que sí merece la pena resaltar - concluye - es la dimensión interreligiosa que, no obstante, ha aflorado en estas circunstancias. Desde el primer momento, cristianos y musulmanes emprendieron juntos la tarea de reconstruir las infraestructuras y asistir a las víctimas de estos desastres". Ante esta compenetración, Bernard insiste en que la mentalidad de la población indonesia ha cambiado y ha crecido la confianza en las intenciones plurales y en el propósito de desarrollo del Servicio Jesuita a Refugiados.

Sea como fuere, lo cierto es que a lo largo de estos dos años se han producido muchos avances y la labor del SJR - respaldada por Entreculturas - ha constituido un factor esencial para el levantamiento de este asolado territorio. Y lo mejor es que, gracias al refuerzo que esta red jesuita otorga al concepto de autonomía, es probable que sea dentro de poco cuando la responsabilidad de gestionar su desarrollo quede en manos exclusivamente de la población.