“Hubo un momento en que pensé que no iba a poder con ello”

La población de El Salvador vivió una de las peores torturas que puede sufrir el ser humano: la desaparición forzosa de sus hijos e hijas. Durante el conflicto armado de la década de los 80, miles de niños y niñas fueron arrancados de sus familias con un doble objetivo: aterrorizar a la población y negociar, después, con la adopción de dichos menores.

"Hubo un momento en que pensé que no iba a sobrevivir, que no iba a poder con ello", reconoce José Laínes, actual presidente de la Asociación Pro-Búsqueda de El Salvador. "Un día llegaron los militares e invadieron nuestra comunidad. Lo arrasaron todo. Tratamos de huir pero, en medio de los tiroteos y del ruido de las avionetas, mataron a mi hija de 8 años y secuestraron a mi otra niña de 6. No pudimos hacer nada y no volvimos a saber de ella", relata José. Su gesto tranquilo contrasta con la pena de sus ojos. "Una vez pasó todo, me dediqué a buscar a mi hija, a poner la denuncia de su secuestro en todas partes. Pese a que solicité su ayuda, el Estado salvadoreño nunca colaboró ni con mi causa ni con la de muchos otros padres y madres que, como yo, buscaban a sus hijos".

"Fue gracias a la Asociación Pro-Búsqueda -que surgió a raíz del agravamiento de estos hechos-, cuando empecé a tener una pequeña esperanza", comenta. "Tras muchísimas y dificultosas gestiones, ellos lograron ubicar a mi hija en EEUU. Al principio me dijeron que tenían que asegurarse, que no me hiciera muchas ilusiones, pero, efectivamente, tras 12 años desaparecida, mi hija seguía viva y estaba bien. Había sido adoptada por una familia americana y había hecho su vida en Ohio. No hablaba mi idioma. Tuvieron que traducirle la carta que yo le escribí de mi puño y letra con el objetivo de que recordara todo lo que pasó y creyera que yo era su padre. Gracias a Dios ella lo recordaba... recordaba el momento en que fue secuestrada, recordaba ver morir a su hermana y accedió, por lo tanto, a visitarnos en El Salvador. Fue un momento emocionante. No podría describirlo. Y, pese a que las circunstancias hayan puesto tanta distancia entre nosotros, agradezco a Dios haberla recuperado", afirma José, lleno de ternura.

Muchas historias, como la de José Laínes, acaban bien (dentro de lo que cabe). Pero hay muchos otros padres o madres que jamás vuelven a ver a sus hijos o que, pese a haberlos localizado, no son capaces de recuperarlos, "ni siquiera de verles la cara, pues en muchas ocasiones los secuestradores cuentan a los niños que sus papás han muerto o que los han abandonado, lo que hace que los pequeños no quieran saber nada de sus padres". Reniegan de su pasado. A veces, incluso, lo ignoran por completo, segando toda raíz o vínculo con sus orígenes.

La Asociación Pro-Búsqueda, que cuenta con el firme apoyo de Entreculturas, fue creada para localizar a los niños y niñas desaparecidos forzosamente durante el conflicto armado que vivió El Salvador entre 1980 y 1991. Actualmente compagina la búsqueda del paradero de los hijos e hijas desaparecidos con una labor de incidencia política que permita avanzar en la reconciliación y que acabe con la impunidad. Pro Búsqueda cree necesario que el Estado se responsabilice de lo sucedido y que se reinstauren la verdad, la confianza, la libertad de expresión y la justicia.  

Más información: www.probusqueda.org