Entreculturas viaja a Líbano para conocer el trabajo educativo del JRS con refugiados sirios

Fue en el año 2008 cuando el JRS decidió iniciar su actividad en Siria y Jordania, fundamentalmente con refugiados urbanos de origen iraquí. Al año siguiente, extiende su intervención a Turquía, como país de destino y de paso hacia Europa de un gran número de refugiados provenientes de Irak, Irán, Afganistán y Sudán. Desde un principio, el trabajo se llevó a cabo de la mano de las comunidades jesuitas e iglesias cristianas, que ya venían trabajando con estas poblaciones olvidadas.


Ghada mira por la ventana las vistas de la ciudad de Jbeil, donde ha vivido durante
casi un año desde que su familia dejó Siria. / Foto: Andy Ash - JRS 

El JRS abrió centros comunitarios en Alepo y Damasco (Siria), Amman (Jordania) y Ankara (Turquía) que, según describen los refugiados, se convirtieron en su segundo hogar. En estos centros se ayudaba a las familias de refugiados y se pusieron en marcha las primeras actividades educativas.

En 2012, dada la gran crisis humanitaria generada por el conflicto en Siria, el JRS realiza un trabajo de emergencia en Damasco, Homs y Alepo, dando comidas diarias a unas 12.000 personas y distribuyendo kits de higiene, ropa, mantas, etc. Al ver que la situación no hacía sino empeorar, el JRS decidió extender su trabajo a Líbano debido al flujo masivo de refugiados que estaban llegando a este país.

 

Líbano, el refugio de más de 1 millón de sirios

Líbano, con una población de 4,2 millones de habitantes, registra a día de hoy 1.120.000 refugiados procedentes de Siria, lo que lo convierte en el país con el mayor número de refugiados per cápita del mundo. De hecho, en algunas ciudades cerca de la frontera con Siria, como Chebaa o Arsal, los sirios superan en número a los libaneses. "Para hacernos una idea, siguiendo esta proporción, ¡España debería acoger a 10 millones de refugiados y Alemania a 20! Sin duda, es admirable la capacidad de acogida y la tolerancia que demuestran los libaneses", señala Agustín Alonso, director de Entreculturas.

La crisis humanitaria de Siria ha provocado ya casi 3.000.000 de personas refugiadas (de las cuales, el 38% se han asentado en Líbano).

"A diferencia de otros contextos en los que acostumbramos a ver enormes extensiones de tiendas de campaña convertidas oficialmente en campos de refugiados, la realidad de Líbano es diferente. El drama y la pobreza se camuflan. La mayoría de los refugiados sirios que llegan a Líbano alquilan habitaciones, llegando a vivir en ellas familias enteras. O buscan un hueco en albergues abarrotados, en fábricas abandonadas o edificios medio derruidos... Son como arena que se infiltra entre los huecos de las piedras dentro de un bote", reflexiona Ramón Almansa, responsable de proyectos de Entreculturas.

 

Barriada de refugiados sirios en Kafaer Zabal (Valle del Bekaa), Líbano. / Foto: Ramón Almansa

"Como bien me hizo notar Tony Calleja (Director Regional del JRS en Oriente Medio), hay cientos de prendas en la ropa tendida de los edificios, eso es una señal del hacinamiento en el que están viviendo los refugiados. Un país como Líbano, de 4 millones de habitantes, ha absorbido de repente 1 millón de refugiados y llama poderosamente la atención que el país no se haya colapsado y siga funcionando. Pero esto no significa que no haga falta ayuda. Es a lo que me refería con la idea de que la pobreza se camufla... los sirios y los libaneses son pueblos hermanos, han vivido realidades muy similares, se adaptan en la convivencia y se ayudan... pero la dimensión del problema es verdaderamente grave", afirma.

 

¿Y qué pasa con la educación de los niños/as?

Según datos de UNICEF, entre los refugiados sirios de Líbano hay 400.000 niños y niñas, de los cuales solo unos 100.000 van a alguna escuela pública del país. Son varios los factores que dificultan la cobertura educativa de este colectivo: para empezar, y pese a que se estén habilitando segundos turnos en los colegios, Líbano no tiene capacidad para absorber este aluvión de "nuevos" alumnos; el coste del transporte y la inseguridad también influyen, además del hecho de que muchos niños y niñas sirios no hablan francés o inglés, los idiomas oficiales del sistema educativo.

Ante esta realidad, el JRS está creando escuelas para los niños sirios en zonas donde anteriormente no había oportunidades educativas disponibles, desde el valle de la Bekaa a la costa mediterránea.

 


Tras salir de la mezquita de Kfar Zabad, donde el JRS ha ubicado la escuela, os alumnos y alumnas suben
al autobús que los retorna a sus casas y los profesores los despiden hasta el día siguiente. / Foto: Ramón Almansa

 

 

 

 

En 2013, el JRS habló con Ghassan Lakkis, el imán de Jbeil, cuya mezquita también se utiliza para los cursos religiosos de verano. "El JRS vino en busca de un espacio para una escuela para los refugiados sirios. Lo hablamos y me entusiasmó la idea", dijo el imán.

Unos meses más tarde, el JRS estaba impartiendo clases de matemáticas, ciencias, inglés, francés y árabe a 150 estudiantes. No pasó mucho tiempo antes de que la escuela pusiera en marcha un segundo turno por la tarde, atendiendo a otros 150 alumnos. Los maestros y administradores son también de Siria, algunos son padres y madres de los mismos estudiantes. "El hecho de que tanto el alumnado como el equipo directivo y los docentes sean refugiados ayuda mucho a que se comprendan bien entre sí y puedan atender y entender mejor el dolor que han vivido los niños. Y eso se nota. Los pequeños se muestran alegres y extrovertidos, lo cual es una prueba de que el trabajo para superar el trauma está funcionando. En el fondo, casi sin darse cuenta, los sirios están reconstruyendo su país desde el exilio", declara Ramón.

 

        
 
Agustín Alonso, Director de Entreculturas, junto a los alumnos/as de la escuela
que el JRS gestiona en Jbeil. Foto: Ramón Almansa

 

 

La buena formación de los refugiados sirios y la consistencia de la propuesta educativa del JRS hacen que este sea proyecto una esperanza sólida para el futuro. "Pienso que la educación es de vital importancia para los desplazados o los jóvenes refugiados. Independientemente de la educación religiosa del niño, tenemos que poner a su alcance oportunidades educativas y culturales. Esto va a permitir que el niño crezca como miembro activo de la sociedad, que comprenda a los demás, y trabaje por la paz", dijo el imán Ghassan Lakkis.

Actualmente, el JRS gestiona en total 5 escuelas que atienden a 900 alumnos

 

Pincha sobre la imagen para ver el vídeo sobre la acción del JRS en Líbano.

 


La apuesta de Entreculturas por Oriente Medio

A comienzos de febrero, Tony Calleja -recién nombrado Director Regional del JRS en Oriente Medio-, nos habló de la pertinencia para Entreculturas de trabajar en Líbano con los refugiados sirios. "Nuestro plan es que, sin dejar lo que hacemos en Siria, aumentemos nuestro trabajo en educación en el resto de la región, especialmente en Líbano, donde hay más de un millón de refugiados de los cuales 400.000 son niños y jóvenes en edad escolar. El JRS está atendiendo a 900 niños/as, y eso no puede ser", manifestó.

A día de hoy, Entreculturas ha solicitado financiación a la Oficina de Acción Humanitaria de la Unión Europea (ECHO) para poner en marcha un "Programa de Aprendizaje Acelerado para los refugiados sirios en Líbano".

Este proyecto consistiría en poner en marcha un curso intensivo de 6 meses que preparase a los niños y jóvenes refugiados sirios en diversas materias (idiomas, matemáticas, ciencias, música, deporte e informática) con el objetivo de incrementar su inserción y su permanencia en las escuelas libanesas. La propuesta incluye también cubrir los costes de transporte y ofrecer apoyo psicosocial a los niños y niñas que presenten necesidades específicas (teniendo en cuenta las experiencias traumáticas que la mayoría de los refugiados sirios han experimentado a causa de la guerra). Se estima que este programa beneficiaría a unos 2.500 niños, niñas y jóvenes de entre 5 y 17 años (50% niños y 50% niñas), así como a 42 docentes, a quienes se les prepararía convenientemente para que el programa de aprendizaje acelerado resultase exitoso.

"Desde luego, es un proyecto que tiene todo el sentido. Cuando en Entreculturas y el JRS hablamos de diálogo interreligioso, hablamos precisamente de esto, de encontrar espacios comunes, de aparcar las diferencias y hacer prevalecer lo verdaderamente importante: la dignidad, la supervivencia y una educación que genere cambios y oportunidades de futuro", concluye Agustín. "Sinceramente, espero y deseo que esto prospere".