“El secreto del aprendizaje es el deseo de aprender” (Por Jorge Cela SJ)

El secreto del aprendizaje es el deseo de aprender. Cada uno lo tiene a su manera. El regalo mayor que nos pueden hacer es sembrar en nosotros el deseo de aprender. Más que los conocimientos aprendidos es esta pasión por conocer, por comprender, por transformar, que nos guiará toda la vida en la aventura de descubrir y crear novedad.

Nuestra labor en Fe y Alegría tiene que ser despertar el entusiasmo por el oficio de aprender. Y mientras más noble la motivación, mejores serán los resultados del aprendizaje. El deseo de conocer, de comprender, de crecer, de crear, de transformar, de mejorar, de compartir va aumentado el valor de aprender. Este deseo nos constituye en estado permanente de aprendizaje. Es una manera de ser que no se conforma nunca con lo logrado, que no se desanima ante dificultades o limitaciones. Es una manera de ser, una actitud ante la vida, que se aprende y se cultiva. Para el aprendizaje es importante la disciplina. Pero mucho más la motivación, el deseo.

Decimos que vivimos en la sociedad del conocimiento. La velocidad y profundidad de los cambios se han acelerado de tal modo que nos exigen vivir en continuo aprendizaje, más aún, en continua creación de novedad. No queremos ser sólo consumidores de lo producido por otros. Hoy el desarrollo pasa por esta capacidad de aprender e innovar.

En Fe y Alegría decimos que aprendemos a lo largo y ancho de la vida. Quiere decir que no miramos nuestra vida como dividida en etapas y confinamos el aprendizaje a una o varias de ellas. La vida es un proceso en el que aprendemos desde que nacemos hasta que morimos. Y no sólo en el espacio escolar, sino a todo lo ancho de la vida. Vivir es aprender continuamente.

Eso cambia nuestro concepto de continuo educativo. Solíamos aplicarlo a la visión de la educación como un proceso que tiene continuidad y cada etapa entronca con la siguiente. Por tanto las etapas no pueden pensarse como compartimentos estancos sin relación con la siguiente, ni como fines en sí mismas. Son siempre parte de un proceso. Esta nueva visión nos descubre que este proceso no está orientado a la última etapa, sino que coincide con la vida humana. El hilo conductor es la persona, el sujeto que aprende, y su finalidad es aprender a vivir a plenitud. Cada etapa educativa es un momento de este proceso. En este sentido, como nunca dejamos a prender, nunca pasamos a ser antiguos alumnos. Tenemos que cambiar el concepto de ex-alumno por el de compañeros y compañeras en una nueva etapa de aprendizaje. Ofrecer nuestros servicios de aprendizaje para toda la vida. Crear comunidades de aprendizaje en las que podemos participar permanentemente o entrar en cualquier etapa de nuestra vida. Comunidades que nos permitan crecer continuamente en las diferentes dimensiones de nuestra vida junto a otras personas.

Jorge Cela, S.J.
Coordinador General de la Federación Internacional de Fe y Alegría