Bolígrafos en lugar de armas en Chad

Acompañada por Maurice Joyeux, conoció el trabajo que allí realiza el (JRS) para formar a docentes y ayudar a niños y niñas que se han visto envueltos en conflictos armados para que puedan reintegrarse en sus familias y comunidades. 

Por Ashley Gagné, responsable de Comunicación del JRS África del Oeste

"Maurice y yo vimos velas encendidas en la oscuridad. La corriente eléctrica se había ido en Abéché, la ciudad al este de Chad donde incluso las velas apagadas se ablandan con el calor ambiental. ...Acompañé a Maurice, quien conoce a algunos de los 180.000 chadianos desplazados que se vieron forzados a dejar sus hogares por las incursiones armadas y la violencia interétnica en la frontera sudanesa. Maurice dirige el proyecto de formación de docentes en un campo de desplazados internos cerca de Koukou, a una hora de vuelo al sudeste de Abéché. A través de este programa, hombres y mujeres desplazados estudian para poder ser docentes reconocidos por el Estado. Su objetivo es educar a los niños y niñas durante el desplazamiento y reforzar las escuelas en sus lugares de origen cuando regresen a su hogar. Las necesidades educativas en el este de Chad son ingentes. Menos del 10% de los niños y niñas están alfabetizados y los docentes cualificados son muy escasos -durante el año académico 2005/2006 sólo había 37 docentes formados para 104 escuelas de primaria.

Al contemplar las velas encendidas en silencio, me pregunté cómo Maurice podía hacer frente a los inmensos retos, al clima hostil, a la ausencia casi absoluta de cualquier lujo. Su labor es preguntar a los docentes cuáles son sus necesidades y hablar con los niños y las niñas. Maurice está ahí para sentarse con los miembros de las asociaciones de padres, madres y docentes y con los hombres que construyen comedores donde alimentar a los niños. "Estar con" implica un cierto grado de soledad, especialmente para aquellas personas que trabajan en lugares con un profundo sufrimiento. Las relaciones personales son limitadas y no pueden ser de igual a igual en tanto que tú dejas el campo de desplazados al mediodía para comer y beber, sabiendo que los docentes de la comunidad que viven en el campo de desplazados no pueden hacer lo mismo.

Los estudiantes en el campo gritan al unísono junto a su profesor: "¡Lavaremos nuestras manos antes de comer!". "¿Cómo pueden aprender esta frase? si no entienden lo que dicen debido a la escasez de comida y agua", comenta un docente. Las raciones de comida en los campos de desplazados suelen ser insuficientes y distribuidas de forma irregular. En lugar de ir a la escuela o permanecer en la relativa seguridad de sus comunidades, las personas desplazadas tienen que ir a buscar agua y leña.

La aridez de la tierra a la que fueron empujados no es fructífera y se hace impracticable tras las estaciones lluviosas, haciendo el transporte de comida y de suministros muy complicado. Los refugios y las escuelas hechos de lona, barro y paja no siempre resisten a la climatología. A pesar de las inseguridades, la gente tiene esperanza. En Guéréda, una ciudad al este atacada por fuerzas armadas y amenazada por la inestabilidad política, vi a una mujer sosteniendo a su hijo del que la separaron durante un año. El hecho de que durante ese tiempo el niño hubiese estado en un grupo armado no significó nada cuando se abrazaron. En esta línea de esperanza, los docentes de las comunidades son padres que no terminaros la educación Primaria, pero que están deseando aprender con el fin de poder educar a sus propios hijos e hijas. "Queremos que sostengan bolígrafos en lugar de armas", nos dijo un padre.

No obstante, la esperanza no protege al cuerpo, al espíritu o a la mente del abuso. Además de inseguridad constante, el calor extremo y los limitados recursos afectan a la mayoría de las personas que viven en Chad, incluyendo a los trabajadores humanitarios. Las enfermedades físicas y emocionales son inevitables. El personal del JRS, como Maurice, trabaja y vive en áreas confinadas, con acceso limitado al transporte y a otros lugares. Eligen permanecer más de cuarenta horas a la semana con la gente. Separar trabajo y vida privada es muy difícil. "Estar con" requiere de las personas generosidad y equilibrio. Algunas veces te sientas alrededor de una mesa con personas del país y cantas las canciones que conoces. Otras, cuentas viejas historias o dejas que otras personas las cuenten y escuchas. Aunque nunca llegas a estar realmente fuera de tu hogar. Incluso a lugares remotos, llegan correos electrónicos e imágenes de la cultura occidental. El pasado colonial también está presente en muchas de las injusticias que combatimos, y que, a veces, te recuerdan a tu lugar de origen.

Los docentes de la comunidad que tratan de construir un futuro para los niños y las niñas tienen el derecho de no entender nuestras vidas y experiencias, al igual que nosotros nunca entenderemos las suyas. Aún así, se puede preguntar a la gente cómo les ha ido durante el día. Se puede estar ahí para escucharles. Se puede compartir el sufrimiento por la soledad y por la inseguridad con las personas refugiadas. Se debe estar junto a ellas para conocerse los unos a los otros y compartir la esperanza. La Esperanza da dignidad a la vida.

La autora agradece a Maurice Joyeux, SJ, Elise Joisel, y Guillaume Chagnon del JRS Chad, quienes le aportaron sus reflexiones para este artículo.