Sudáfrica, el reto de una vuelta al cole sin dejar a nadie atrás

Aunque marzo de 2020 comienza a parecer una fecha lejana, lo cierto es que aún hay seis países donde las escuelas permanecen totalmente cerradas y se contabilizan más de 43 millones de estudiantes afectados (un 2,8% de la población estudiantil mundial). En otros países, como es el caso de Sudáfrica, el alumnado está volviendo recientemente a las aulas dos años después del inicio de la pandemia. 

Tras un largo período de educación online y de una vuelta parcial a las aulas en días alternos, el Ministro de Educación sudafricano anunció, a comienzos de febrero, la vuelta al colegio total. Pero a pesar de esta buena noticia, lo cierto es que preocupa el número de estudiantes que se hayan podido quedar atrás debido a la pandemia.

 

Ya en la apertura parcial de las aulas en días alternos se vio una menor afluencia de alumnado en los colegios. Se estima que, entre abril y mayo de 2021, alrededor de 1 millón de alumnos y alumnas no regresaron a los centros educativos, lo que ha multiplicado por dos el porcentaje de hogares con niños y niñas en edad escolar que no van al colegio. Si antes de la pandemia en cada hogar había un niño o niña que no asistía al colegio, la media en mayo de 2021 pasó a situarse en 1,86.

Apoyando la educación para que nadie quede atrás

El descuelgue del sistema educativo es mucho más probable en población vulnerable, como son los niños, niñas y jóvenes refugiados. Desde Entreculturas, junto al Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) Sudáfrica, apoyamos su educación a través de:

  • Pago de matrículas escolares a estudiantes de primaria y secundaria, así como a aquellos con necesidades especiales.
  • Apoyo financiero para cubrir el material escolar a estudiantes de primaria y de secundaria
  • Apoyo financiero para pagar los uniformes de los estudiantes de primaria y de secundaria.
  • Apoyo financiero para cubrir el transporte escolar a estudiantes de primaria, de secundaria y a aquellos con necesidades especiales.
  • Realización de talleres de sensibilización sobre diversas cuestiones de género orientados al alumnado.
  • Incidencia  en las escuelas y sensibilización a las familias para acceder a exenciones de cuotas escolares y documentación necesaria para completar la matriculación.

Por su parte, el JRS cuenta con el Centro Arrupe, un espacio que contribuye a paliar los efectos de la pandemia en la educación de los estudiantes y, en el caso de los niños, niñas y adolescentes refugiados, les acompaña para que puedan adaptarse mejor al sistema educativo del país. En paralelo, este Centro provee de ayuda psicológica y de refuerzo educativo en horarios extraescolares, para que sus estudiantes no se sientan solos o apartados de la sociedad sudafricana.


 

William Mpulu, tutor del Centro Arrupe

Algunos de sus docentes han vivido la difícil situación que conlleva dejar atrás su país natal. Como por ejemplo William Mpulu, tutor del Centro Arrupe. Profesor de inglés, matemáticas y de estudios religiosos, huyó de República Democrática del Congo y llegó a Sudáfrica en 2007 pasando antes por Ghana; actualmente es demandante de asilo. Enseña matemáticas en el Centro del JRS y, por su experiencia, es perfectamente consciente de que cada vez más niños, niñas, madres y padres necesitan apoyo educativo adicional en los primeros años. ”En Arrupe recibimos a todo el mundo”, asegura.

 


 

Dierdre brinda apoyo psicosocial al alumnado que acude al Centro Arrupe

Dierdre es una de las últimas incorporaciones a la plantilla del Centro. Su labor consiste en brindar apoyo psicosocial al alumnado que acude a sus instalaciones, sin importar su nacionalidad. “Si eres congoleño, puedes ser congoleño aquí”, afirma con firmeza.
Otra de las tutoras es Mishael, una joven graduada como trabajadora auxiliar social que se encuentra ahora realizando prácticas en JRS Sudáfrica. “Más allá de atender sus necesidades físicas, en realidad estamos tratando de crear un espacio seguro para que los niños y niñas vengan y hablen sobre lo que sea que les pueda estar molestando”, nos cuenta.

 

Mishael en las instalaciones del Centro Arrupe

La pandemia y la situación de vulnerabilidad de las personas migrantes y refugiadas incrementa las posibilidades de abandono escolar, además de afectar psicológicamente a los niños y niñas, que sienten falta de apoyo en sus estudios, que notan que no pertenecen al país de acogida (por barreras lingüísticas, culturales, etc.) y que experimentan cierto desaliento para enfrentar los retos.

Iniciativas como las del Centro Arrupe dicen alto y claro a esos niños, niñas y jóvenes refugiados que no están solos ni solas, que pueden abrirse y contar sus preocupaciones, y, por encima de todo, que les espera un futuro lleno de oportunidades.

 

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