La realidad educativa en Venezuela

Nos acercamos a la realidad educativa y social de Venezuela en esta entrevista a tres voces de la mano de Yaika Webber, Ricardo Cabrero y Javier Izquierdo. Yaika trabaja en Fe y Alegría Venezuela, donde coordina el desarrollo de una unidad que tiene como misión apoyar, promover e impulsar el desarrollo de los 4 programas de educación, y Ricardo y Javier son técnicos de proyectos de Entreculturas, y trabajan como expatriados desde Venezuela.

Cuéntanos, Yaika, ¿cómo es el contexto que vive la infancia actualmente en Venezuela, en el que Fe y Alegría desarrolla su labor?

Yaika: Los niños, las niñas y adolescentes de Venezuela han sido grandemente impactados por la crisis. Somos un país que en los últimos 6 años ha estado expuesto a una emergencia humanitaria, a un fenómeno nuevo como la emigración, y esto se ha venido a agravar con los efectos de la pandemia. Los niños y niñas que atendemos desde Fe y Alegría, que están en situación de vulnerabilidad, sufren un fuerte impacto de la situación social y económica que tiene y ha tenido el país en los últimos tiempos. Ha estado muy afectado por los temas de alimentación y acceso a los servicios públicos.

Esta situación habrá tenido un impacto importante en su derecho a la educación.

Yaika: Sí. En todos estos fenómenos que se han venido encima a la sociedad venezolana, a los más vulnerables, los más pequeños, les impacta grandemente. Las dificultades de transporte, ya que cada vez es más difícil que puedan trasladarse de sus hogares a los centros educativos; la problemática que vive nuestro personal docente, que tiene un muy bajo ingreso por la labor tan grande que deben desarrollar, y hace que muchas veces que los centros educativos no encuentren personal necesario; el hecho de que a las familias vivan un mundo de problemáticas y el niño muchas veces se ve obligado a trabajar o a quedarse en su casa por dificultades de acceso y medios para poder desplazarse, alimentación, ropa, de calzado… Estos son los fenómenos que en Fe y Alegría vamos acompañando, atendiendo, como una gran red de solidaridad.

El profesorado, como comentáis, es un pilar fundamental en el derecho a la educación. ¿Podríais profundizar en su realidad actual en Venezuela?

Javier: El profesorado en Venezuela, como en cualquier otro país, es el pilar básico de la escuela. Antiguamente ser profesor o profesora en Venezuela conllevaba un estatus social y económico muy reconocido, pero ahora este estatus se ha visto reducido: el profesorado está trabajando de manera voluntaria, porque se les ha reducido muchísimo el salario. El sueldo de un profesor/a oscila entre 15 y 30 dólares mensuales. ¿Cómo afecta esto a los alumnos? Si no tenemos docentes, la oferta educativa se ve reducida: está habiendo mucha deserción del equipo docente. Por eso, desde Fe y Alegría y Entreculturas trabajamos para combatir esta situación. Por ejemplo, desde el proyecto financiado por ECHO (agencia de la Unión Europea) y desde el proyecto de la AECID estamos dando becas al profesorado, para contribuir a sus desplazamientos y alimentación. Se trata de una beca de 15-20 dólares que contribuye a reducir esa deserción.

Como comenta Javier, uno de los proyectos que Entreculturas y Fe y Alegría Venezuela están llevado a cabo es el financiado por ECHO. ¿En qué consiste? ¿Desde cuándo se lleva a cabo y de qué líneas de trabajo consta?

Ricardo: La primera fase del proyecto tuvo más que ver con seguridad alimentaria, y el proyecto que actualmente estamos ejecutando es un proyecto mucho más integral, de ayuda en emergencia, sobre todo de educación. Las líneas prioritarias son seguridad alimentaria, atención psicosocial, salud (a través de jornadas médicas), reducción de la brecha digital y mejora de las pedagogías. Y lo llevamos a cabo en 20 escuelas de 5 Estados de Venezuela: Anzoátegui, Miranda, Sucre, Táchira y Apure.

¿Cuál es el futuro de esta intervención? ¿A qué retos dará respuesta próximamente?

Yaika: Las zonas priorizadas para este tipo de proyectos siguen expuestas a grandes desafíos. El proyecto está en zonas geográficas donde la migración es un tema de gran impacto, de impacto negativo. Este tipo de apoyos van a permitir consolidar los procesos que contribuyen a que los niños, niñas y adolescentes considerados como los más vulnerables puedan tener permanencia escolar, asentar su formación y tener mayor calidad de vida. En definitiva, que puedan tener un acceso a la educación y que la comunidad educativa se quede más fortalecida, siendo capaces de asegurar el derecho de acceso a la educación, la justicia educativa que queremos.

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