En este 2021 se cumplen 30 años del nacimiento del Programa de Voluntariado Pedro Arrupe (VOLPA). Un aniversario muy especial para Entreculturas y para Alboan, ya que el voluntariado es una pieza clave de nuestras organizaciones; una herramienta fundamental y poderosa para cambiar el mundo y luchar contra las injusticias y desigualdades.

Desde su creación, en 1991, más de 1.000 voluntarios y voluntarias han formado parte de este programa. Son los llamados VOLPA, personas comprometidas e inquietas que se lanzan al encuentro de otras personas, culturas y pueblos a través de una experiencia que les transforma profundamente no solo durante el tiempo que permanecen en terreno (uno o dos años), sino de por vida. 

En este 30º aniversario, queremos poner palabras y miradas a estas personas. Queremos que nos muestren su camino lleno de  enseñanzas y lecciones de vida, del que seguro que nosotras y nosotros también tenemos mucho que aprender. Comenzamos con este artículo una serie de entregas donde las personas VOLPA y post VOLPA serán las protagonistas.

VOLPAs en Nicaragua

Ay Nicaragua, Nicaragüita / la flor más linda de mi querer - Carlos Mejía Godoy.

En esta primera entrega ponemos el foco en Nicaragua, el segundo país más empobrecido de América Latina y cuya situación económica, política y social se ha agravado con la pandemia de la COVID19. Este país centroamericano está en el corazón de numerosos voluntarios y voluntarias.

Una de ellas es Gemma López. Enfermera de profesión, participó en el programa apenas cinco años más tarde de su creación, en 1996. “Fui VOLPA en Estelí, en la Escuela Belén de Fe y Alegría. En concreto me pidieron que colaborara en la construcción de un dispensario médico que diera cobertura al alumnado de la escuela y sus familias, al equipo docente y a la comunidad más próxima”. De su estancia recuerda el proceso de encuentro con el pueblo nica: 

“Las personas dejaron de ser número y adquirieron rostro, vidas, historias…de las que yo llegué a formar parte, y ellos/as de la mía propia. Me cambió la mirada respecto al proceso de las migraciones forzadas: porque yo fui acogida siendo extranjera y porque viví el dolor de quienes ven partir a alguien con la esperanza de un futuro mejor en sus países de origen.  Aprendí a apoyar a las mujeres víctimas de violencia de género, sin juzgarlas, empatizando, estando…  Aprendí a respetar, pero también a respetarme,  a perdonar y a perdonarme”. 

Ya en 2013 Irene estuvo apoyando las actividades de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). Aunque basada en Matagalpa, se mantenía itinerante entre siete asentamientos rurales activando la participación comunitaria en poblados campesinos. Se encargaba de dinamizar actividades socioculturales con diversos grupos: infancia, juventud y mujeres. “El contenido de estas actividades fue planificado por los propios grupos. Tratamos temas como la violencia familiar, los derechos humanos, la igualdad de trato, la crisis medioambiental, el alcoholismo, etc.”

¿Cómo definirías tu experiencia? “Si tuviera que resumir aquel año en una palabra, esa sería crecimiento. Crecimiento intrapersonal, aprendizaje de la austeridad, apertura a otras realidades, acercamiento a otros modos de vida, desaprendizajes culturales… Estoy infinitamente agradecida de poseer esta vivencia para siempre en mi mochila vital. Forma parte de lo que soy ahora”.

Laura Flores estuvo en el Servicio Jesuita a Migrantes de Nicaragua en 2016 y 2017. Asegura llenó su mochila de aprendizajes pero también de muchas cosas que desaprender. Aprendió a “confiar y vivir en la incertidumbre; simplemente estar y escuchar, porque muchas veces es lo mejor que se puede hacer”. “Me imagino a mí misma como aquellos peregrinos que van haciendo etapas con la mochila cargada de aprendizajes, rostros y nombres. El camino sigue y no os quepa ninguna duda de que gracias a la etapa VOLPA y a cada una de las personas con las que me encontré, esta peregrina es hoy quien es”.  

Elena Cayeiro ha sido la VOLPA más reciente en Nicaragua, concretamente estuvo apoyando el Proyecto Samaritanas de las Comunidades Eclesiales de Base de Managua de donde tuvo que salir debido a las protestas contra el gobierno y el clima de inseguridad. Allí aprendió la palabra INHIJAMBIA, que significa mujer heroica y triunfadora, que defiende y lucha por sus derechos y sus sueños, que no se da por vencida, la que alcanza la luna para no dejarla ir nunca más.

“VOLPA me ha aportado nuevas formas de ver el mundo desde nuevas realidades, y por ello me ha dado también nuevas herramientas para transformarlo. Gracias a mi experiencia como voluntaria he podido aprender a ESTAR, tanto cerca de las personas como de mí misma, a estar para seguir creciendo, construyendo(me) y acompañando(me).”

Consulta la evaluación 'Historias de cambio' que realizamos con motivo del 25º aniversario de VOLPA.