Tengo 63 años. Soy profesora, doy clase de Biología y Geología en 4º de ESO. Además, soy voluntaria y Delegada de A Coruña. La formación es una de las actividades que más disfruto. Esto me ha permitido descubrir otros enfoques, otras visiones sobre el mundo. Siempre, al volver a escucharlos, profundizas un poco más, te reafirmas, aparecen matices que, unidos a tu propia experiencia, apoyan tus motivaciones. Es como si renovaras tu compromiso.

Recientemente realicé el Curso de Fronteras, aunque ya lo conocía por mi pertenencia a Entreculturas. En nuestra delegación un grupo de voluntarios y voluntarias estábamos haciendo este curso conjuntamente cuando surgió la oportunidad de seguir con él a través de sesiones online.

Hubo muchas cosas que me tocaron en diferentes momentos. El primer módulo me hizo reflexionar con algunas ideas: desde dónde miro la realidad; caer en la cuenta de que ya el punto de partida condiciona todo lo demás. Me cuestionaba,  ¿cuál es mi perspectiva? La necesidad de hacer silencio, parar el ruido, conseguir mirar con profundidad. 

Desde que el COVID-19 sorprendió al mundo, nos ha hecho pensar mucho en que la situación de las personas a las que servimos es especialmente dura, sobre todo aquellas que están en campos de refugiados, donde sus sistemas sanitarios son deficitarios y de economías de subsistencia. Y nos cuestionamos, ¿cómo afrontar una pandemia? ¿Cómo situarse ante la crisis económica? ¿Cuánto del terreno ganado se va a perder? ¿Y la educación?  

Quiero invitar a las personas estén interesadas o sientan curiosidad a hacer el curso de Fronteras, sabiendo que la transformación de nosotros como seres humanos es necesaria para la participación. Y para la transformación creo que es imprescindible la formación, el conocer las causas de las cosas y el conocernos a nosotros mismos para iniciar el cambio.