Gerardo Molpeceres forma parte de nuestra Delegación en Aragón. Tiene 53 años y lleva 15 como voluntario en Entreculturas: sus primeros pasos los dio haciendo voluntariado internacional a través de nuestro Programa VOLPA. Actualmente está en el equipo de formación y voluntariado de Zaragoza, trabajando tanto con voluntariado local como internacional.

El contexto que estamos viviendo en las últimas semanas a causa del Covid-19 está afectando a muchas de nuestras dinámicas de trabajo. ¿De qué manera os estáis organizando?
La Delegación mantiene el modo de funcionar, con los equipos de trabajo y reuniones cada 4 o 6 semanas del equipo completo. Claro, ahora no nos podemos reunir y lo hacemos todo por videoconferencia. El reto está en trabajar sin contacto personal, que es tan importante. Además, la actividad presencial se ha parado toda, no podemos ir a los colegios ni organizar charlas, visitas ni exposiciones.  Todo es “virtual” y echamos en falta el contacto humano.  En mi equipo, por ejemplo, que es de formación y voluntariado, cuando quedamos para acompañar por videoconferencia a las personas voluntarias no es lo mismo.

¿Qué oportunidades nuevas habéis descubierto?
Me llama la atención que se ha fortalecido la relación entre las Delegaciones. Al hacerlo todo virtual, hemos podido aprovechar el curso de fronteras que se hizo online, o las sesiones formativas. Hoy mismo, por ejemplo, he compartido un café virtual con un voluntario de Zaragoza, que está en Brasil, y lo ha organizado la Delegación de Extremadura. En estos encuentros y seminarios te ves la cara con más gente y percibes que Entreculturas es más que nuestra Delegación. El lanzamiento de la canción de Rozalén creo que también nos unió a todos… Yo, por lo menos, lo sentí así…

Otra oportunidad la veo en el campo de la Ecología y la Justicia Socioambiental, porque esta experiencia del confinamiento ha cambiado la percepción que la sociedad tiene del problema y ahora lo vemos como un problema nuestro.

¿Qué aspectos de vuestro trabajo en equipo destacarías?
Me ha llamado la atención las posibilidades que tienen las videoconferencias de “profundizar”. Es verdad que se pierde el contacto humano, pero permite profundizar, expresar emociones profundas y participar en grupo. Recuerdo una reunión de toda la Delegación que dedicamos a pensar sobre la carrera del próximo año para intentar mejorar, y me llamó la atención la riqueza de ideas y aportaciones.

¿Habéis generado alguna iniciativa o dinámica nueva a raíz de estas nuevas circunstancias?
Estamos preparando un vídeo de presentación de la Delegación para convocar a más personas voluntarias. También un boletín con las actividades que hacemos a la Delegación, dirigido a la base social en Aragón. Y una campaña que hicimos de difusión de la canción de Rozalén, que consistió en colgar carteles en los portales y ascensores de nuestras casas, para que los vecinos la conociesen y escuchasen. Estamos pensando cómo podría ser, al año que viene, una carrera virtual si llega el mes de febrero y la situación de la epidemia no ha mejorado.

¿Cuál sería vuestro mensaje para las personas vinculadas a Entreculturas en Aragón?
Pues que tenemos dos retos: uno es mirar más allá de Europa, ocuparnos y preocuparnos por la situación de los países del Sur, por lo que está pasando en África o en Centroamérica de modo que nos afecte y nos active. El otro es ser responsables en la “vuelta a la normalidad”: muchísima gente vinculada a Entreculturas lo ha dado todo y se ha dejado la piel en hospitales, servicios públicos, o donde nos ha tocado. Ahora viene lo más difícil, que es mantener el esfuerzo bastantes meses más, minimizar los contactos aunque suponga sacrificio y la epidemia “pase de moda”. 

Y las personas que os animéis y queráis ser voluntarias de Entreculturas en Aragón ¡tenéis las puertas abiertas!