Me llamo Ángel y ya son más de dieciocho meses los que llevo colaborando con la inestimable labor que realiza Entreculturas. Por todos y todas es sabido en esta organización cuál es nuestra utópica misión: plantar las semillas de lo que será una futura educación de calidad; una educación universal, gratuita y obligatoria en valores tales como la igualdad, la solidaridad, la paz, la tolerancia y el respeto al medioambiente.

Podría enumerar y alabar las múltiples actividades que ha llevado, lleva y llevará a cabo Entreculturas en favor de lo que es justo, pero creo que ya quedan bien reflejadas en la página web de la organización. A mí, sin embargo, me gustaría detenerme en un elemento que habitual e injustamente pasa desapercibido. Un elemento sobre el que el Papa Francisco, en aquel discurso que envió a toda Entreculturas este año, estableció el foco: los y las miembros de nuestro voluntariado.

Durante mi experiencia como colaborador de Entreculturas he tenido la oportunidad de conocer a personas maravillosas, no solo dentro de mi delegación, sino también en los encuentros. Gente buena, solidaria e implicada en la causa. Personas motivadas que, en contra de las escépticas creencias que imperan hoy en día, se levantan cada mañana con la única pretensión de echar una mano para hacer de este mundo un lugar mejor. Sería, por tanto, poco honrado por mi parte no reconocer que la gente que he tenido la oportunidad de conocer me ha dejado fascinado.

Entreculturas está formada por variopintas piezas, todas y cada una de las cuales cumplen una función. Personas que, pese a las enormes diferencias entre ellas, conviven y se interrelacionan en armonía. Quizá peque en orgullo, pero creo que Entreculturas es, en el fondo, aquello que pretende crear. Somos un microsistema en el que, como bien expuso el Papa Francisco, no hay lugar para la exclusión. Desde las personas mayores hasta las más jóvenes pueden contribuir y aprender unas de otras. Nadie es inútil si posee la intención de ayudar. Y por supuesto, Entreculturas es, como su propio nombre indica, multicultural; un lugar en el que toda nueva perspectiva es bienvenida, porque nos ayuda a enriquecer nuestra visión de la vida.

Personalmente creo que nadie es perfecto y que, precisamente por eso, dependemos de otros y otras. Para llegar a donde no podemos llegar en solitario, para hacernos sentir mejor cuando perdemos la esperanza y para recordarnos lo que de verdad importa. Por todo esto, mi deseo para el año que está por llegar es que sigamos juntos y juntas por mucho tiempo. ¡Felices Fiestas, camaradas!