Mi nombre es Rafael García. Todos los seres humanos tenemos, en cierta manera,  inoculado el gen de la ayuda a los demás, que vamos satisfaciendo en nuestro ámbito y de acuerdo a las circunstancias de cada momento de nuestra vida. Este sentimiento es más intenso en unos que en otros, y se manifiesta también de una manera distinta en las personas.

En mi caso, al irse aproximando la edad de jubilación y paralelamente disminuir mis obligaciones de ayuda en el terreno familiar, busqué en diferentes organizaciones posibilidades de colaboración donde mis conocimientos y experiencia se pudieran  capitalizar desde una perspectiva en el que el tiempo que dedicara a esa colaboración tuviera una dimensión de permanencia en el tiempo inteligente. Es decir “sirviera para algo y quedara”.

En Entreculturas he encontrado esto, pues su objetivo de proporcionar educación de calidad en la frontera es más “enseñar a pescar, que dar pan”. Es por ello un objetivo  a medio y largo plazo, inteligente, centrado en la persona y que al estar centrado en ella, posibilita la transformación social. Además, está dirigida por una organización, los jesuitas, con siglos de experiencia y prestigio en el medio educativo.

Soy voluntario de la sede central de Entreculturas, con poco más de un año en el departamento de Campañas y Marketing. Trabajo en el equipo de Raquel, y mano a mano con Lola y Nacho, y estoy encantado.