Mi nombre es Ana García Borrego. Hace ya más de 18 años que mi familia y yo empezamos este camino largo e intenso junto a Entreculturas, con la que hemos crecido, de la que tanto hemos aprendido y, sobre todo, con la que hemos compartido y vivido mucho a nivel humano.

Recuerdo las primeras visitas de Juan Carlos Gil y Cristina Manzanedo hablándonos del proyecto de Entreculturas en España y de la creación de las Delegaciones Provinciales, de la que mi esposo Gonzalo y yo fuimos partícipes desde el inicio. Gonzalo, por su parte, ya conocía el trabajo de Fe y Alegría, puesto que él y otros compañeros voluntarios habían estado en algunos países de America Latina, como Honduras, donde se conoce lo importante que era allí es la labor de esta organización. 

Como familia creyente, pensamos que era un proyecto precioso, ya que unificaba el trabajo de Fe y Justicia que para ambos es inseparable, y además, tenía que ver con nuestra vocación desde la educación.

Gonzalo y yo empezamos cuando aún éramos novios. Después de casarnos en 2002, llegaron María en 2004 y Cristina en 2009, ambas socias desde muy pequeñas de Entreculturas, por ello, a donde vamos, decimos que somos una familia “entreculturera”, porque tanto ellas como Gonzalo y yo, hemos crecido en los encuentros anuales, en las actividades de la Red y en cada reunión de la delegación.

Entreculturas nos recuerda lo afortunadas que somos, a pesar de todas las dificultades. Entreculturas es una voz interna que te dice que siempre podemos seguir luchando por una Silla Roja más para todos esos niños y niñas que no pueden estudiar, o para que las mujeres tengan las mismas oportunidades. Nos recuerda que la defensa y la dignidad de los que no la tienen debe estar en la agenda de cada uno de nosotros.

Comparto con ustedes esta frase que describe nuestro paso por Entreculturas: “Estoy pensando en ustedes, en los que vendrán, los que no conozco, pero amo…” (P. Vélaz SJ)