¡Seguimos de celebración! Este año conmemoramos el  treinta aniversario del Programa de Voluntariado Pedro Arrupe (VOLPA), una fecha muy especial para Entreculturas y Alboan. Desde su creación, más de mil voluntarios y voluntarias han formado parte de este programa que ha sido motor para que personas inquietas y comprometidas vivan una experiencia transformadora, no solo durante el tiempo en los proyectos, sino de por vida. 

En este 30º aniversario, queremos poner palabras y miradas a estas personas. Queremos que nos muestren su camino lleno de  enseñanzas y lecciones de vida, del que seguro que nosotras y nosotros también tenemos mucho que aprender.  En esta ocasión viajamos a Kenia gracias a los testimonios de Cristina Caravello y Javier Bernabeu. Kenia es un país de África oriental que hace frontera con Uganda, Tanzania, Etiopía, Somalia y Sudán del Sur. En él conviven 46 millones de personas y es una de las principales economías africanas. Uno de los problemas del país es la escasa seguridad laboral, muchas personas trabajan como jornaleros  con economías “al día”. En Kenia se valora mucho la educación y poder ir a la universidad, pero incluso teniendo un trabajo para el que necesitan estudios viven con lo justo para un mes. 

La decisión de ser VOLPA 
El camino que les llevó a hacer VOLPA fue parecido, ambos acababan de terminar el máster de profesorado de secundaria. Cris sentía el deseo de conocer lo que el alumnado migrante experimenta todos los días en el aula. “Quería acercarme a una realidad con códigos culturales y sociales completamente desconocidos, contando solo con mis recursos personales para entender desde dónde miro y vivo en el mundo y qué se siente cuando las personas a tu alrededor tienen otra visión y concepto del mismo, para atender mejor a mis alumnos y alumnas”. Mientras tanto Javi buscaba salir de su tierra para ir al encuentro de otra cultura “abrir mi perspectiva del mundo, compartir mis talentos…”. 

La experiencia
Cris vivió VOLPA  en  2016 y Javi un año después y se quedó dos años. Ella estuvo en Kangemi, uno de los slum (barrios informales) de Nairobi. Trabajó en un proyecto de escolarización para los niños y niñas más vulnerables de la zona. Muchos no habían tenido acceso al sistema educativo o sólo durante breves periodos. En el proyecto se ofrecen becas para que puedan estudiar y se atiende de manera integral las necesidades psicosociales y fisiológicas de los menores y las  familias. Además de acompañar en el aula a los niños y las niñas también apoyaba a la trabajadora social, la acompañaba a visitar a las familias, para escuchar y atender sus necesidades. 


“Lo más emocionante, para mí, fue ser testigo de la profunda transformación que experimentaban estos niños a lo largo del curso escolar gracias a la atención y al cuidado del equipo de profesoras, abuelas-cocineras, padres y madres que se involucraban en el proyecto. A los niños y niñas les cambiaba la mirada, su risa sonaba distinta. Se desprendían del miedo, de la vergüenza, para recuperar la frescura típica de su edad. Haber podido estar y acompañar este proceso me sigue emocionando mucho hoy en día”. 

Javi colaboró también con el programa Upendo en Kangemi, uno de los muchos proyectos de desarrollo que la parroquia Saint Joseph The Worker tiene en la zona y colaboró también en el colegio de secundaria Saint Joseph Technical Secondary School donde trabajaba como profesor. Participó en el coro de jóvenes de la parroquia donde hizo grandes amigos y se sintió muy acogido.


Los aprendizajes
“Si ahora tuviera que describirme ante una persona que no me conoce empezaría diciendo que mi piel es blanca (¡y tiene lunares!), que mis padres están vivos ( una de las primeras preguntas que me hacían los niños de Kenia al conocerme), que tengo la suerte infinita de que si estoy enferma puedo ir a un hospital, que he tenido una infancia feliz y despreocupada”, cuenta Cris, que describe VOLPA como una experiencia que ha transformado y descolocado la forma en la que se mira y se relaciona con los demás. El tiempo en Kanguemi le ayudó a descubrir fortalezas y debilidades que desconocía,  y a soltar con paz otras que en el contexto no le funcionaban.

Javi recuerda con cariño el valor de celebrar, cantar y bailar por aquello que da sentido a la vida y recuerda la transformación que comprobó en los niños cuando se les devuelve la posibilidad de jugar con otros. Recuerda esos dos años llenos de sentido, de entrega y de encuentro con los demás y consigo mismo. Desde sus luces y sombras. “Volpa ha sido un regalo muy grande en mi vida”. 

Tanto Cris como Javi tienen muy presente a Kenia en su día a día. Al echar la vista atrás Javi recuerda “mucha vida muy intensa: por dentro y por fuera. Siento el valor de vivir sencillamente. Siento cómo es ser acogido cuando uno viene de fuera y también cómo es ser discriminado. Siento el valor de estar con alguien sin tener que hacer nada más que pasar un rato juntos”.  Cris guarda rostros, gestos y momentos compartidos. Recuerda intensamente “la humanidad en su lado  más desgastante (el choque cultural, la barrera del color de la piel y de su peso histórico-social, el gap de género) y de fraternidad, en las alegrías y preocupaciones compartidas, la nostalgia, la celebración de la vida”.

30 años de voluntariado internacional VOLPA
En las pasadas entregas compartimos testimonios inspiradores de  Guatemala,  Nicaragua, Chile,  Honduras, Chad y Burundi. Desde su creación, en 1991, más de 1.000 voluntarios y voluntarias han formado parte de este programa. Son los llamados VOLPA, personas comprometidas e inquietas que se lanzan al encuentro de otras personas, culturas y pueblos a través de una experiencia que les transforma profundamente no solo durante el tiempo que permanecen en terreno sino de por vida.