Sheila, VOLPA en Paraguay

Conocí el programa VOLPA de Entreculturas en 2015 a través de una amiga. Siempre había querido hacer un voluntariado internacional (pues ya colaboraba con voluntariados en Madrid) y este fue el momento de dar el paso.

Tras la formación de rigor, que me ayudó mucho a tener las ideas más claras, llegué a Paraguay en octubre de 2016. El paisaje me pareció asombroso y su gente, más. Me sentí acogida desde el primer momento. Al principio viví en una zona rural en San Ignacio, Misiones, donde estuve trabajando con el CEPAG (Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch) realizando talleres de igualdad de género y conversatorios con mujeres, jóvenes y adolescentes a fin de concienciar acerca de la desigualdad de género y la violencia hacia las mujeres. 

Después, con Conamuri (Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas), tuve la oportunidad de integrarme en una familia del distrito de Itapúa, donde mi tarea era conocer en qué consiste la vida campesina y acompañar a las mujeres para visibilizar los trabajos del hogar que no son valorados (cocina, cuidado de animales, limpieza, huerta...). También colaboré en el área de gestión de proyectos y en la logística de la Escuela de Mujeres.

Es muy difícil contar en tan poco espacio una experiencia tan intensa. Este año que he pasado en Paraguay me ha servido para darme cuenta de que existen otros modos de vivir muy interesantes. La vida campesina es muy dura, pero maravillosa, e implica una filosofía donde lo comunitario está en todos los planos del día a día: existe una enorme cohesión entre los miembros de la comunidad y el funcionamiento responde a una red de solidaridad forjada desde hace años. Ha sido una suerte conocer esto de primera mano.