Rocío Garrido: VOLPA en Bolivia

Cuando comentaba entre mis amigos y familiares que iba a venir a América Latina lo primero que me decían es que sería un viaje a una tierra geográficamente muy diversa, con una gastronomía muy diferente a la mía, un clima más intenso..., incluso una cuestión cultural; pero nunca se pararon a pensar que sería un viaje con epicentro en las personas: un viaje al esfuerzo en entenderse más allá del uso de un idioma común; un viaje a la paciencia mutua, a los tiempos y los espacios con tendencia a menguar y a extenderse sin límite, al cambio en la expresión de los afectos y los defectos; un viaje a la constancia, a la serenidad, a la espera.


Me llamo Rocío y llegué a Cochabamba (Bolivia) el día que se bloqueó el Aeropuerto de Madrid por nieves y se desbordó el río Taquiña en Tiquipaya, provocando inundaciones en viviendas y calles a unas manzanas de lo que iba a ser mi casa durante el siguiente año. Al llegar me esperaba Alfredo, con los ojos tan abiertos como le permitía el madrugón, porque solo tenía como referencia para encontrarme una foto en su whatsapp tomada unos minutos antes de mi salida. Pero nos reconocimos, y así comenzó el 6 de febrero de 2018 una larga cadena de detalles inolvidables y casi imperceptibles. Mis estudios de Psicología no te preparan para este comienzo, pero así fue como inicié mi experiencia en Fe y Alegría, con el clima en contra y las personas a favor.


Este viaje promete ser un homenaje al valor inmenso de lo pequeño, de los lazos que se tejen día a día, de los detalles que pasan inadvertidos para aquellos que viven solo de altavoces y neón. Absténgase de ser VOLPA todo aquel que guste de tener cámaras y flashes, que viven su vida en un “muro” en la red; aquí se viene a respirar de la inmensa belleza de los milagros cotidianos. Si eres de estos últimos, no dudes en venir. Si eres de los que crees que una escuela transforma la vida de una persona y que las personas transforman las escuelas y sus comunidades, éste es tu sitio.