José Ángel y Ester, VOLPAS en Guatemala

Me llamo José Ángel Espinar, tengo 40 años y soy maestro. Mi pareja se llama Ester Lapuerta, tiene 36 años y es médico de familia. En numerosas ocasiones a lo largo de nuestra relación hemos hablado de realizar un proyecto de vida común con un enfoque solidario, aunando Sanidad y Educación. A los dos nos llena de ilusión y felicidad poder cumplir una acción voluntaria de entrega y ayuda a los demás, por eso decidimos embarcarnos en el Programa VOLPA de Entreculturas.
 
Tras la formación, que nos pareció muy adecuada y muy bien estructurada, llegó nuestro destino: Guatemala. Los primeros días fueron de muchos cambios (distinto huso horario, comidas, costumbres) pero, desde el primer momento, nos hemos sentido uno más de la familia de Fe y Alegría.
 

En mi caso, al llegar, recién había terminado el curso en el Colegio Fe y Alegría nº 49, por lo que estuve ayudando en la celebración de las graduaciones del alumnado y tuve la suerte de participar en unas formaciones sobre “buenas prácticas docentes” que se celebraban en esa fecha. También ahora voy a recibir una formación específica sobre “Responsabilidad Social a través del Deporte” para actuar como observador en la aplicación de dicho programa en 10 escuelas multigrado de Fe y Alegría en las comunidades de Santa Lucía La Reforma.
 
Ester, por su parte, está colaborando en el Programa de Salud de la Parroquia de Santa María de Chiquimula. Tres días en semana visitan las comunidades de la región en el marco de un programa de salud materno-infantil, controlan el desarrollo nutricional de los niños y ofrecen talleres de formación a las mamás. Otros dos días en semana pasa consulta de medicina general en la clínica parroquial.
 
El ritmo de vida “acá” es más tranquilo y todo va más despacio. Una de las cosas que más nos ha sorprendido es la forma de vivir, nos vamos dando cuenta de que no hacen falta tantas cosas materiales para disfrutar de un buen nivel de vida, ni para ser felices. Aquí estamos teniendo la oportunidad de dedicarnos tiempo a nosotros mismos y a las personas que comparten nuestro día a día, sin carreras y sin prisas… Esto ya da valor a la experiencia. Una experiencia que no ha hecho más que empezar y que ya sentimos que nos está enriqueciendo. Estoy convencido de que a lo largo de este año en Guatemala voy a recopilar un montón de herramientas con las que luego poder transmitir a mis alumnos reflexiones y valores que se están perdiendo. Me gustaría poder ser un agente transformador a mi regreso. Al final, uno viene deseando ayudar y mejorar las cosas pero, como dice Ester, sospecho que los que más aprenderemos somos nosotros...