Fernando Molsave Martínez

Delegado de Enreculturas y profesor

Conocí Entreculturas en el año 2006. Tras llegar en 2005 de Perú y empezar a trabajar en el IES Castillo de Cote, de Montellano, aquí en Sevilla, un día planteé en una clase de 3º de la ESO el colaborar con una escuelita de la selva peruana. Entonces una chica, que venía de la SAFA del pueblo, me habló de la RED Solidaria de Jóvenes. Fue el momento en el que contacté con el entonces técnico que llevaba la RED y, a raíz de ahí, Entreculturas y yo empezamos a conocernos, surgiendo una linda amistad y un cierto flechazo también, para qué negarlo.

El ser profesor surge en mi vida de una clara vocación por la Educación. Y esta vocación surgió en su momento de la experiencia directa con el mundo de la exclusión social. Y fue también una chica, curiosamente, la que me hizo reaccionar. En este caso una niña chabolista, del entonces poblado gitano de Pitis, en Madrid. Filomena. Tendría no más de 10 años cuando empezamos a trabajar con ella. Analfabeta. Nunca había ido a la escuela. Sin embargo, su interés por aprender era inusual. Sin ser consciente del futuro que le esperaba, Filomena quería estudiar periodismo como sus monitoras. Chabolista, gitana, pobre, mujer, analfabeta… muy complicado lo tenía. Sobre la realidad, desde el contacto directo con esta exclusión social, tomé conciencia de que sólo la Educación era la salida. La Educación como proceso que posibilita el que la persona tenga las herramientas necesarias para ser la protagonista de su propio desarrollo. Y al mismo tiempo, la Educación como proceso que posibilita el que las sociedades, las comunidades, apuesten por el desarrollo humano que sus miembros necesitan.

Desde estos planteamientos, al conocer Entreculturas conocí a una organización (un grupo humano, muy humano) que apostaba de forma clara por la Educación como factor fundamental de desarrollo, de las personas y las comunidades en clave solidaria. Y esto es lo que más me convenció de Entreculturas y por la que me involucré con ella.

Y, en estos momentos de crisis, creo que es cuando más debemos asumir nuestro compromiso y nuestra responsabilidad, entendiendo la educación (tanto aquí como en los países todavía más desfavorecidos) como la verdadera oportunidad de romper el círculo de la pobreza y establecer un nuevo orden de valores.