PROGRAMA DELEGACIÓN EXTREMADURA: APOYO A LAS PERSONAS REFUGIADAS Y DESPLAZADAS

Millones de personas en el mundo se ven obligadas a abandonar sus hogares y desplazarse hasta otras regiones o refugiarse en otros países como consecuencia de conflictos armados, persecuciones religiosas, étnicas, hambrunas o catástrofes naturales. La población desplazada forzosamente ha ido aumentando en los últimos años hasta llegar a la cifra más alta de la Historia: 65,3 millones de personas

En el documento de Políticas de Cooperación Internacional de Entreculturas se incluye entre las modalidades de acción el trabajo en acción humanitaria, que ha ido ganando peso en la actividad de la organización con el paso de los años.

Esta línea de trabajo, que complementa nuestra labor de cooperación para el desarrollo, comprende dos ejes: 

  • Ayuda de emergencia proporcionada con carácter de urgencia: consiste en la provisión de bienes y servicios esenciales para la supervivencia inmediata y la atención de primeras necesidades (alimento, agua, atención sanitaria…)
  • Ayuda humanitaria ligada a procesos de rehabilitación en un sentido amplio: esta línea de trabajo se concreta en el acompañamiento y defensa de personas refugiadas y desplazadas, la recuperación de sus medios de vida y la rehabilitación de servicios sociales básicos, principalmente los educativos, vinculados al desarrollo.


SUDÁN DEL SUR, LÍBANO Y MÉXICO
TRES EJEMPLOS DE NUESTRO TRABAJO CON PERSONAS REFUGIADAS Y DESPLAZADAS

Tras su independencia de Sudán en 2011, Sudán del Sur se convirtió en el país más joven del mundo. Sin embargo, lejos de alcanzar la paz tras la secesión, empezó a experimentar sus propios conflictos internos a raíz de las disputas políticas entre sus líderes. Tanto es así que, en la actualidad, más de 1 millón de personas han huido del país buscando refugio en los países vecinos y otros 1,7 millones se han desplazado a otras zonas de Sudán del Sur algo más seguras.

El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), la organización en el terreno cuya labor apoyamos desde Entreculturas, trabaja en el condado de Maban, ubicado en el Estado del Alto Nilo, al noreste del país. En esta zona confluyen tres poblaciones diferentes: más de 130.000 personas refugiadas sudanesas que se encuentran ahora atrapadas entre las dos guerras, más de 15.000 personas desplazadas internas sursudanesas y la propia población local (65.000 personas aproximadamente).

Como no es difícil de imaginar, en medio de esta situación se producen fuertes tensiones entre unas poblaciones y otras a consecuencia de los recursos escasos y de las débiles estructuras básicas que comparten. La intervención del JRS procura equilibrar la atención de las necesidades y garantizar una convivencia pacífica entre refugiados, desplazados y población local, desde la perspectiva de priorizar siempre a los más vulnerables y promover la actividad educativa en torno a la cual reforzar la comprensión, el apoyo psicosocial y las oportunidades de futuro.

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Desde 2011, la violencia en Siria ha obligado a salir del país a 4,8 millones de personas. Líbano es uno de los países que más población siria acoge, en concreto, según los datos más recientes de OCHA, Líbano acoge en estos momentos a más de 1 millón de personas refugiadas procedentes de Siria. De ellas, 482.608 son niños, niñas y jóvenes menores de 18 años de los cuales, aproximadamente, el 50% no tiene acceso a la educación.

En 2014 el Gobierno libanés puso en marcha una estrategia para dar acceso a la educación a los niños y niñas refugiados en el país: Reaching All Children with Education (RACE). Sin embargo, lo cierto es que este programa no está llegando en la práctica ni a la mitad de los menores sirios en edad escolar que viven en el Líbano.

Otro problema fundamental es que la propuesta no ha contemplado la alineación entre las capacidades educativas de los estudiantes refugiados sirios y los requisitos del plan de estudios del Líbano. Los pequeños se enfrentan a barreras lingüísticas significativas (en Líbano se imparten ciertas asignaturas en inglés y francés). Estos obstáculos, además de la falta de espacio disponible, los costes de transporte, la discriminación y el acoso, las cuestiones sociales y económicas, así como los reglamentos de inscripción impredecibles, son los principales obstáculos para la inscripción y asistencia de los niños/as sirios a la educación formal y no formal que se imparte a través de las escuelas públicas.

Ante esta situación, el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) -junto a otras agencias humanitarias en el país- colabora con el Gobierno para conseguir una mayor oferta educativa y permitir que un mayor número de niños y niñas refugiados sirios se incorporen al sistema escolar. Además, el enfoque del JRS pretende ser holístico y, además de apoyar las necesidades educativas específicas de los niños sirios para la adaptación al plan de estudios del Líbano, ofrece el apoyo nutricional y psicosocial que los niños y niñas requieren para prosperar en la escuela, así como apoyo de transporte y de higiene, intentando asegurar de esta forma la asistencia regular a la escuela. 

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“Huimos del hambre y la inseguridad”, explica María, una mujer hondureña en su paso por México hacia Estados Unidos. Este es el clamor sentido de las más de 200 mil personas centroamericanas que se ven forzadas a emigrar cada año. La distinción entre personas migrantes víctimas de la exclusión económica y aquellas que escapan en busca de refugio es cada vez más difícil, pues en muchos casos la crisis económica, la violencia, la persecución y la reunificación familiar son factores que van de la mano y obligan a miles de centroamericanos a dejar su país de origen. Lo cierto es que migrar es cada vez menos una elección libre y más una opción impuesta. 

En los últimos años se ha incrementado significativamente el número de solicitantes de asilo y refugio provenientes principalmente de Guatemala, El Salvador y Honduras, el llamado “triángulo norte de Centroamérica”. En 2015, 108.263 personas de este territorio, que no tiene más de 30 millones de habitantes, son refugiados o solicitaron refugio. Solo en el primer semestre de 2016, 39.227 personas tuvieron que huir de alguno de estos tres países y solicitar protección internacional. 

La mayoría de quienes emigran lo hacen a la “ruta del Norte”, hacia México y Estados Unidos. El endurecimiento de las políticas migratorias en estos países, sumado al escenario de violencia y criminalidad en México, ha hecho de ésta una de las rutas más peligrosas del mundo, y ha colocado a la población migrante en una situación de mayor vulnerabilidad y víctima de atropellos a su integridad física, psicológica y sexual. Como dijo el Papa en su visita a México en 2016: "Un paso, un camino cargado de terribles injusticias: esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio de tráfico humano, de la trata de personas. Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias….”  

Ante esta realidad, hace 15 años la Compañía de Jesús en Centroamérica impulsó la Red Jesuita con Migrantes de Centroamérica (RJM-CA), a través de la articulación de 12 obras de la Provincia, incluidas Universidades, parroquias, centros educativos, centros sociales, Fe y Alegría, que caminan de la mano desde diversas dimensiones de trabajo. La RJM sostiene que toda persona tiene derecho a vivir, trabajar y realizarse humanamente y en plenitud en su lugar o país de origen. Pero cuando ello no es posible, tiene el derecho a buscar mejores condiciones de vida fuera de su lugar de origen.

Una de las estrategias clave de la RJM en Centroamérica y Norteamérica es procurar el acompañamiento integral a lo largo de la ruta migratoria de las personas que se ven obligadas a dejar sus países y son más vulnerables a sufrir abusos y violaciones a los derechos humanos. La red juega un papel importante también en la atención a hombres, mujeres, niños y niñas que salen del país por la violencia para solicitar refugio.

Ante los apremiantes desafíos que el contexto migratorio de la región presenta, la Red Jesuita con Migrantes sigue creyendo firmemente que mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, y trabajando en red, puede cambiar muchos mundos. 

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