Una década canalizando la solidaridad de miles de jóvenes

De los y las jóvenes de los primeros años nos quedan testimonios sobre cómo la experiencia de su paso por la Red ha configurado en buena medida su persona y sus opciones. Nos cuentan cómo influyó en la elección de sus estudios, en su compromiso social, en definitiva, en su manera de mirar la realidad y de posicionarse ante ella.

En 2001 comenzaron 60 jóvenes en Sevilla... El 2011 nos despide con más de 2.300 jóvenes, 215 docentes y 130 centros educativos en una decena de comunidades autónomas. El crecimiento, como demuestran las cifras, ha sido exponencial. 

 

Y, para celebrar toda esta vida compartida, decidimos hacer un esfuerzo por conocer mejor la experiencia, indagando en el proceso, contándonos unas a otros esta historia. Equipos de educación de Entreculturas, docentes y jóvenes, nos embarcamos en un proceso de sistematización a través del cual pretendíamos comprender mejor qué es lo qué pasa en el corazón de los chicos y de las chicas, qué descubren, qué les hace vibrar para que se vaya fraguando en ellos el deseo y el compromiso de participar en la construcción de un mundo más justo. La reflexión ha sido muy rica, pero en estas líneas queremos hacer una síntesis de algunas conclusiones fundamentales.

Existen seis aspectos clave de la experiencia en los y las jóvenes en la Red Solidaria que inciden de manera significativa en el desarrollo de estilos de personalidad y de conducta pro-sociales, en lo que, parafraseando al Padre Arrupe, podríamos llamar la "formación de hombres y mujeres para los demás":

1. El proceso de participación en la realización de acciones solidarias. La experiencia de ponerse en marcha, de hacer algo para cambiar las cosas. Los grupos de la red organizan actividades de formación y sensibilización en sus centros educativos y en la comunidad próxima a los mismos. Estas experiencias son más significativas en la medida que los chicos y chicas asumen más responsabilidades, tomando decisiones y aprendiendo de sus propios errores y aciertos. Llevar a cabo este tipo de actividades genera ilusión, motivación y confianza en que las cosas pueden cambiar. Esta actitud es una de las bases para el desarrollo de estilos de vida solidarios y comprometidos.

2. Calidad de la formación y profundidad de la reflexión. Es muy importante que en estas actividades tengan claro cuáles son los valores y mensajes básicos que quieren transmitir. Y aunque, como señalan sus profesores, "a veces se les escapan cosas", lo fundamental está presente, así como el objetivo de implicar a más personas de sus comunidades. En este sentido, a mayor formación y profundidad en la reflexión, también aumenta el grado de responsabilidad y de autonomía a la hora de llevar a cabo las acciones.

3. Relaciones afectivas entre los y las jóvenes. El tipo de relaciones que se establezcan determinarán en gran medida la motivación, la implicación y la permanencia de los jóvenes en los grupos. Es esencial que se de un clima de grupo en el que los y las jóvenes se sientan escuchados y aceptados; en los que se generen relaciones de compañerismo y ayuda mutua; así como trabajar la identidad y el sentimiento de pertenencia al grupo. Las relaciones de amistad refuerzan la integración en el grupo. Pero, ¿qué pasa si mis amigos o amigas no participan en la Red? ¿Cómo me afecta lo que piensen los demás? Para los y las jóvenes es importante cómo son percibidos por el resto. La creencia mayoritaria es que los amigos que no están en la Red reconocen el valor de formar parte de estos grupos aunque ellos no lo hagan. Sin embargo, esto coexiste con la sensación de que son los "raros". Por ello, cuando el grupo no es suficientemente fuerte, los chicos y chicas con menos resistencia a la presión grupal abandonan.

4. Relaciones afectivas con el profesor y estilo de acompañamiento. La Red supone un cambio en el modelo tradicional de relación profesorado-alumnado. Hay que tener en cuenta que este programa se lleva a cabo en el marco del centro escolar, aunque ocupe espacios extracurriculares del mismo. Es decir, que quienes acompañan a estos grupos por la tarde o en los recreos, se verán después tratando de ensañar Matemáticas, Lengua o Historia. Este cambio de rol supone a veces una dificultad para el profesorado. Y ello porque en el marco de la Red se reducen las distancias, se establecen relaciones en un plano de mayor horizontalidad. El docente pasa a ser un facilitador para que el grupo de jóvenes asuma un liderazgo necesario. Ha de saber acompañar desde la empatía, sin ser demasiado directivo, para favorecer que sean los chicos y chicas quienes se hagan cargo del proceso. Ha de ayudar a pensar sobre las consecuencias de las decisiones que toman y también poner límites si fuera necesario. A pesar de estas posibles dificultades, uno de los descubrimientos más emocionantes ha sido el escuchar a los jóvenes hablar de sus profesores. El educador o educadora es para los y las jóvenes un modelo de vida. Los admiran y los quieren por dedicarles su tiempo y por su coherencia. Y sobre todo, confían en ellos. Y lo mejor es que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el sentimiento es recíproco.

 

5. Experiencia afectiva y trabajo de las emociones Parece claro que todas estas experiencias y relaciones que se entretejen en nuestra Red potencian diversas competencias emocionales fundamentales en el desarrollo de una personalidad pro-social o, como diría el Padre Arrupe, en la "formación de hombres y mujeres para los demás". Existe acuerdo cuando afirman que la Red ayuda a tomar conciencia de realidades de injusticia; a ser conscientes de las emociones, como la rabia y el dolor, que estas realidades generan, así como a compartirlas. Otro aspecto fundamental es que se desarrolla la empatía poniéndose en el lugar de quienes sufren la exclusión. Empatía, autoestima, confianza en uno mismo, en los demás y en la capacidad de generar cambios; identificación, expresión y canalización de las emociones que provoca la injusticia a través de la acción comprometida: la Red Solidaria de Jóvenes es el espacio en el que sucede todo esto.

6. Participación en asambleas y encuentros. Las asambleas y encuentros tienen un papel fundamental, ya que son un espacio privilegiado para la formación, el fortalecimiento de la identidad individual y colectiva y el establecimiento de vínculos afectivos (se conocen mejor, hacen amigos, se divierten...). Suelen suponer hitos y puntos de inflexión en su historia personal y grupal, momentos significativos en los que tienen "experiencias fuertes" que les marcan. En los encuentros descubren, ante todo, que comparten ideales con personas muy diversas, que no están solos y que, en contra de lo que en algunos momentos piensan "no son tan raros". Es decir, los nutren y les ayudan a crecer y a perseverar en el camino.

Con todo esto, podemos terminar afirmando que no se nos ocurre mejor manera de celebrar nuestro décimo aniversario que esta sistematización, en la que hemos compartido recuerdos, hemos ordenado nuestra experiencia personal y colectiva, hemos aprendido de la práctica y hemos identificado los retos para los próximos diez años, aunque de éstos ya tendremos que hablar en el próximo capítulo... Muchas gracias, profesorado, jóvenes, voluntarios y voluntarias, socios de Entreculturas y Administraciones Públicas por hacer posible el sueño que tuvimos entonces y con el que seguimos soñando.