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Uganda: las oportunidades de integración ayudan a reconstruir vidas

  • Uganda

Mientras muchos países en el mundo occidental cierran sus puertas y aumentan las restricciones a los refugiados, hay un país que, sorprendentemente, ha mantenido una política de puertas abiertas hacia los refugiados durante décadas.

Uganda, actualmente, acoge a más de medio millón de refugiados, a los que no solo les permite buscar refugio y a los que ofrece documentos de asilo, sino que también les anima a integrarse autorizándoles a trabajar, a cultivar sus campos y a moverse libremente por todo el país.

"Aquí, en el este de África, Uganda ha demostrado una excepcional preocupación para recibir a los refugiados, permitiéndoles reconstruir sus vidas con seguridad y un sentido de la dignidad que nace de ganarse el sustento mediante el trabajo honesto", dijo el Papa Francisco durante su reciente visita a Uganda a finales de 2015.

De hecho, el 86% de los refugiados residen en países en desarrollo como Uganda, pero a muy pocos se les brinda la misma libertad para prosperar. El método de integración empleado por Uganda, en su mayor parte, ha demostrado ser una respuesta digna y eficaz a los refugiados.

Inclusión económica. Según un estudio de 2014 de la Universidad de Oxford, el 78% de los refugiados urbanos en Kampala no reciben ninguna ayuda internacional y pueden mantenerse por sí mismos, siendo muchos de ellos propietarios de empresas que emplean tanto a refugiados como a ugandeses.

Uganda ha aprovechado al máximo el talento de los refugiados en vez de etiquetarlos como "una carga", como hacen muchos países. Tal política de integración es un ejemplo tangible y positivo de la inclusión social en la economía local, lo que permite que todos salgan ganando.

El estudio de Oxford puso de manifiesto que la venta de ropa y productos textiles, confección, peluquería y el trabajo en restaurantes fueron algunos de los principales tipos de empleo para los refugiados en las zonas urbanas de Uganda. Por esta razón, el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en la capital del país, Kampala, ayuda a los refugiados a entrar en estos mercados, ofreciendo cursos de formación profesional en inglés, gestión empresarial, moda y diseño, peluquería, carpintería, artes y artesanías, y restauración.

Cientos de refugiados han dado un nuevo rumbo a sus vidas en Uganda gracias a estos cursos. Después de graduarse, algunos han logrado obtener préstamos para pequeñas empresas que utilizan para poner en marcha sus propios negocios. Otros han encontrado empleo en empresas ugandesas.
 

Crecimiento. Jeannette Chimondo es una de las muchas refugiadas que pusieron en marcha su propio negocio textil tras pasar por los cursos de formación del JRS. "Al principio, apenas llegué, pensé que me había equivocado al venir aquí. Vivíamos en condiciones difíciles, y mis hijos estaban sufriendo, pero tenía algo de experiencia en contabilidad y sabía que podía poner en marcha algo si tuviera el capital necesario. He completado el curso de formación empresarial del JRS y he aprendido lecciones importantes en cuanto a la atención al cliente.

Vi que había una gran demanda de productos textiles en Uganda y sentí que este podría ser un buen sector en el que entrar. He recibido dos préstamos sin intereses del JRS, que me permitieron primero poner en marcha y luego afianzar mi propio negocio", dijo Jeannette.


Jeannette Chimondo trabaja en su máquina de coser para su empresa textil, que ella empezó después
de completar el curso de formación de JRS (Angela Wells / Jesuit Refugee Service).
 


Al igual que cualquier otra empresaria, Jeannette depende de las redes locales para sostener su negocio. A veces, ella obtiene sus telas de sus contactos en la República Democrática del Congo, mientras que otras veces los compra al por mayor a proveedores de importaciones chinas en Kampala. Comparte local con otros diez propietarios de negocios en el centro de Kampala para reducir los costos de alquiler. La integración en la comunidad de acogida era una pieza esencial de su modelo de negocio sostenible.

Al pedirle un consejo para otros refugiados con aspiraciones similares, Jeannette responde muy segura de sí misma: "cuando te conviertes en refugiado, tu vida ya nunca volverá a ser la misma; sin embargo, ser un refugiado no significa que hayas llegado al final de tu vida o al final del camino. Si estás sufriendo, por favor, sigue trabajando para sacar lo mejor de ti y busca cualquier cosa en la que puedas concentrarte".
 

Versatilidad. Con el fin de prosperar en las ciudades, los refugiados urbanos deben ser versátiles y creativos. Musa Cirhuza, de 28 años, refugiado congoleño, solía vender productos en un mercado en Goma. Él nunca pensó que llegaría a ser un carpintero hasta que se inscribió en la clase de carpintería del JRS. "He aprendido que como refugiado debes ser bueno en diferentes cosas. Acepté el reto de ser un carpintero y, gracias a eso, me he convertido en una persona más paciente y creativa. Puedo adaptarme mejor a las circunstancias difíciles", dice Musa.

Estas circunstancias a menudo conllevan desafíos: asegurarse un lugar seguro donde dormir y conseguir comida suelen formar parte de la lucha diaria de muchos, pero la esperanza de un futuro mejor gracias al aprendizaje de una nueva habilidad da a refugiados como Musa una perspectiva positiva. "Sí, yo soy refugiada y lucho para sobrevivir. Puedo parecer normal, pero las preocupaciones constantes corren por mi cabeza. Sin embargo, esto no significa que las manos y los pies no me respondan. Puedo ser como cualquier otra persona. Todavía puedo perseverar. En lo que a mí respecta, mi futuro es brillante".

Texto y foto original: Angela Wells, responsable de comunicaciones del JRS en África Oriental

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