Puente Belice (Guatemala), de la violencia a la convivencia entre los jóvenes

Como ya tuvimos ocasión de contar con motivo de la muerte de Manuel Maqueira, fue en el año 2002 cuando este jesuita gallego puso en marcha el programa Educativo-Laboral de Puente Belice (llamado así por estar dirigido a la población joven de las comunidades que viven bajo dicho puente en la ciudad de Guatemala). Ahora es Paco Iznardo quien ha recogido el testigo y ostenta el compromiso de defender los derechos fundamentales de esta población.  Se trata una iniciativa que busca ofrecer alternativas a los jóvenes de entre 15 y 22 años para que puedan salir adelante sin involucrarse en la violencia y fortalecer su autoestima a base de contribuir al desarrollo de sus propias comunidades. Tres son los pilares sobre los que se asienta este propósito: la formación humana, la educación formal y el trabajo remunerado. 

La ciudad de Guatemala, con 2,5 millones de habitantes, presenta uno de los índices más altos de desigualdad social. Unido a esto, la falta de estructuras políticas firmes, el elevado índice de violencia y corrupción, la baja autoestima de la población son los principales problemas a los que se enfrenta la población, especialmente, los niños, las niñas y los jóvenes que constituyen el fragmento más vulnerable. 

Ante este panorama, la alternativa habitual para las personas de más corta edad es el ingreso en las "maras" o grupos violentos que, en el fondo, pese a la dinámica "sectoide" que promueven, les reporta compañía, sustento y la satisfacción de pertenencia a un colectivo. Frente a la situación de desamparo que les ofrece la sociedad, muchos jóvenes no hallan más remedio que enrolarse en pandillas que se retroalimentan con la defensa de su identidad y que alcanzan graves cotas de transgresión. 

A sabiendas de que las "maras" no son sino la última vía de escape para esos chicos y chicas que no tienen nada, el proyecto de Puente Belice quiere alejarlos de la violencia y de la autodestrucción y proponerles otros caminos para desarrollarse personal y profesionalmente. Hoy en día, el proyecto ha crecido y se ha creado un centro educativo con más de 50 alumnos y alumnas que proceden tanto de la colonia de Puente Belice como de los departamentos 6 y 18 de Guatemala. Es más, 10 de los chicos y chicas que, en su momento, se beneficiaron del proyecto, se han convertido en profesores y profesoras del centro. "Es impresionante ver cómo ofrecen ellos todo lo que recibieron", confiesa Iznardo. "Esto funciona como una cadena de favores, los chicos y chicas que forman parte del proyecto intervienen también en sus propias comunidades sembrando valores y una necesaria cultura de paz. Así conseguimos la máxima implicación y, de este modo, siendo útiles todos para todos, logramos remontar una autoestima y un sentido de la responsabilidad que son imprescindibles para la buena marcha del país", comenta. 

En opinión de Paco Iznardo, "después de 36 años de guerra civil en Guatemala se firmó la paz, pero no se desmovilizó ninguna de las estructuras violentas y de crimen organizado, lo que ha dado pie a un alto índice de corrupción y a múltiples estrategias de desestabilización social de que las que suele culparse siempre a las maras, y eso no es del todo correcto. Los jóvenes reproducen el sistema violento que ven y que viven día a día", afirma. "Nos encantaría invertir esta situación en toda Guatemala, pero para eso hace falta mucho tiempo y mucho trabajo. Por ahora, con la ayuda de Entreculturas, vamos a sistematizar todo lo que hemos venido haciendo hasta ahora, es decir, vamos a poner un poco de orden en este ‘caos creativo'; será entonces cuando podamos presentar nuestra propuesta como una alternativa válida al propio Ministerio de Educación". 

Desde Entreculturas nos solidarizamos con el esfuerzo que el equipo de Puente Belice está ejecutando a favor del desarrollo pacífico de Guatemala y de la dignificación de la vida de muchos y muchas jóvenes que, gracias a este proyecto, pueden acceder a una educación y a un trabajo y gozar de una verdadera razón de ser. 

Si quieres colaborar para que los chicos y chicas de las zonas más desfavorecidas puedan optar por un futuro mejor apóyanos.