“Nunca me dejaron sola” | Un año tras la explosión en Beirut

  • Líbano

Un año después de la mortal explosión en Beirut, que dejó más de 200 personas fallecidas, 6.000 heridas y 30.000 desplazadas, las familias de las víctimas aún luchan contra el dolor de perder a sus seres queridos. El duelo es un proceso largo que puede afectar tanto al cuerpo como a la mente, de ahí que brindar atención para la salud mental haya sido una prioridad durante estos 365 difíciles días en Líbano. Desde el momento de la explosión, el programa de salud mental y apoyo psicosocial del JRS Líbano, nuestra organización socia en el país, estuvo disponible por teléfono, en persona y a través de sesiones grupales e individuales para dar esperanza a esas personas y ayudarlas a sanar. Una de esas personal a las que atienden es Amal*, participante del Centro Frans van der Lugt (FVDL) en Bourj Hammoud.

Un día antes de la explosión, Amal y su marido disfrutaban de las vacaciones de Eid-al-Adha (festividad conocida también como la Fiesta del Cordero) en las afueras de Beirut. Pasaron el día junto al río, disfrutando de la agradable brisa, los árboles verdes y el agua refrescante. Al día siguiente, Amal estaba sentada en su casa en Al Nabaa (a seis kilómetros del puerto de Beirut) esperando a que su marido volviera del trabajo para poder comer y charlar juntos. De repente, escuchó una enorme explosión aterradora que sacudió el edificio. El humo negro cubría las calles, los niños lloraban, los cristales caían por todas partes y la gente corría por las calles, tratando de esconderse donde pudiera. 

La explosión tuvo lugar en el puerto de Beirut.

Preocupada por su marido, Amal trató de llamarle por teléfono pero no encontró respuesta. Se puso en contacto con un familiar que fue a buscarlo a los hospitales, sin éxito. Al día siguiente encontraron su cuerpo sin vida en el hospital gubernamental Al Hariri: su marido fue una de las más de 200 personas que fallecieron durante la explosión. Amal recibió la noticia de su muerte con conmoción y dolor, y deseó que su día junto al río hubiera durado más tiempo juntos.

Tan pronto como el equipo del JRS se enteró de la muerte de su esposo, la llamaron e intentaron apoyarla. El director del proyecto MHPSS (de salud mental y atención psico-social) y la trabajadora social se coordinaron para ayudar a Amal a procesar la pérdida de su marido. Teniendo en cuenta que no tenía hijos ni familiares en  Líbano, crearon un sistema de apoyo integrado por las mujeres del centro social. Siguiendo un horario de rotación, las mujeres la visitaban todos los días y le ofrecían sus condolencias. También recibieron sesiones de concientización sobre cómo lidiar con la situación de Amal y tratar de estar disponibles para ella tanto como fuera posible. Eman, la trabajadora social, también capacitó a Amal en habilidades de primeros auxilios psicológicos, que podía usar cuando sintiera que las necesitaba. “Estoy muy agradecida con Eman y las mujeres del centro. Estaban a mi lado y siempre me vigilaban. Nunca me dejaron sola”, apunta Amal.
 
Sabiendo que aislarse crearía más problemas, Amal aprovechó cualquier oportunidad que pudiera encontrar para socializar y se inscribió en un curso para elaborar mascarillas de protección. “Me asignaron como supervisora porque tengo experiencia en costura. Enseñé a los participantes cómo trabajar en las máquinas de coser y cómo confeccionar mascarillas. También logré obtener un pequeño ingreso de este curso. Ojalá continúe la segunda ronda el próximo mes”, explica animada Amal. 

En paralelo, también solicitó ser parte de un curso de producción láctea y espera ser seleccionada para poder trabajar pronto. ”Quiero salir y cambiar mi estado de ánimo, y tal vez este curso me dé la oportunidad de trabajar en el extranjero algún día”, agregó Amal.

Amal está considerando salir del país. Quiere estar rodeada de su familia, que vive en Turquía, para poder expresarse y compartir la vida con ellos. Sin embargo, no puede pagar todos los gastos de viaje. Asimismo, no puede volver a vivir con sus padres en Siria debido a la situación de inseguridad y la dificultad del viaje de regreso a su hogar.

No hay duda de que procesar la pérdida de su esposo conllevará más tiempo, sin embargo, Amal es una mujer espiritual y está decidida a no dejar que su pérdida le defina. “A través de la oración, el ayuno, las súplicas y el Corán, logré ser paciente. Todavía puedo imaginarme a mi esposo y escuchar su voz en la casa, pero la vida sigue ”, comenta Amal. Las olas de solidaridad y el apoyo a la salud mental fueron de gran ayuda. El JRS continúa apoyando a Amal a través de la trabajadora social y la psicóloga que le brinda sesiones individuales para continuar su viaje de sanación mientras aprende a adaptarse a una vida sin su amado marido.

Amal* es un nombre ficticio que se ha usado para mantener su anonimato. 

“Descubrí que la mejor manera de superar esto es estando con las personas y ayudarlas”

Tamim, refugiado sirio, tutor y voluntario de JRS Líbano, explica en este vídeo cómo está viviendo su proceso de sanación.