Líbano, Acompañamiento y educación: instrumentos de cambio

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“Lo más significativo para mí fue aprender la importancia que tiene la perseverancia”. Una esperanzadora sentencia hecha por una niña de 13 años que espera convertirse en el futuro en abogada, y cuyo mayor deseo es nunca tener que volver abandonar la escuela por tener que trabajar para ayudar a sus padres.
 

El nombre de esa niña es Nour y se mantiene aferrada a la vida, así como al deseo de estudiar para mantener a su familia alejada del horror y el abandono en el que se encuentran sumidos muchos sirios tras dejar sus casas, sus tierras, su país, como consecuencia de una guerra que este año ha cumplido 8 años. Esto ha dibujado en la mirada de Nour una cicatriz más. Es la cicatriz de la resiliencia y la perseverancia; aunque dura y desgarradora, refleja el deseo de perseguir sus sueños.

Según informes recientes de la ONU, uno de cada cuatro niños en el mundo vive en países en conflicto y 50 millones de esos niños y niñas tuvieron que abandonar sus hogares debido a la violencia en sus países de origen. De ese universo aterrador, más de 631.000 niños y niñas sirias de entre 3 y 17 años se encuentran refugiados en Líbano, viviendo en condiciones muy duras. Pero, por fortuna, muchos de ellos han logrado ir retomando sus estudios, en parte gracias al trabajo de cerca de 120 organizaciones que buscan atender las necesidades inmediatas de los refugiados, como lo hacemos el Servicio Jesuitas a Refugiados (JRS) y Entreculturas. Una de ellas es  una educación digna, justa e inclusiva.
 
Líbano no es firmante de la Convención de Refugiados de 1951, pero sí ha firmado la Convención sobre los Derechos del Niño y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los cuales obligan al país a proporcionar educación básica a todos los niños, independientemente de su condición o situación legal. De acuerdo con ello, a partir de 2013 el gobierno libanés emprende un camino de reformas legales para poder dar acceso a la educación a cientos de miles de niñas y niños refugiados.
 
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de las organizaciones que se encuentran en este país y del Ministerio de Educación y Educación Superior de Líbano, presionados por la crisis humanitaria allí vivida, se estima que el 54% de las niñas y niños sirios desplazados no asisten al colegio por diversas razones, entre ellas la imposibilidad de pagar el coste de los materiales, o debido al trabajo o a la búsqueda del mismo, situación que se agrava sabiendo que el 74% de las personas refugiadas sirias mayores de 15 años carecen de residencia legal o de un permiso de trabajo que les garantice una independencia económica sólida.
 
Muchas familias sirias refugiadas ven interrumpida la escolaridad de sus hijos e hijas ya que el 40% tiene graves problemas para obtener comida. Todos los miembros de la familia se ven obligados a buscar un trabajo, que, en su mayoría, se desarrolla en el campo de la construcción, medio ambiente y la agricultura, porque el gobierno los reconoce como desplazados, no como personas refugiadas con derecho a la protección internacional y solo les permite trabajar en estos tres sectores. Como fue el caso de Nour quien, con apenas 11 años de edad, fue engañada por un hombre que le ofreció “un trabajo fácil y de pocas horas” y le prometió que le ayudaría a pagar las deudas de su familia y que vivirían en una casa, sin pagar alquiler. 
 
Tras un año de trabajo forzoso, catorce horas diarias y un día de descanso en un cultivo recogiendo patatas, Nour, junto a sus hermanos menores, lograron dejar atrás esa experiencia que describe ella misma como aterradora. Nour quería sentirse de nuevo segura, volver a respirar la sensación de protección y amor que, como muchos niños y niñas refugiadas, necesitan tras sufrir los horrores de la guerra. Su único deseo era regresar a la escuela. Ahora estudia en el colegio Telyani, una de las más de diez escuelas donde desarrollamos nuestros proyectos de intervención educativa.

A través de nuestra intervención educativa junto a JRS, que cuenta con el apoyo de Inditex, queremos garantizar el acceso a una educación de calidad para niñas y niños refugiados sirios en dos municipios, Baalbek y Bar Elias, ambos pertenecientes al Valle de la Bekaa, al este del país. En cada uno de ellos hay tres escuelas y, en total, atendemos a 2.447 alumnos y alumnas.

Bar Elias y Baalbek son dos de los municipios con la mayor concentración de refugiados sirios en el Líbano después de Arsal. Debido al alto nivel de necesidad de educación en esta área, y la dificultad que las organizaciones tienen en el mantenimiento de la financiación de sus programas, JRS comenzó en 2015 a reflexionar sobre la necesidad de hacerse cargo de varios programas de educación en ambos municipios.

Nuestros tres objetivos prioritarios para garantizar que los niños y niñas refugiados no solo regresen a las aulas, sino que permanezcan en ellas, son:

  • Ofrecer un programa de educación no formal que sirva de refuerzo a los niños que están matriculados en las escuelas públicas libanesas pero que, por la diferencia de nivel, de idioma o por una cuestión de vulnerabilidad psicosocial, tienen importantes riesgos de abandonar la educación.
  • Ofrecer educación formal a través de escuelas privadas autorizadas oficialmente por el gobierno, con el valor añadido de expedir un certificado oficial cuando los niños y niñas completen sus estudios.
  • Ofrecer educación preescolar a niños y niñas de 3 a 5 años para que cuenten con las bases necesarias para integrarse en la educación pública libanesa al terminar.

Las cicatrices invisibles de la guerra
 
El 83,1% de los sirios refugiados ha sufrido disparos o bombardeos directos y, aunque lo común es que las familias enteras se desplacen juntas, casi en la mitad de los casos hubo una separación forzosa de los miembros de la familia. Un fenómeno preocupante dentro de esta realidad es el aumento de los trastornos psicológicos y las conductas de aislamiento social. Son abundantes diferentes formas de violencia, separaciones familiares, pérdida de esperanza, miedo y ansiedad, incertidumbre y confusión sobre el futuro, angustia psicosocial en forma de tristeza, ira, miedo a la pérdida de sus principios y valores... Este estado de vulnerabilidad, aunado a las dificultades socioeconómicas, se ha traducido en un aumento de los niveles de violencia contra los niños, las niñas, las mujeres y las personas con discapacidad. Una violencia que se podría tipificar como estructural, física, institucional y simbólica.

El apoyo psicosocial y el acompañamiento a menores y adultos se ha convertido en una de las primeras acciones a ejecutar en los campos de refugiados por parte de JRS y Entreculturas, puesto que estas personas refugiadas, en su mayoría, luchan con la incertidumbre y todas las dificultades que conlleva el desplazamiento forzoso y los traumas de la guerra, la soledad, la separación de su familia y la desesperanza ante un panorama hostil y que pareciera no tener fin inmediato.

Miguel Santuiste, nuestro compañero expatriado en Líbano, nos cuenta de primera mano  los alcances del proyecto “Protección para la Población Refugiada en Líbano”, que desarrollaremos durante los próximos 4 años. “Este convenio con AECID [la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo] nos va a permitir darle un enfoque mucho más amplio y estratégico a nuestra intervención en el país, creando un sistema de protección más completo, que abarca no solo la protección dentro de las escuelas, sino que se expande a los centros sociales para mujeres”

El objetivo es fortalecer las relaciones entre las mujeres sirias, creando identidad de grupo dentro de la comunidad, y que se empoderen para que acceder a procesos formativos orientados a conseguir una independencia económica, con actividades que van desde clases de inglés o árabe básico, hasta cursos de formación profesional en informática, costura, maquillaje y sesiones de formación en derechos y técnicas de negociación. 

Siguiendo las directrices de la Cumbre Humanitaria Mundial (Turquía, 2016), el sistema de protección planteado contempla la consolidación, desde el ámbito educativo, de espacios seguros, desde donde se garantiza el fortalecimiento de su capacidad de resiliencia y recuperación y la mejora de su bienestar físico, mental, emocional y social, priorizando la atención de los colectivos en situación de mayor vulnerabilidad como son los niños, niñas y mujeres.

En los campos y escuelas de JRS se ofrecen servicios especializados de salud mental y atención psicosocial a la población refugiada, con el fin de favorecer su recuperación y mejorar su bienestar. Una de las historias de las personas que protagonizan esta labor es la historia de Noor, quien asegura “estar viva” gracias al trabajo de ayuda psicológica y sanitaria que recibe por parte de JRS.

Noor llegó a Líbano tras vivir varios episodios difíciles relacionados con su familia. Una fuerte depresión la llevó a atentar contra su vida en un par de oportunidades. Pero la guerra fue un escape temporal a su crisis familiar y a la demoledora situación en Siria. Su familia y vecinos en Líbano la animaron  a tocar las puertas de JRS, una ventana esperanzadora se presentó ante ella al poder ser atendida y recibir el apoyo psicosocial que estaba requiriendo para poder desarrollar una vida normal. 

Escuelas seguras que miran hacia el futuro
 
Las escuelas deben ser espacios con condiciones óptimas y que se adapten a los nuevos métodos de enseñanza. Desde Entreculturas abogamos por la defensa de las escuelas como espacios seguros donde se proporciona una educación que garantiza el aprendizaje sin discriminación alguna y se protege a las niñas, niños y jóvenes de manera integral a través de la atención psicosocial, fortaleciendo asimismo su capacidad de resiliencia y recuperación, en centros educativos que sean espacios de paz, de encuentro, reconciliación y que miren hacia el futuro.

Es por ello que desde mediados de 2017 “nos embarcamos en un proyecto piloto, tan ilusionante como retador, de la mano de la Fundación Profuturo en el colegio Frans van der Lugt (FVDL), situado en el barrio de Bourj Hammoud, de Beirut”, nos explica Miguel. Este proyecto está enfocado en la adquisición de competencias por parte de los alumnos y alumnas a través de la tecnología, y en el empoderamiento del profesorado mediante la aplicación de metodologías innovadoras de enseñanza.

En la iniciativa están participando 297 estudiantes y, al cabo de los dos años de duración del mismo, esperamos llegar a 507 alumnos y alumnas. En el colegio FVDL se imparte educación no formal a estudiantes que van desde 1º a 6º de primaria; niños y niñas que en el turno de la mañana o la tarde van al colegio público y, en el otro turno, reciben apoyo en la realización de sus deberes, en matemáticas y, a través de tablets, se les da formación en inglés y en francés. 

Una de las fases del proyecto es la formación del profesorado. Este piloto intenta convertirse en un modelo de intervención permanente de un sistema holístico de educación, a través del uso de herramientas digitales y contenidos digitales, que se pueda trasladar a otros contextos de refugios urbanos o de campos. 

El acompañamiento psicosocial que es parte de este proyecto, se lleva a cabo a través de trabajadores y trabajadoras sociales que brindan acompañamiento individual y grupal al alumnado, pero, además, hacen seguimiento a domicilio visitando a las familias que enfrentan mayores retos.

Aunque hay mucho camino que recorrer y muchas fronteras que derribar, desde Entreculturas y JRS seguimos trabajando para generar espacios de refugio, encuentro, reconciliación y crecimiento personal a través de la educación, una herramienta ineludible en la transformación de las sociedades para crear una cultura de diversidad, acogida e integración mucho más efectiva.