Les toca vivir

  • Líbano

Hace ya un año que llegué a Beirut para continuar con mi formación en la Compañía de Jesús. Entre los estudios de filosofía y teología, los jesuitas tenemos una etapa de trabajo apostólico que llamamos magisterio. Tras discernir con mis superiores vimos que la mejor opción era venir unos años al Líbano para trabajar con el SJR (Servicio Jesuita para los Refugiados), al servicio de los crucificados del mundo a causa de la guerra y la violencia. Trabajo como director de una escuela a las afueras de Beirut desde donde intentamos ofrecer una educación a niños sirios e iraquíes que han llegado hasta aquí huyendo del horror.

Espero que a lo largo de este año os pueda contar con más detalle mi día a día por estas tierras. Intentaré contaros algo de mis descubrimientos, mis miedos, mis sufrimientos, mis consolaciones y mis grandes alegrías. Pero en esta historia, los protagonistas son los niños y niñas que cada día vienen a nuestra escuela con la ilusión de recuperar la infancia que dejaron atrás al salir de sus casas.

En los últimos meses, alrededor de 50 alumnos se han ido a Turquía con la esperanza de dar el salto a Europa. Familias enteras que atraviesan miles de kilómetros en busca de un país que les acoja. Son tiempos difíciles en los que cada foto de un niño muerto te hiela la sangre pensando que puede ser uno de tus alumnos. Son semanas tristes, oscuras, de lágrimas en la habitación. Pero la noche también es tiempo de salvación. En mitad de la oscuridad siempre nace una luz de esperanza.

Aquí les tenemos con la mirada alta, esperando la llegada de cientos de aviones de papel con mensajes que los niños españoles nos han enviado a través de Entreculturas. Me gusta especialmente esta foto porque refleja su ilusión e inocencia. Ya tendrán tiempo de madurar, de luchar por sacar adelante a sus familias, de emigrar a otra tierra que les dé más oportunidades, de agachar la cabeza y llorar recordando lo que les ha tocado vivir. Pero hoy no; hoy les toca jugar, les toca aprender, les toca alzar la cabeza para afrontar con esperanza el futuro. Les toca vivir, les toca crecer. Les toca ser niños.

* Artículo originalmente publicado en Alfa y Omega

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