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“La comunidad internacional responde a la crisis migratoria de Venezuela”

  • Venezuela

Artículo de nuestra compañera Cristina Manzanedo, Responsable de Migraciones de Entreculturas, con motivo de su participación en la Conferencia Internacional de Solidaridad sobre la Crisis de Personas Refugiadas y Migrantes de Venezuela, celebrada en Bruselas entre el 28 y el 29 de octubre.

El pasado 28 y 29 de octubre se ha celebrado en Bruselas la primera Conferencia Internacional de Solidaridad con la migración venezolana y los países que les acogen, convocada por la Unión Europea, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La comunidad internacional estuvo representada en la Conferencia con la asistencia de 500 personas en nombre de los gobiernos latinoamericanos, varios estados miembros de la Unión Europea, Estados Unidos y otros países donantes, el Parlamento Europeo, los bancos de desarrollo y otras instituciones financieras internacionales, agencias de Naciones Unidas, fundaciones y ONG, la Iglesia y empresas, entre otros. Su objetivo era visibilizar la gravedad de la situación, explicando claramente qué ocurre y por qué es necesario incrementar urgentemente la ayuda internacional.

La crisis de Venezuela ha provocado el mayor desplazamiento de personas en Latinoamérica en su historia reciente y sus cifras representan ya la segunda crisis migratoria del mundo. 4,5 millones de personas venezolanas han abandonado el país en los últimos años, pero, además, se estima que la cifra aumente a 6,5 millones a finales de 2020. Las cifras de migrantes y refugiados no paran de crecer y los que salen del país lo hacen en situaciones cada vez más precarias. 

El 82% de los migrantes y refugiados venezolanos se están quedando en los países de la región, que son a su vez países con economías frágiles y receptores ellos mismos de ayuda internacional. Colombia, Perú, Ecuador, Brasil, han visto aumentar significativamente las llegadas de venezolanos y el flujo no deja de crecer. Los países latinoamericanos están recibiendo a sus hermanos venezolanos y están intentando responder a nivel regional con esfuerzos articulados de ayuda humanitaria a través del llamado Proceso de Quito. Sin embargo, no es suficiente. Las cifras son tan grandes que han generado una presión insostenible sobre los recursos y servicios públicos nacionales.

Los países latinoamericanos han explicado que los sectores más afectados por la llegada de personas venezolanas están siendo salud y educación, así como la ausencia de recursos suficientes para registrar y documentar a toda esta población. Todos los países mencionaron la necesidad urgente de contar con medios para escolarizar miles de niños, la necesidad de incorporar a los jóvenes a los sistemas nacionales de formación técnica, o las dificultades para acelerar la convalidación de títulos y colegiaciones. Con ayuda de ACNUR y de la OIM, se aportaron las necesidades de financiación en cada país y el enorme esfuerzo que cada uno está realizando.

Junto a la atención humanitaria, todos los países latinoamericanos tienen puesta la mirada en la integración y cuentan con que la población venezolana ha llegado para quedarse. El deterioro continuo de la situación en Venezuela no permite pensar en un retorno por ahora. Es muy llamativo el discurso de todos los gobiernos, que, a pesar de las enormes dificultades, hablan de la migración venezolana como una oportunidad para sus países. Pero son rotundos a la hora de solicitar más ayuda a la comunidad internacional que se sume al enorme esfuerzo que están haciendo. De lo contrario, se pone en riesgo la estabilidad de todo el subcontinente.

Entreculturas fue invitada a la Conferencia por el trabajo humanitario que estamos desarrollando en la región en asociación con el Servicio Jesuita a Refugiados y Fe y AlegríaJuntos con otras ONG, preparamos para la reunión y aportamos un posicionamiento conjunto sobre los aspectos más importantes que observamos para mejorar la respuesta humanitaria.

La solución pasa, como siempre, por abordar las causas. La Unión Europea y los países latinoamericanos están trabajando para facilitar una solución política pacífica para Venezuela. Pero mientras tanto, la ayuda humanitaria a las personas venezolanas es imprescindibles, una no puede esperar a la otra. Ambas vías de respuesta, política y de ayuda humanitaria son necesarias, pero independientes.

La Conferencia ha sido un ejemplo valioso del valor del multilateralismo.  Poder escucharnos e impulsar el trabajo conjunto es la única forma de abordar crisis tan severas y complejas. Cada uno aportando sus diferentes capacidades y perspectivas al servicio de una causa común. La Conferencia ha impulsado un valor y un deber de la comunidad internacional: la solidaridad. La posibilidad y el deber de ayudar a las personas en sus momentos de mayor necesidad. Y hacerlo sumando esfuerzos y compartiendo responsabilidades.

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