Hay demasiadas salidas de emergencia...

Las causas por las que huyen son muy variadas: unas veces perseguidos por sus creencias, en otras por catástrofes naturales como terremotos o inundaciones y, en demasiados casos, el motivo de su huida es la guerra. En todos ellos su única salida es huir.

En Entreculturas trabajamos junto al Servicio Jesuita a Refugiados (JRS, por sus siglas en inglés) acompañando y defendiendo los derechos de estas personas, ayudándoles a encontrar una salida digna y apoyando su derecho a la educación para que recuperen la esperanza en el futuro.

Si quieres contribuir a que estas personas encuentren su salida, te animamos a que te unas a ENTRECULTURAS haciéndote socio o bien realizando una donación

 

 

La educación, un remedio contra la intolerancia y una fórmula para la supervivencia y la integración 

De los 43 millones de personas desplazadas y refugiadas en el mundo, los niños, niñas y jóvenes menores de 22 años representan el 51% del total. En su mayoría, este segmento de población no tiene garantizado el acceso a la educación a pesar de ser un derecho con reconocimiento a nivel internacional. La importancia de aplicar a este colectivo este derecho es ya una de las claves para poder alcanzar los Objetivos de Dakar y de Desarrollo del Milenio en materia de educación. La educación ofrece unos beneficios muy contrastados a la población refugiada y desplazada. Principalmente, la educación en estos ambientes es útil porque confiere protección y facilita un entorno seguro y supervisado. El riesgo de explotación frente a los traficantes de droga, reclutamientos o el comercio sexual es constante, por esa razón, las escuelas son el lugar donde las familias tratan de garantizar la seguridad de sus hijos e hijas y volver a encontrar un marco de normalidad.

 

"Así me convertí en refugiada, sin saber lo que quería decir. En unos días comprendí el significado: ahora me consideraría una persona sin voz".


Claire Ndaysenga, refugiada en Burundi, residente en Bélgica

Pero la educación no sólo facilita la protección y estabilidad de las familias, sino que también ayuda en la adquisición de ciertos conocimientos para prevenir riesgos derivados del contexto de crisis en el que viven, como son: hábitos de higiene y salud, VIH/SIDA o la seguridad ante las minas antipersona.

Ante la grave situación que la población refugiada y desplazada vive diariamente se hace muy necesario el apoyo psicológico y social que ofrecen los centros educativos. Muchos niños y niñas han vivido situaciones traumáticas y tienen que afrontar situaciones de gran dificultad, especialmente grupos específicos más vulnerables como las niñas, los menores con discapacidad o los pertenecientes a minorías étnicas.

Las situaciones derivadas del desplazamiento o refugio rara vez permiten mirar al futuro. Sobrevivir se convierte en un reto diario y en ese sentido, el acceso a la educación implica la construcción de capacidades y habilidades de futuro. Trabajar con la mirada puesta en la reconstrucción puede fortalecer los espacios y relaciones cooperativas. Mientras los menores acuden a la escuela, las personas adultas pueden dedicarse a actividades de recuperación del tejido productivo y de generación de ingresos, y se reduce la ansiedad que ocasionan las crisis y los conflictos.

La escolarización implica un proceso de socialización que da a la población refugiada y desplazada los conocimientos necesarios para vivir juntos en comunidad. Esta integración refuerza nuevas actitudes que contribuyen a dar estabilidad a las comunidades fomentando la paz, la justicia y la reconciliación.

La mayoría de la población refugiada lo seguirá siendo por una media de diecisiete años y no podemos renunciar a educar a toda una generación de niños, niñas y jóvenes, especialmente conociendo los importantes beneficios derivados de ella. Aunque las poblaciones desplazadas y refugiadas suelen recibir poca atención internacional, Entreculturas, a través del Servicio Jesuita al Refugiado (SJR), se sirve de iniciativas educativas para recuperar la dignidad de este colectivo vulnerable, con el fin de que se empodere y se garanticen sus derechos.

 

Debemos considerar los beneficios de la educación entre las personas refugiadas y desplazadas como una labor imprescindible, ya que permite la construcción de oportunidades en un contexto que no puede ser más adverso, tanto en sus propios países como en los territorios de acogida.

 

"Algún día regresaremos a nuestras tierras, donde habrá paz para todos y viviremos juntos, construiremos nuestras vidas, y tendremos otra oportunidad para
planificar nuestro futuro de nuevo".

Kwizera Jean de Dew, refugiado de Burundi en Tanzania

Por otra parte, la educación tiene un papel muy importante a la hora de favorecer la comprensión del desplazamiento y el refugio, sus causas y las consecuencias que tiene a nivel social y personal. La movilidad de las personas a lo largo y ancho del planeta en busca de las condiciones que permiten la vida humana ha sido una constante a lo largo de la Historia. En nuestro tiempo, la creciente globalización e interdependencia ha dado a este hecho un mayor relieve y complejidad. Los motivos que impulsan o fuerzan a las personas a migrar se complejizan (escasez de recursos naturales por causas medio ambientales, conflictos, falta de recursos económicos...) y el volumen de movimientos aumenta.

Niños, niñas y jóvenes se ven afectados por este hecho de muy diversas formas. A veces son ellos mismos quienes tienen que migrar, a veces son sus madres y padres quienes lo hicieron antes de que ellos nacieran o quienes marcharon dejándoles al cuidado de algún familiar. Y otras son quienes conviven en la escuela diariamente con niños y niñas originarios de otros lugares.

El papel de la Educación para el Desarrollo orientada a las personas más jóvenes puede aportar un valor fundamental, ya que contribuye a desarrollar capacidades para gestionar el modo en que les afecta esta realidad de manera constructiva:

  1. Ayuda a comprender el contexto, las causas y las consecuencias de la movilidad desde una perspectiva de necesidades y derechos humanos. Esto es clave tanto para quienes migran como para quienes acogen. A los primeros les da herramientas para manejar su propia experiencia; a los segundos les ofrece información rigurosa para desmontar estereotipos y prejuicios; y a todos, les ayuda a entender mejor el mundo en el que vivimos y a ser parte activa en el mismo.
  2. Contribuye a desarrollar la empatía, con uno mismo -auto-empatía- y con las personas que están viviendo estas realidades, favoreciendo la comunicación y la convivencia intercultural.
  3. Favorece la construcción de una ciudadanía comprometida con la justicia, desde lo más cercano a cuestiones de alcance mundial, ya que se genera la capacidad de comprender las interdependencias, al tiempo que se construye una ética común que globaliza la solidaridad, los derechos humanos y la defensa de la paz.

Por ello, Entreculturas aborda estos temas en sus proyectos educativos realizados en España, ya que estamos convencidos de que esta es la mejor manera de ir construyendo cambios sólidos y duraderos que partan de las personas y transformen las estructuras sociales y culturales que sustentan las injusticias que viven las personas refugiadas y desplazadas.