Frente a los conflictos y ante el cierre de fronteras, apostamos por una educación que abra el mundo

  • España
  • En el mundo hay 75 millones de niños y niñas de entre 8 y 18 años que están viendo su educación directamente afectada por conflictos o situaciones de emergencia.
  • Con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas, Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados han lanzado la iniciativa 'Education opens the World' y han pedido a las instituciones de las principales fronteras de flujos migratorios que frenen la construcción de muros, que aumenten significativamente sus cifras de acogida de personas refugiadas y migrantes, aborden las causas que originan el éxodo, fomenten en nuestra sociedad una educación para la ciudadanía global e inviertan y garanticen el derecho a la educación de las personas refugiadas.
  • En un contexto de migraciones forzosas y sociedades que levantan muros físicos y mentales, la educación es fundamental para un cambio cultural a favor de un mundo más abierto y más justo. La educación en situaciones de emergencia es portadora de esperanza y de oportunidades de futuro. Así mismo, la educación para la ciudadanía global en nuestras sociedades facilita la comprensión de las migraciones forzosas partiendo del análisis crítico de sus causas y favorece la empatía, la convivencia intercultural y el compromiso ciudadano.
  • Mireille Twayigira, refugiada ruandesa desde los dos años y ahora licenciada en Medicina, ha participado en el lanzamiento de la iniciativa y ha contado su experiencia de cómo la educación es fundamental para tener un futuro digno y para propiciar sociedades pacíficas.

Con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas que se celebrará el 20 de junio, hemos lanzado con el Servicio Jesuita a Refugiados a nivel internacional la campaña 'Education opens the world' para promover el derecho a la educación del que, refugiados y desplazados internos, se ven particularmente privados.  Una campaña que además defiende que la educación supera las fronteras y las limitaciones de un mundo que excluye y, pone en valor la importancia de la educación tanto para las personas que se han visto obligadas a huir de sus hogares como para por la construcción de fronteras y muros de exclusión. No es momento de pasar de lejos y desentenderse del sufrimiento humano. Es momento de construir una casa común, un futuro posible y sostenible para todos en un mundo global, abierto e interdependiente. Es momento de reivindicar el papel transformador de la educación para este cambio social y personal.




A través del trabajo que realizamos con el Servicio Jesuita a Refugiados, acompañando y defendiendo a personas desplazadas y refugiadas, conocemos de la importancia y el enorme potencial que tiene la educación en situaciones de crisis y desplazamiento. La educación es portadora de esperanza y de oportunidades de futuro. Igualmente importante es impulsar la educación para la ciudadanía global en nuestras sociedades, ya que facilita la comprensión de las migraciones partiendo del análisis crítico de sus causas; y a su vez, favorece la empatía, la conciencia de pertenecer a una única familia humana, la convivencia intercultural y el compromiso ciudadano.
 
Ambas organizaciones piden a los responsables de las principales fronteras migratorias que construyan puentes de solidaridad en lugar de muros que dividen nuestro mundo, que aumenten significativamente sus cifras de acogida de personas refugiadas y migrantes, que aborden las causas que originan el éxodo, que fomenten en nuestra sociedad una educación para la ciudadanía global e inviertan y que garanticen el derecho a la educación de las personas refugiadas. 
 
Hoy hay 65,3 millones de personas refugiadas, desplazadas o solicitantes de asilo, de los cuales 21,3 son menores. Por eso no podemos pretender vivir atrincherados en nuestras ciudades mientras a millones de personas se les niega la oportunidad de vivir dignamente. No es ético ni posible. Mientras no se aborden las causas de las migraciones forzosas el éxodo continuará. No nos puede extrañar que las personas se muevan, lo han hecho a lo largo de la historia, pero en nosotros está que estas migraciones se gestionen bien, con recursos y respeto a los derechos y a las libertades. 
 
En este contexto de migraciones forzosas y sociedades que levantan muros físicos y mentales es necesario un cambio cultural a favor de un mundo más abierto y más justo. Para ello, la educación es clave porque permite ampliar horizontes y superar desconfianzas y prejuicios. Hay que impulsar por un lado, una educación que facilite la comprensión de las migraciones forzosas  partiendo del análisis crítico de sus causas y favorecer la empatía, la convivencia intercultural y el compromiso ciudadano. Y por otro lado, es necesario garantizar el acceso  a una educación gratuita, obligatoria y de calidad para las personas refugiadas y desplazadas. La escuela es uno de los pilares fundamentales de la intervención humanitaria. Estar en la escuela puede mantener a los niños a salvo y protegidos de riesgos, incluidos la violencia de género, el reclutamiento en grupos armados, el trabajo infantil y el matrimonio precoz. En situaciones de desplazamiento forzoso, sólo el 50% de los niños y niñas tienen acceso a la educación primaria, únicamente un 25% recibe educación secundaria y sólo unos pocos tienen acceso a la educación preescolar o superior. La educación en situaciones de crisis y desplazamiento es fundamental, es portadora de esperanza, de oportunidades de futuro y permite abordar la transformación de conflictos, la reconciliación y la promoción de la paz.

Mireille Twayigira, refugiada ruandesa que ha participado en el lanzamiento de la iniciativa, huyó de su país con 2 años. Su historia podría ser una historia de desesperanza, una historia trágica por la huida, trágica por la pérdida de sus padres, hermanos y abuelos, pero ella prefiere contar la historia desde un punto de vista esperanzador. "Mi vida no es una historia trágica", afirma. Ella es una luz de esperanza en medio de la desesperanza de un campo de refugiados.

En Malawi comenzó sus estudios de primaria junto al Servicio Jesuita a Refugiados en el campo de refugiados de Dzaleka. Era muy buena estudiante y completó su educación secundaria siendo de las seis mejores estudiantes de todo Malawi y recibió una beca del Gobierno chino para estudiar medicina en la Universidad de Jinan, donde graduó en julio de 2016. "Siempre quise una carrera que me permitiera ayudar a otros, especialmente a los huérfanos. También quiero ayudar a los jóvenes refugiados en educación secundaria". Ahora vive en Malawi y trabaja como doctora en el Queen Elisabeth Central Hospital. 

Mireille pide el fin de la violencia, mantener esperanza y sobre todo, tiene claro la importancia de la educación todas las personas para tener un futuro digno y para propiciar sociedades pacíficas. Por eso, queremos que las instituciones responsables de las principales fronteras del planeta (Estado Unidos, Unión Europea y Australia), reflexionen sobre las consecuencias de un mundo cada vez más cerrado para los derechos humanos, sobre el deber de cumplir con el derecho a la educación de todas las personas en movimiento, el papel de la educación frente a las grandes inversiones en represión y control de fronteras y la vulneración de los derechos humanos. Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados apelan a la responsabilidad ética y política de EEUU, Unión Europea y Australia y les piden que actúen ya para:

  • Frenar la construcción de muros y obstáculos, físicos y  jurídicos, contra las personas refugiadas, que generan el incumplimiento masivo de derechos humanos.
  • Reforzar la hospitalidad de nuestro país, concretándola en la acogida de un amplio número de personas refugiadas.
  • Unir fuerzas junto al resto de la comunidad internacional para abordar las causas globales y estructurales que originan el éxodo forzado de hombres, mujeres, niños y niñas e impulsar la Agenda 2030 de Naciones Unidas.
  • Fomentar en la sociedad la educación para la ciudadanía global, facilitando la comprensión de las migraciones desde sus causas, la empatía y apertura de las sociedades de acogida, previniendo el racismo y la xenofobia y fomentando la convivencia intercultural.
  • Invertir y garantizar el derecho a la educación gratuita, obligatoria y de calidad para los niños, niñas y jóvenes refugiados. La educación es la mejor estrategia para su progreso e integración social.

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