Financiar la educación: la mejor inversión

En pocas semanas, nos encontraremos de nuevo con la posibilidad de hacer valer nuestra voz y opinión a través del voto en las elecciones generales que se celebrarán el próximo 26 de junio en España. El nuevo Gobierno tendrá una doble responsabilidad: garantizar una educación de calidad en España y en otros países a través de la política de cooperación al desarrollo.

Una de las lecciones extraídas de la agenda internacional marcada por los Objetivos de Desarrollo del Milenio durante los últimos 15 años, es que para cumplir con los compromisos políticos no bastan las buenas intenciones, y en el caso de la educación,  es imprescindible una financiación suficiente y de calidad, que permita formar y contratar profesores cualificados, garantizar  materiales educativos y contar con una infraestructura más amplia y adecuada de aprendizaje.

La mejor inversión que puede hacer un país, es aumentar el gasto público en educación. Sin embargo, tanto a nivel nacional como internacional, la realidad es muy diferente.

En España, según datos oficiales de 2013, sólo el 4,31% del PIB del gasto público se dedicó a educación, lejos del 6% que recomienda la UNESCO. Por ello, será necesario aumentar los recursos presupuestarios destinados a la educación en España si se quiere lograr una sociedad democrática y respetuosa con los derechos humanos y un crecimiento económico competitivo.

A nivel internacional, el apoyo en general a los países más pobres a través de la ayuda al desarrollo sigue siendo fundamental. La educación es el sector donde más lento crece el apoyo y ningún donante ha alcanzado el 20% del gasto público para subsanar las carencias de financiación.  Los donantes internacionales han reducido casi un 10% su ayuda desde 2010.

Para alcanzar una educación preprimaria, primaria y secundaria universal de buena calidad para todas las personas,  se requieren 340.000 millones de dólares al año. Sin embargo, el déficit de financiación externa asciende a 39.000 millones de dólares anuales, lo mismo que cuestan ocho días de gasto militar.

“Si los líderes mundiales decidieran tomar una semana y un día libres de guerras y gastos militares, todos los niños y niñas del mundo podrían ir a la escuela”.
Malala Yousafzai, activista pakistaní y Premio Nobel de la Paz 2014

 

España ha reducido drásticamente su Ayuda oficial al desarrollo: ha pasado del 0,46% en 2009 al 0,13% de la Renta Nacional Bruta en 2015 y debe volver a la senda del 0.7%, llegando al menos, hasta el 0.4% en la próxima legislatura. Además, España ha asignado solamente un 1.1% de su Ayuda oficial al desarrollo a educación básica, muy lejos, por tanto, de la recomendación del 8% que establecía la Proposición no de Ley de la Comisión de Cooperación al Desarrollo de 2006 y la moción del Senado de 20 de noviembre de 2013.

Para alcanzar las nuevas metas y objetivos educativos recogidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los países, a nivel nacional e internacional, deben hacer un importante esfuerzo: aumentar la inversión pública en educación para alcanzar el 0’7% del Producto Interior Bruto como Ayuda oficial al desarrollo para 2020 (dedicando al menos entre el 15-20% de la ayuda y, al menos la mitad, a la educación básica).

No hay un modo más poderoso o duradero de invertir en derechos humanos y dignidad, en inclusión social y desarrollo sostenible, que apoyar la educación. La financiación por sí sola no es suficiente para lograr el progreso en educación, pero es necesaria. Sin una financiación adecuada y predecible, ningún gobierno alcanzará las metas y los objetivos en educación. Nosotros podemos exigir que nuestros gobiernos se hagan eco del clamor popular: que la educación es una prioridad y es esencial para la vida de todas las personas. Insistimos: la educación es la clave.