Entrevista con Anne Minguet: “En Chad hablamos de maestros, pero podemos hablar muy poco de maestras”

Pregunta.-Tu cargo y tu trabajo en la actualidad y una biografía resumen de cómo te ha ido por África

Respuesta.-Soy francesa pero he tenido la oportunidad de ir a África, concretamente a Benín, un país de África del oeste. Estuve once años en un colegio de secundaria hasta que el gobierno nacionalizo los colegios y me volví a Francia. Pase un año sabático y luego se presento un proyecto de la congregación Hermanas de la Educación Cristiana. Se creaba una comunidad en Perú, concretamente en los andes donde pase diez años. Despues de este periodo la comunidad se retiro y yo me quede en Perú trabajando 5 años en dos proyectos diferentes. El primero era un proyecto de educación ciudadana en zonas rurales motivado por el año electoral. Con este proyecto se pretendía apoyar a los sectores que no habían tenido educación y enseñarles a leer y escribir para poder ejercer su derecho al voto si asi lo deseaban. El siguiente proyecto, bastante insólito era con la Policía Nacional de Perú y consistía en ofrecer formación en derechos humanos a la policía y ver como se trabaja entre la administración de justicia y la policía nacional.

P.-¿Cuál fue el resultado del segundo proyecto?

R.-¿EL resultado? Puedo decir que bastante espantoso cuando ves cómo trabaja la policía nacional de Perú. Pero a la vez muy interesante. Creo que había un despertar de la policía en su responsabilidad con los derechos humanos. He escuchado a policías decir que eran conscientes de que habían violado los derechos humanos pero que no sabían que lo estaban haciendo. Fue un trabajo interdisciplinario entre educadores, psicólogos, abogados y siempre muy en relación con el coordinador del proyecto.

 

 

P.-¿Cómo se llamaba el proyecto?

R.-No me acuerdo muy bien pero "La Administración de justicia, policía nacional y ciudadanía", algo así.

P.-¿Sigue funcionando?

R.-No. Fue un proyecto corto y ya término. Justo en ese momento se cruzó en mi camino Fe y Alegría. Necesitaban a alguien para ir a Iquitos a encargarse de la coordinación y dirección de una red global de escuelas. Comencé a trabajar con ellos hace ya 13 años. Estuve 9 años en la selva peruana. En Perú tienes tres zonas muy diferentes; la costa, la selva y la sierra. Generalmente la costa y la sierra son más conocidas porque esta Machu Picchu, pero la selva es menos conocida. Es una realidad muy compleja que ocupa la mitad del territorio peruano con una densidad de población baja. En la selva las vías de comunicación son los ríos. Los profesores de Iquitos que van a Putumayo, que está en la frontera con Colombia, tienen un mes de viaje para llegar a la escuela. En la selva hay muchos idiomas, culturas, etnias y articular esto fue muy difícil.

P.-¿Qué problemas a parte de la dificultad en las comunicaciones os encontrabais?

R.-Lo primero que me choco es la forma de hablar. Niños que terminaban primaria y no sabían nada, ni leer ni escribir, ni contar. Terminaban como habían empezado. Esto es muy chocante. Otro de los problemas es que los profesores no llegaban a su escuela, o no tenían títulos profesionales. Había falta de nivel académico y pedagógico entre los profesores. Los libros que publica el Ministerio para las escuelas desconocen la realidad de la amazonia. Hacen manuales escolares basado en la educación de la costa o de la sierra pero para nada para los pueblos amazónicos. Cometen errores terribles sobre la cultura de los pueblos amazónicos.

P.-¿Cómo afrontabais la capacitación de profesores?

R.-Hay tres etapas por las que luche: que los profesores llegaran cada dia a la escuela, que tuvieran preparada la clase y que esa clase tuviera sentido.

P.-¿Cómo articulabas estas tres luchas?

R.-Poco a poco, entre el equipo. Lo primero es hacer que el profesor se sienta amado, tocar su parte afectiva que es muy importante. En segundo lugar se les daba apoyo emocional, apoyo a su trabajo y apoyo al trabajo en grupo de todos los maestros a través de la red global. Lo importante era que no se sintieran aislados.

P.-La charla que ofrecerá en Valladolid es sobre Educación Rural en Chad y Perú, ¿En que se parecen ambos contextos?

R.-Fe y Alegría Chad empezó en 2007 y había un cierto vinculo afectivo con Perú. José María Veláz, el fundador de Fe y Alegría siempre quiso establecerse en África. El que lanzo Fe y Alegría Chad es un jesuita peruano, por esto hay un cierto vínculo entre ambos países. Además el clima es parecido. Este jesuita peruano pidió que yo fuera a apoyar Fe y Alegría Chad y durante 2008-2009 y 2011 visite Chad en diferentes periodos de 5/10 semanas para acompañar el nacimiento.

P.-¿Cómo fue ese nacimiento?

R.-En Chad existía ya una red rural y con la experiencia que yo tenía en Perú podía ayudar ayudar a crear y consolidar esta red. El primer año me dedique a trabajar con la identidad y la forma de trabajar de Fe y Alegría y como podía compaginarse en un país africano. Yo sabía que tenía que adecuarme a la realidad, partir de su experiencia y de sus expectativas y ver como el movimiento Fe y Alegría podía actuar.
El primer año me dedique al conocimiento, a ver como entendíamos la educación, tratando de ver poco a poco como construir cosas con ellos. El segundo año lo dedique más a consolidar un proyecto educativo. El francés es un idioma vehículo, pero también se habla árabe o lenguas étnicas. El Ministerio no envía profesores a las comunidades pequeñas. No es que no haya maestros formados, sino que el estado no quiere contratarlos porque tendría que pagarles. La comunidad designa entre sus miembros al que tenga mayor nivel académico como profesor A veces es alguien que tenga un status superior en la aldea, y es la comunidad quien le paga, con mijo que es la base de alimentación o ayudándole a cultivar tierra. El reto en cuanto a tener profesores formados es muy grande. Los niños que llegan a la escuela hablan árabe, y tú les vas a enseñar a escribir y leer en francés. No hay materiales que ayuden al maestro a adecuar su enseñanza a la cultura local ni a aprender a leer en un idioma que no es el suyo.

P.-¿Cuál es la situación de la mujer en Chad en cuanto a la educación se refiere?

R.-Ese es otro desafío importantísimo. Hablamos de maestros, pero podemos hablar muy poco de maestras. A nivel nacional las maestras ocupan el 4% del total. A nivel de acceso a la educación hay muchísimas limitaciones. El principal motivo por el que las mujeres no reciben una educación es el matrimonio precoz. También influye la poca valoración que la sociedad tiene de la mujer como estudiante. Para la sociedad la mujer es la que debe dedicarse a las tareas domesticas en lugar de ir a la escuela. La situación de la mujer es muy complicada en este contexto.

P.-¿Qué se puede hacer al respecto?

R.-Nosotros llevamos a cabo un trabajo de concienciación de las mamas. Durante unas jornadas de matriculación de niños en las escuelas una mama se me acerco y me contaba que ella había estudiado hasta tercero o cuarto de primaria y que tras haber sido entregada en matrimonio tuvo que dejar la escuela. La mama quería matricular a su hija para que tuviera la oportunidad que ella no tuvo.

P.-Es por estos temas que es tan importante la educación.

R.-Se trabaja con el conjunto de la comunidad. No solo con la escuela sino con toda la comunidad y sobre todo en las zonas rurales. Se ve la escuela como una respuesta de las necesidades de la comunidad. El proyecto educativo de Chad se basa en quela escuela puede responder a las necesidades de la comunidad, ayudando a su propio desarrollo. También se busca como trabajar al mismo tiempo temas como el agua, el medio ambiente o la nutrición, buscando trabajar los mismos temas con las familias y en las escuelas. Los padres y madres que su hijo o hija asista a la escuela supone más que un aprendizaje que reportara positivamente en la comunidad es visto como la posibilidad de posicionarse socio económicamente y así poder soportar la economía de diez o quince personas de la comunidad.
No es fácil ver cómo salir de este diálogo de sordos.

P.-Una tarea complicada.

R.-Muy compleja de explicar en cinco minutos