El Salvador: jóvenes por la paz y el futuro

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“En el colegio San José las Flores (en Tonapatepec, San Salvador) nos encontramos con Elisabeth* y sus compañeros y compañeras del grupo solidario de jóvenes. Elisabeth*, de 13 años, nos contaba que ella antes era muy tímida, y que no le gustaba relacionarse con otras personas; que le daba miedo. A través de las charlas que reciben, los talleres de manualidades, de muralismos (pintar dibujos en muros de la escuela), de convertirse en voluntarios y voluntarias que trabajan con niños y niñas más pequeños de la escuela favoreciendo el juego y la reflexión, Elisabeth* nos decía que sentía un gran cambio personal: ha crecido, ya no le asusta hablar en público y se ha convertido en una de las líderes del grupo. También nos hablaba de cómo ha mejorado la relación con su madre y hermanas, con quienes vive”. 

Son las palabras de nuestra compañera Gemma López, responsable del departamento de América Latina y Caribe, que en estos días está de visita en México, Nicaragua y El Salvador, donde ha tenido la oportunidad de visitar tres centros educativos urbanos: la Chacra, CET Zacamil y San José las Flores. “De la mano de Fe y Alegría y Marta -nuestra expatriada en Centroamérica-, he tenido una rápida inmersión en una realidad muy golpeada por la violencia estructural, y en lo concreto, por el dominio de las maras”, nos cuenta Gemma.




 

Una violencia que está presente en el día a día de los chicos y chicas a lo largo y ancho de San Salvador y que limita sus movimientos, su libertad de expresión y sus vidas. Tanto es así que el alumnado rehúsa decir en qué zona del barrio vive: el simple hecho identificarse les pone en riesgo, ya que cada territorio está dominado por una mara.  En este contexto de miedo e inseguridad, el reconocimiento de Fe y Alegría en la comunidad hace posible que los profesores y profesoras lleguen cada día a trabajar y puedan regresar a sus casas.

La amenaza de la violencia y la falta de oportunidades es un cóctel que provoca que un alto porcentaje de la juventud salvadoreña sueñe con migrar a Estados Unidos o México como única solución posible para encontrar una vida mejor.

La cultura de paz como subversión
“Fe y alegría vive un momento interesante, de reflexión interna, planteándose cómo responder a los desafíos de esta realidad, desde su identidad y valores; buscando provocar y acompañar el cambio en las personas, hacia una mayor dignidad y autonomía”, explica Gemma, quien destaca el “compromiso vital” del equipo directivo y docente de los centros. “En todos ellos, a pesar de reconocer el  gran reto que supone la violencia, nos hemos encontrado con equipos ya consolidados, que desbordan pasión y preocupación por cómo transmitir y construir dignidad a su alumnado”.

Fruto de ese compromiso del profesorado y gracias a los proyectos que llevamos a cabo y que tienen como objetivo promover la cultura de la paz, como el Convenio Educación Transformadora -financiado por la AECID-,  jóvenes como Elisabeth* y sus compañeros y compañeras del grupo solidario de jóvenes logran abstraerse de ese entorno violento, a pesar de la presión del entorno por dejar de participar en este tipo de proyectos.

“El resto de adolescentes que no participan en el programa les insisten en que lo abandonen. En el fondo, reflexionar sobre la violencia y promover una cultura de paz es un arma que desestabiliza el poder y control de la mara, y por tanto supone un riesgo para ésta. Por todo ello quisiera destacar el valor de Elisabeth* y sus compañeros y compañeras. Son la esperanza de un país como El Salvador, en el que muchas veces la única opción que ven los jóvenes es formarse para adquirir competencias y migrar a Estados Unidos o México”, finaliza Gemma.

*Nombre ficticio por razones de seguridad.