Día de la Alimentación: cuando lo que comemos contribuye a cuidar o destruir el planeta

La celebración del Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora hoy, es un momento idóneo para conocer los vínculos, cada vez más estrechos, entre la comida y el medio ambiente.  Y es que la alimentación mundial está siendo uno de los mayores retos de cara al cuidad del planeta y el compromiso ciudadano con el medio ambiente.

Cada vez que decidimos qué comer también elegimos cuidar o destruir nuestro planeta. En este día, las entidades que impulsamos la campaña “Si Cuidas el Planeta, Combates la Pobreza” y que promueven la iniciativa Enlázate por la Justicia -Cáritas, CEDIS, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES (Red de Entidades para el Desarrollo Solidario), de la que formamos parte – ponemos el foco en la amenaza que supone para la sostenibilidad el uso intensivo que hacemos de los recursos naturales con fines productivos.

Desde Enlázate por la Justicia  hemos publicado el documento titulado “ALIMENTACIÓN. Cada vez que decides qué comer también eliges cuidar o destruir nuestro planeta”, donde repasamos las claves de este problema global y creciente. Entre los retos que debemos afrontar está la necesidad de alimentar a más de 7 mil millones de personas en la actualidad - más de 9 mil millones en 2050, según previsiones de la ONU-, así como el aumento de la demanda de productos cárnicos, lácteos y alimentos procesados por parte de países cada vez más prósperos, como China o India, están conduciendo a un rápido cambio en el uso del suelo disponible.

Claves de un problema global

El espectacular aumento de la producción de cereales y de carne de los últimos 50 años se ha basado en dos estrategias fundamentales: ampliar la frontera agrícola talando bosques y selvas, y mejorar la tecnología para producir más en cada kilómetro de tierra disponible. Si estas tendencias se mantienen, tanto el crecimiento de la población, como el aumento de dietas con mayor consumo de proteína animal obligarán prácticamente a duplicar la producción para 2050.

Este uso intensivo y extensivo de la tierra, aparte de convertirse en uno los factores que más contribuyen al cambio climático (la producción agropecuaria produce el 30% de los gases de efecto invernadero), afecta muy directamente a las personas más pobres. Según el Banco Mundial, el 85% de las personas que sufren pobreza extrema vive en zonas rurales.

Desde 1960 la producción de cereales se ha triplicado (240%), el volumen de agua para irrigación se ha duplicado (110%), y la población de ganado vacuno ha aumentado en más de un 60%. En paralelo, la demanda de alimentos ha aumentado de manera constante, al tiempo que han ido cambiando las preferencias alimentarias de los consumidores. Las dietas van cambiando a nivel global para una población cada vez mayor, con un aumento significativo de productos cárnicos y alimentos procesados ricos en grasas e hipercalóricos. Además del enorme impacto ambiental emparejado, ello ha acabado por producir un problema de salud, contribuyendo a que cerca de 2 mil millones de personas sufran sobrepeso u obesidad.

Como denuncimos desde Enlázate por la Justicia, según el último informe de la FAO (SOFI 2018) hay 821 millones de personas que sufren desnutrición crónica en el mundo. Y cuando se sabe, a la luz de todos los datos e informes, que existen alimentos suficientes para toda la población actual, la conclusión es que la persistencia del hambre en el mundo no es un problema de “producción” de alimentos, sino de accesibilidad a los mismos. 


Parte de la solución: agricultura, ganadería y pesca familiar

En este contexto, desde Enlázate por la Justicia destacamos el papel fundamental que tiene la agricultura a pequeña escala, tanto en la producción de alimentos, como en el sustento de las personas más pobres. Se trata de pequeñas explotaciones unifamilares, que utilizan básicamente su propia mano de obra, y que obtienen de este trabajo una parte considerable, y variable, de sus ingresos. Comprende el cultivo, la cría de animales, la actividad forestal y la pesca artesanal. 

Según la FAO, más del 80% de todas las explotaciones del mundo tienen menos de dos hectáreas. Son granjas familiares que ocupan entre el 70% y el 80% de las tierras agrícolas. Se estima que hay 500 millones de pequeñas explotaciones agrícolas en los países en desarrollo, que sustentan a casi 2 mil millones de personas. Estas pequeñas granjas producen en torno al 80% de los alimentos consumidos en Asia y el África subsahariana. Además, unos 500 millones de pastores dependen de la cría de ganado para subsistir, y el 90% de los pescadores lo son a pequeña escala y alcanzan la mitad de la producción de la pesca de captura.
 

Conclusiones de nuestro modelo alimentario

Tras examinar nuestro sistema de producción y consumo de alimentos, constatamos que:

  • Nuestra manera de alimentarnos es ambientalmente insostenible, ya que el daño que produce a la tierra y a sus recursos es cada vez mayor e irreversible. Urge un cambio radical en nuestro sistema alimentario.
  • Nuestra manera de producir y consumir alimentos, produce, junto una sobreabundancia de los mismos, hambre y malnutrición, que afecta especialmente a los más pobres.
  • Nuestros hábitos de consumo forman parte del sistema alimentario global y, por tanto, cada vez que decidimos qué comer, también elegimos cuidar o no nuestro planeta, cuidar o no de las personas más vulnerables.
  • Tenemos el compromiso de garantizar a las generaciones futuras una tierra fértil y en equilibrio, capaz de satisfacer, entre otras, sus necesidades alimentarias. Para ello, es preciso transformar nuestro sistema global de alimentos.



“El alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre”. Desde Enlázate por la Justicia proponemos apostar por una alimentación responsable y sostenible con gestos personales como:

  • Comer más frutas y verduras, y menos carne y lácteos.
  • Desperdiciar menos alimentos.
  • Optar por productos de comercio justo y por una alimentación estacional y de proximidad. 
  • Unirse a grupos de consumo.
  • Fijarse en el origen de los alimentos que consumimos.